Un viaje de ensueño a Sicilia, la sucursal de los dioses

Un viaje de ensueño a Sicilia, la sucursal de los dioses

Esta isla italiana encarna los mitos de la antigua Grecia y cautiva a los viajeros con su belleza.

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04 de noviembre 2015 , 04:02 p.m.

“Allá en esas islas, donde los hombres viven y mueren locos y felices”, escribía Albert Camus. Es el irresistible espejismo de las islas. Sicilia siempre ha ejercido una fascinación irresistible. Y lo irresistible se convierte en ineludible.

Sicilia encarna la supervivencia de los mitos de la antigua Grecia. En esta isla de singular belleza vibra todavía el hálito de los dioses inmortales, en las orgullosas columnas dóricas que se mantienen en pie y en los fustes rotos que yacen por el suelo entre flores y matorrales.

Zeus, el que arremolina las nubes; Apolo, el dios de la serenidad; Dionisio, el dios del alegre desenfreno, y sobre todo Hefesto, que, escondido en las profundidades del volcán Etna, cada diez años manifiesta su ígneo poder. Estas y otras deidades del monte Olimpo navegaron hasta Sicilia para quedarse eternamente en los supérstites templos diseminados por toda la isla, unos intactos, otros apuntando al cielo con solitarias columnas.

En la isla nos esperaba Iván Gioia, magnífico anfitrión que nos acompañaría en todos los recorridos. Entramos también por la playa de Naxos, como lo hicieron los griegos fundadores de las ciudades, antes de Cristo. Y subimos a Taormina, bella ciudad encaramada doscientos metros sobre el mar. La lista de celebridades del arte, la literatura, el cine y la política que amaron a Taormina es larga: Truman Capote, Picasso, Óscar Wilde, Cocteau, André Gide, Tennessee Williams, Churchill, Eduardo VII...

Otra panorámica de Naxos, una antigua ciudad griega. Andrés Hurtado

En la Casa Cuseni, decorada por Picasso, pasaban temporadas Bertrand Russell y Greta Garbo.

Estudioso como soy del mundo grecorromano, sentí emoción al visitar el teatro griego, construido aprovechando el declive de la montaña, como hacían siempre los griegos.

Nos dirigimos luego a la ciudad de Palermo, donde la primera visita fue para la catedral, cuyo campanario, uno de los más bellos que he visto en mis viajes por el mundo, es una mole impresionante. Fuimos recibidos en la alcaldía, cuyo precioso interior, adornado con jarrones, estatuas y pinturas, parece más bien un museo de arte. Palermo, cuyo casco antiguo es el más grande de Europa, posee palacios, iglesias, casonas de gran valor arquitectónico.

Una turista posa en inmediaciones de la catedral de Palermo. Andrés Hurtado

La capilla Palatina del palacio, por sí sola, merece una visita a Palermo. No sé cuántas fotos hice, con la boca abierta, admirando los mosaicos bizantinos del siglo XII. El artesonado y las columnas, decoradas, son admirables. Entre la multitud de mosaicos se destacan, cómo no, el Cristo Pantocrátor, el mosaico de la Virgen María y los dedicados a los apóstoles San Pedro y San Pablo.

Arte e historia

El ábside de la catedral de Monreal, vecino de Palermo, es maravilloso. Tenía interés en visitar Segesta, Selinunte y Agrigento, por la cantidad de templos griegos todavía en pie, algunos en la campiña, rodeados ahora de pastizales floridos.

En estas ciudades me hubiera quedado un mes, acariciando cada uno de los templos. En Agrigento nació Empédocles, el filósofo de los cuatro elementos, que decidió arrojarse al cráter del Etna para no morir prosaicamente como los demás mortales. También nació allí Luigi Pirandello.

Los más aventureros pueden visitar el volcán Etna. Andrés Hurtado

Siracusa posee un centro arqueológico impresionante, que entre otras riquezas tiene un inmenso teatro griego y la tumba de Arquímedes, el más grande matemático de la humanidad, que murió en el siglo III a. C., defendiendo la ciudad sitiada por los romanos.

