La revancha del conservatismo polaco

La revancha del conservatismo polaco

Los resultados de las elecciones en ese país dan elementos para entender la política europea.

notitle
03 de noviembre 2015 , 10:37 p.m.

A pesar de que el discurso dominante de la Unión es de profundizar las dinámicas de la secularización, la laicidad, la integración de los inmigrantes, la extensión de las barreras del Estado para la asistencia social, la diplomacia sobre las intervenciones militares y otros más, el partido euroescéptico y conservador Ley y Justicia se hizo con la mayoría parlamentaria y ahora, Beata Szydlo, será la primera ministra del país europeo. Esta sentencia política desplazó a los liberales, Plataforma Cívica, luego de ocho años de coincidencia discursiva con Bruselas, París y Berlín. Por ello es que ahora Polonia parece una rueda suelta en la Unión Europea.

De allí, que cuando Wiston Churchill, uno de los estadistas más brillantes del siglo XX, definió a la Cortina de Hierro como el muro que impedía la comunicación entre la Europa capitalista y la comunista, acentuaba el altísimo valor de la ideología en las estructuras políticas de la Europa oriental. Algunos países como Hungría, Rumania, Bielorrusia y Polonia sentían la mano de hierro alzada desde Moscú. Le servían al politburó soviético como Estados satélites para contener el avance del maligno capitalismo que pretendía corroer las bases igualitarias de los falsos paraísos comunistas.

Pero para alegría de Francis Fukuyama con su pretensión de agotar el sentido de la historia en el triunfo del liberalismo capitalista occidental y reafirmando la postura de Churchill, la Unión Soviética entró en los procesos de apertura y reforma que la llevaron a asumir lógicas capitalistas, la seguidilla de revoluciones en el bloque europeo oriental derribaron las estructuras políticas dictatoriales comunistas leales al Kremlin y la Cortina de Hierro ideológica cayó junto con el Muro de Berlín. Todo ello dando inicio a una nueva fase de la historia política y económica europea.

Parece entonces que Polonia quiere mantener ese ímpetu político e ideológico con la configuración de un gobierno no solo conservador, sino aleccionador para el resto de Europa. A la ciudadanía polaca no le bastó con desplazar del poder a la derecha liberal que cooperaba con la Unión Europea en asuntos migratorios, económicos y diplomáticos, sino que además borró del mapa parlamentario a cualquier representante de la socialdemocracia o la izquierda polacas. Para infortunio de la bella estrella televisiva y líder de la Alianza de la Izquierda Democrática, Magdalena Ogorek, sus resultados fueron magros y ni un escaño obtuvo.

Para los derrotados en la contienda electoral, la campaña de Ley y Justicia se fundó en el miedo y la caricaturización de los retos nacionales. Los acusaron de una postura xenófoba y aislacionista al ganar las elecciones con el postulado de que aceptar refugiados musulmanes minaría la identidad cristiana, europea y occidental polacas. Pero allí parece sentirse un doble rasero al momento de calificar las iniciativas políticas del Viejo Continente.

Mientras en Escocia, Cataluña y el País Vasco se promueven posturas que acepten, a regañadientes y en contra de las lógicas del Estado de derecho, plataformas secesionistas y desmembrantes, esos sí, xénofobos e intolerantes, en Polonia un programa coincidente con el ser nacional es visto por algunos líderes políticos y de opinión como un peligro para la unidad europea. Parece que la reafirmación cultural europea solo es válida si la lideran partidos de izquierda.

A pesar de ser uno de los Estados europeos que logró sortear con éxito la crisis económica, los desafíos están a la orden del día. Junto con la idea ‘nacionalista’, la alternativa económica de Ley y Justicia es más estatalizadora que la de su similar ideológico Plataforma Cívica. Mientras los liberales alentaban reformas en el sector público, para que el Estado se ocupara de lo necesario en materia de sanidad social, los conservadores apostaron por una intervención estatal más amplia y decisora en asuntos tan sensibles como las edades de jubilación y la financiación de programas asistenciales que antes estaban en manos de cooperativas privadas o no existían. Ello, sumándose a la posibilidad de reñir con Bruselas al no retomar los protocolos ambientales europeos que rigen la industria carbonífera polaca. De algo le debe servir ser la sexta economía europea. Algún margen de negociación y acción se derivaría de ello.

Pero Polonia también sería una talanquera para Rusia. La lógica discursiva de Ley y Justicia se centró en afirmar que algunos de los males europeos se producen por la dependencia de la Unión a las disposiciones bancarias, financieras y bursátiles emanadas desde la Troika. Sin olvidar que otro enemigo, insistía Jarosław Kaczyński, se yergue sobre Europa: Rusia. Con la autoridad que le da la historia política, Ley y Justicia sembró dudas sobre Europa, o más bien sobre los tentáculos de Alemania y la misma Rusia.

Los conservadores optarían más por una cooperación con la OTAN para contener a Rusia y sus delirios expansionistas que de un inmejorable paquete de sanciones económicas y diplomáticas emanado desde Bruselas, que por bueno y disuasivo que sea, no los persuadiría.

Por lo pronto, Beata Szydlo tiene el desafío de mostrar que su programa político está lejos de la xenofobia y el aislacionismo que tanto le enrostran. No la va a tener fácil, Ley y Justicia debe hacer coaliciones de gobierno con agrupaciones parlamentarias, eso sí minoritarias, que le ayuden a legitimar y consolidar una idea de democracia que incomoda al establecimiento discursivo europeo.

Debe asumir que Polonia se juega su altura política y diplomática con un proyecto que no encajaría, en principio, en los postulados de los poderosos miembros de la Unión Europea. Pero de eso se trata la política, del arte de lo posible y, cuando no, de lo probable. Ya que, a despecho de Fukuyama, la ideología sigue siendo una tentación discursiva que une, divide, posibilita u obstaculiza.

DIEGO CEDIEL*
Profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.