Accidente que habría provocado Manzanera, otro caso en el olvido

Accidente que habría provocado Manzanera, otro caso en el olvido

Más dudas que respuestas sobre tragedia en la 134 con Autonorte, en Bogotá. Especial 'Abandonados'.

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04 de noviembre 2015 , 08:33 p.m.

“El dolor no se va; se ha hecho más fuerte que el día del accidente. Antes pensaba que habían viajado y que iban a volver, pero no van a regresar. Los días van pasando y cada vez duele más y más…”.

Así resume Ana Diosalia Sánchez los últimos 11 meses de su vida, un periodo que no ha sido suficiente para asimilar la tragedia que hoy la tiene sumida en el dolor, la desesperanza y el desasosiego.

Una lágrima se escapa de sus ojos casi de inmediato cuando escucha hablar del hombre que la acompañó por casi tres décadas, de dos de sus tres hijos o de su cuñado, todos fallecidos el 2 de diciembre del año pasado, en medio de un accidente vehicular.

Ana Diosalia fue la única que escapó milagrosamente de la muerte. Horas antes del siniestro, María Marlén, su hija mayor, le insistió que los acompañara a ella, a su hermano César Augusto y a su esposo, Edilfonso Naranjo, a recoger a su papá, José del Carmen Moreno, hasta su finca, en Úmbita (Boyacá). Sin embargo –aún no entiende por qué– decidió quedarse en Bogotá al lado de la que es hoy su única hija viva. “No quise ir. Solo les dije: ‘yo aquí los espero’ ”, recuerda. (Además: ¿Qué pasó con el caso de la niña que murió al caer a una alcantarilla?)

Sin embargo, en la madrugada de ese fatídico martes, justo tres horas y media más tarde de haberse comunicado telefónicamente con ellos y cuando estaban a punto de concluir su viaje, dejaron de responder las llamadas.
A las 3:30 a. m., la familia sufrió el que fue, sin duda, el peor accidente registrado en la ciudad durante el 2014.

La prensa, los noticieros de televisión y los programas radiales informaban sobre dos vehículos accidentados, cuatro ocupantes muertos y un conductor fugado, mientras mostraban las imágenes de la camioneta Mitsubishi Nativa de Edilfonso con el techo y las puertas levantadas producto de la intención de las autoridades por sacar los cuerpos; prendas de vestir tiradas en las sillas y un hundimiento en la base del puente peatonal de la estación de TransMilenio de la calle 134 con autopista Norte, como resultado del fuerte choque.

Manzanera no aparece

Desde ese entonces, la vida de Ana Diosalia es otra.

Sentada al lado de Edilberto, su hermano y fiel escudero durante los meses siguientes a la tragedia, mira a su alrededor como si se desconociera. En una casa de la localidad de San Cristóbal, rememora esos últimos cinco años que compartió con su esposo, luego de que sus hijos arribaran a la capital a probar suerte.

“Fue un esposo ejemplar y un excelente papá. Y por mis hijos –dice en medio del llanto– era que no me hacía falta nada”.

Prácticamente no tiene nada de lo que tenía en ese entonces; solo los recuerdos. No ha recibido apoyo del Distrito ni del Estado: solo el seguro obligatorio del vehículo cubrió los gastos fúnebres.

Todos los días, sin falta, llora, incluso más que cuando recibió la noticia y se negaba a aceptarla.

Dejó su finca y vive en Soacha (Cundinamarca) con su hija y sus tres nietos. A veces no come. A veces quisiera morirse. “Duele mucho; es muy difícil curar esto”, dice.

Su rutina también cambió. Está a cargo de la panadería que con esfuerzo sacó adelante César Augusto y hace todo lo que cuando estaban con vida no le tocaba: pagar arriendo, servicios y comida. A veces –cuenta– no hay con qué mantenerse, pues la vida en el campo es muy diferente a la citadina.