La ciudad se halla distribuida en dos partes. Fuimos a la otra parte, que es la isla Ortigia. La enorme plaza es de ensueño. Allí están la catedral con sus enormes columnas griegas de estilo corintio y construcciones de estilo barroco.

Las columnas supérstites del templo de Apolo, que se yerguen en medio de las ruinas del edificio, suelen decorar portadas de revistas y libros.

Al día siguiente, Iván Gioia nos llevó en lancha al parque natural de Isola Bella. Se encuentra en las playas de la base de la colina de Taormina. Son las playas preferidas de los sicilianos por la belleza y trasparencia total del agua, azul y verde. Cerca de la playa se encuentra Isola Bella, un palacete cuyo dueño invitaba a celebridades como María Callas, Vittorio Gassman y Onassis. Como se ve, Sicilia es el paraíso de los grandes del planeta.

¿Cómo no visitar los lugares donde se filmó El Padrino? Subimos al pueblecito de Savoca y fuimos atendidos por el amable dueño del bar Vitelli, donde Corleone pidió al padre la mano de su hija. El lugar está lleno de recuerdos de Al Pacino y Marlon Brando. Frente al bar han levantado un monumento a Francis Ford Cop-pola.

En los monasterios antiguos solían embalsamar a los monjes y nobles. Visitamos en la capilla del pueblo esta singular cripta. Hay un abad cuyos nombre y momia bien servirían para la foto de una cajetilla de cigarrillos avisando del peligro del cáncer. Se llama Giuseppe Nicòtina. Visitamos enseguida el pueblo de Forza d’Agrò, donde se casó Corleone, el mafioso de la película.

Rumbo al volcán

Subir al Etna es visita obligada en Sicilia. El volcán está omnipresente en la vida y actividades de los sicilianos. Nos acompañó Natalie Guziuk, la más reconocida de las guías. Conoce el volcán como la palma de su mano y entre otros destinos nos llevó al pino más antiguo del Etna. Tiene 300 años. Y a ver la estatua del gigante Polifemo, que apresó a Ulises y a sus compañeros y del cual se libraron gracias a la inteligencia del héroe griego. El volcán suele estallar cada 10 años. La última vez que derramó sus ríos de lava ardiente por las laderas fue en el año 2014.

Los escaladores fuimos Gianna Bressan, Iván Gioia y mi persona. Llegamos hasta la antecima, pues el volcán se nubló. La riada de lava que destruyó la carretera en el 2007 tiene casi 20 metros de altura y llegó justo hasta una ermita de la Virgen sin tocarla. Por eso dicen que es el volcán “más católico del mundo”.

La ascensión al Etna cerró con broche de fuego y de oro la visita a Sicilia, la isla donde los dioses del Olimpo establecieron una espléndida sucursal.

Si usted va

Documentos. Los colombianos deben tener visa Schengen vigente para ingresar a Italia, hasta tanto no se elimine ese requisito (medida prevista para diciembre de este año). La moneda es el euro. Y la ruta aérea más recomendada para llegar a Sicilia es Bogotá-Madrid- Roma-Catania.

Alojamiento. El hotel Monte Tauro, por la magnífica ubicación que domina las playas de Naxos desde la montaña, y por encontrarse en Taormina, ciudad que permite desplazarse a los principales destinos de la isla, es muy aconsejado. montetauro@memorahotels.it.

Restaurantes. Los hay excelentes por todas partes. El más famoso de la región de Taormina se encuentra a 15 kilómetros en Santa Teresa di Riva y se llama Aloha Mare. La comida de mar es exquisita y ofrecen un plato exótico y delicioso: el erizo de mar.
aloha.mare@tin.it.
Invitación Cámara de Comercio italiana.

ANDRÉS HURTADO GARCÍA
Especial para EL TIEMPO

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