Rabin, la paz truncada

Rabin, la paz truncada

Desde el asesinato de este líder israelí, hace 20 años, los cimientos de paz se derribaron.

notitle
03 de noviembre 2015 , 07:25 p.m.

Se cumplen dos décadas del asesinato en Tel Aviv de Isaac Rabin, el primer ministro que fue general, halcón, y terminaría convirtiéndose en paloma y puntal de la paz. Hizo posible el acercamiento y, después, el acuerdo de paz con los palestinos, sobre todo con su enemigo, Yasser Arafat. Aquella paz no duró mucho, pero nunca estuvo más cerca la posibilidad de un Estado palestino. Asesinado tras un discurso en una manifestación por la paz la mano asesina era el instrumento de la derecha más radical y que tildaba a Rabin de traidor por sus concesiones ante los palestinos. Él puso en marcha primero el eslogan y después acción decidida de gobierno “paz a cambio de territorios”. Se apostaba de nuevo la diplomacia de la paz, esta vez de verdad, tras la alicaída cumbre de Madrid de 1991 y se ponían las primeras piedras para Oslo. Una acción y un pensamiento que no solo aplicaría con los palestinos sino también con algunos países árabes, entre ellos Jordania y en menor medida, Egipto.

Rabin experimentó como otros políticos israelíes una profunda metamorfosis, desde su concepción genuina y estrictamente militar del conflicto entre israelíes y palestinos, a una concepción política y de forjar la paz a cambio de concesiones. Pragmatismo y sentido de una responsabilidad claros y, sobre todo, su visión para un futuro más digno, en paz y convivencia, para las sociedades venideras. Minutos antes del atentado Rabin pronunció estas palabras: “La paz lleva intrínsecos dolores y dificultades para poder ser conseguida. Pero no hay camino sin esos dolores”. Él lo pagó con su vida, pero la paz hoy es, todavía, una quimera, que el cinismo, la mentira, la manipulación, pero sobre todo, la cobardía y la mediocridad ahuyentan y tergiversan. No puede haber paz sin concesiones a ambos lados. Es más fácil la guerra y la brutalidad, la opresión y la ocupación, el victimismo y la manipulación que sentarse de verdad a negociar, a hablar, a crear y construir. Construir algo más que asentamientos, o barrios enteros en territorio palestino y cebar una bomba de odio y resentimiento, de dolor y frustración como se ha hecho desde aquel magnicidio.

Quienes ordenaron aquella muerte sabían que con ella descarrilaba el proceso de paz. Y con ella se silenció paulatinamente una sociedad civil que prefiere seguir con los ojos vendados o cerrados. La etapa de Sharon pese a la desconexión de la Franja de Gaza, hoy una cárcel a cielo abierto, no supuso avance alguno. La actual, la de la amnesia colectiva, de Netanyahu supone como acaba de escribir David Grossman vivir con los ojos cerrados.

Israel debe despertar de una pesadilla que la envuelve desde hace décadas, y su sociedad civil abanderar la transición del militarismo en la concepción de vida a la paz, al consenso, al diálogo. Dos Estados. Dos pueblos por encima del odio. Nadie puede negar, al contrario, el derecho a defenderse y a su seguridad de Israel. Frente a las amenazas internas como exteriores. Es una democracia.

No habrá paz sin concesiones. Sin dolor, sin renuncia, para palestinos y para israelíes. Y no será una traición, sino el legado que dejarán a las generaciones venideras. Ese es el homenaje de verdad que merece Rabin, el último primer ministro que quiso la paz, y que quiso caminar por ese sueño inalcanzable de momento. Lo mataron porque se acercaba a ella. Solo era cuestión de tiempo, crisparon la vida política y pública durante todo ese año hasta que lo consiguieron. Hubo atentados brutales en autobuses por parte del radicalismo terrorista palestino que terminarían por cerrar la espita. El guerrero, el halcón, el miembro de la Hagana y del Palmaj se transformó en arquitecto de la paz. Pero los cimientos se derribaron y hoy nadie está dispuesto aún a levantarlos de nuevo. Ni por un lado, ni por el otro. Los muros y los sentimientos de odio y desencuentros son hoy más robustos y vigorosos que hace veinte años, esa es la verdadera tragedia.

Abel Veiga

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.