“La última vez que fue a la finca fue en abril. Pero fue muy duro para ella. Prefiero –dice Edilberto– que no vuelva y recaiga (...). No se imagina lo difícil y duro que es verla sufrir”.

Por parte de la justicia, tampoco hay avances. Pese a las muestras de solidaridad de un sinnúmero de ciudadanos, así como a la indignación que causaron las muertes casi simultáneas de María Marlén, José del Carmen, César Augusto y Edilfonso, el proceso sigue en el limbo jurídico.

Las causas que provocaron el siniestro continúan sin determinar, mientras Ernesto Manzanera Mier, señalado de ser el responsable, espera desde su casa a que comience el juicio.

Él es una de las más de 40.000 personas que gozan del beneficio de detención domiciliaria en el país, y como otros sindicados, no asiste a las audiencias.

A escasos 27 días de que se cumpla el primer año del fatídico episodio, ya son tres las citaciones en el complejo judicial de Paloquemao a las que no llega, y su abogado no ha explicado las razones de su ausencia.

“El primer día que lo vi, me quería morir. Solo quiero que dé la cara, que explique por qué se fue y no ayudó a mi hija. Ella –recuerda Ana Diosalia– murió en la Clínica Reina Sofía, faltando un cuarto para las 6 a. m.. Con su ayuda se hubiera salvado”.

Precisamente la familia no ha hecho más que esperar a que en las citaciones sea él mismo quien resuelva todas las dudas que giran alrededor del caso.

Entre otras, todavía nadie explica por qué el joven copiloto, que en ese entonces trabajaba en la aerolínea Avianca, huyó del lugar tras el impacto entre su vehículo, un Volkswagen Jetta, y la camioneta; por qué se presentó ante las autoridades más de 10 horas después del choque y si consumió o no licor antes de manejar.

Si esta última pregunta resultará afirmativa, pues es la hipótesis más fuerte que ha rodeado el caso, la justicia estaría en el mismo escenario al que ya se ha enfrentado en el pasado.

El caso más sonado sucedió a principios de abril, cuando un juez condenó a 9 meses y 18 días de cárcel a Fabio Andrés Salamanca por las lesiones ocasionadas a Holman Cangrejo, que lo dejaron en una silla de ruedas. Ya había sido condenado a 5 años de cárcel por las muertes de Ana Eduvina Torres y Diana Milena Bastidas. Todo cuando Salamanca estaba borracho.

De hecho, en las calles de Bogotá, entre enero y septiembre de este año, fueron sorprendidos 2.677 conductores ebrios por la Policía de Tránsito.

Sobre el accidente de los Moreno Sánchez, tampoco se sabe si Manzanera conducía a 180 kilómetros por hora, como lo señaló la Fiscalía, y si eso tuvo que ver con la supuesta competencia que habría iniciado con una moto.

“La camioneta iba a 92 kilómetros por hora y el carro de él a 180. La camioneta quedó despedazada. Y se fue. ¿Será que tiene corazón?”, se pregunta Ana Diosalia, con un tono de impotencia.

Así las cosas, las víctimas califican el rumbo del caso como una injusticia, mientras los allegados de Manzanera, insisten en que durante este tiempo él ha vivido su propio duelo.

“Quiero que la justicia no sea de bandera, que se cumpla; que sea equitativa para todo el mundo”, exige Yolanda Naranjo, hermana de Edilfonso.

Y agrega que “nada será como antes. El vacío que nos dejó es enorme. Aunque éramos nueve hermanos cada persona es única, y él lo era. Nadie lo va a reemplazar”.

Por su parte, la familia Sánchez prefiere no hablar de reparación económica e insiste en que Manzanera debería estar tras las rejas mientras se define su proceso.

Hoy solo cuentan los días para celebrar la eucaristía de aniversario de un año de fallecidos. Será el próximo 2 de diciembre en Jardines del Recuerdo, a las 10:40 de la mañana.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO
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