Elogio de la Estupidez

Elogio de la Estupidez

La estupidez que abunda en las calles de Bogotá puede ser uno de nuestros productos de exportación.

notitle
05 de noviembre 2015 , 06:00 p.m.

El miércoles pasado se realizó o se debió realizar en la Universidad Externado de Colombia un foro, que estaba haciendo falta, sobre “la estupidez propia y ajena”, a partir de “la estupidez en Bogotá”. El foro, según la noticia publicada en este diario, contó con la participación de “expertos nacionales e internacionales” (expertos en la estupidez como una de las bellas artes, supongo) y tenía por título ‘La estupidez, una reflexión urgente: primer diálogo’.

No conozco las conclusiones que se derivaron de ese primer diálogo o primera reflexión sobre un aspecto que ha marcado la condición humana por lo menos desde el asesinato de Abel por su hermano Caín, o un poquito más atrás, desde cuando a los padres del hermano asesino y del hermano asesinado les prohibieron comerse la manzana provocativa del árbol que les habían sembrado, como regalo, en su paradójico Edén; pero al margen del interesante foro (auspiciado por la Personería de Bogotá y el Externado), no sobran ligeras anotaciones sobre la estupidez en Bogotá, igual a la estupidez en el resto del mundo, con la única diferencia de que en las calles de Bogotá abunda como para destinar sus abrumadores excedentes al renglón de nuestros más exitosos productos de exportación.

¿No es una estupidez digna de los elogios del doctor Gabriel Antonio Goyeneche (Ph. D. en proyectos estúpidos) la indolencia de los bogotanos con su ciudad? No amar, no cuidar y no hacer vivible el lugar donde se vive es una de las más hermosas estupideces, y, hay que decirlo con orgullo, el 95 % de los bogotanos la poseen en grado de Gran Cruz. A Dios gracias no les ha dado por seguir el mal ejemplo de Medellín.

Qué estupidez más encantadora es la de ver a los peatones capitalinos arrojarse audazmente por entre la calzada, sin el menor respeto por la luz roja. Es algo muy emocionante, y sería un espectáculo de lujo si no lo sabotearan los conductores que infringen el código de la estupidez urbana y que conducen con una sensatez desesperante. Aunque algunos, en alianza con los motociclistas y los bicicleteros, se esmeran por subsanar esa falla. ¿Alguien ha visto a un ciclista moverse por la ciclorruta? ¿O a un motociclista que no use su recursiva estupidez para meterse debajo de un carro? ¿O a una bella dama que no ponga la luz de girar a la izquierda y gire a la derecha?

Los bogotanos disfrutan hogaño los beneficios de una de las estupideces más sublimes de las últimas tres décadas: la privatización de la Empresa de Energía Eléctrica de Bogotá (EEB). Agradezcamos al Señor que por esa gloriosa estupidez hoy pagamos el servicio de alumbrado domiciliar ocho veces más caro de lo que deberíamos. Ahora, qué alegría, anuncian fuertes alzas en las tarifas de la energía, dizque para evitar apagones a futuro inmediato. Qué descubrimiento tan maravillosamente estúpido: el alza en las tarifas de energía hará que llueva sobre las fuentes que suministran agua a las hidroeléctricas, y de paso salvará de la quiebra a las termoeléctricas, que nunca han servido para taco (recuérdese el estúpido apagón del 92). Nada estúpidos usuarios del servicio de energía, que deberían ser ejemplar y estúpidamente castigados, han protestado contra el alza que reducirá a extremos de pobreza absoluta su ya menguada capacidad adquisitiva. Nada deben temer los estúpidos indolentes que se encogen de hombros y a quienes les da lo mismo que unos elevados y prodigiosamente estúpidos funcionarios jueguen como les dé la gana con la suerte económica de los consumidores. Uno de esos funcionarios lo ha dicho clarito: “Queridos estúpidos, la energía más cara es la que no se tiene”. ¡Qué frase tan originalmente estúpida! (Aplausos, por favor)

Asumo que el foro citado abordó el estudio de otras muchas especies de la divinal estupidez que adornan la vida bogotana. Yo paro aquí, no sin caer en la tentación estúpida de invitar a los lectores a participar en algo muy estúpido: observar cuántas estupideces ocurren a diario en la calle, hacer la lista de estas y calcular con cuántas se podrían copar todos los espacios de Wikipedia.

A meditar, entonces, en la estupidez ajena, no en la propia. No, esa estupidez contaminada de inteligencia no se la aconsejo a nadie. Y pensando en la estupidez colectiva, me brota una última y requetestúpida pregunta: ¿cometerán los argentinos la boluda estupidez de elegir presidente a Mauricio Macri? En unos días lo sabremos.


Enrique Santos Molano

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.