Recorrido por el Valle del Cauca, el 'destino paraíso'

Recorrido por el Valle del Cauca, el 'destino paraíso'

Los encantos de Cali, un vuelo en parapente en El Cerrito, un bosque de palmas de cera y mucho más.

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03 de noviembre 2015 , 10:10 a. m.

En las noches caleñas, las abuelas les piden a sus nietos que miren hacia el cielo porque allí –según cuentan– se ven las olas del mar.

Esta bonita tradición, que sobrevive al paso del tiempo, deja clara la influencia del Pacífico entre los nacidos en estas tierras.

De hecho, todas las tardes el océano recuerda que es parte vital del Valle del Cauca. En un hecho cotidiano pero que sorprende y hasta impresiona a los turistas, una brisa poderosa se apodera de la ciudad. Sopla tan fuerte que levanta faldas, zarandea a los más flacos y hace crujir los árboles.

Muchos se preguntan si el inesperado ventarrón, en una ciudad tan ardiente que supera los 40 grados centígrados, es un mal augurio o una cosa sobrenatural. Pero no. Es la brisa de las 5 de la tarde que viene desde el mar, se cuela por los altísimos y filosos farallones que custodian a Cali y se riega como un milagro que refresca todo a su paso.

Es una costumbre sentarse, sobre todo en el centro, en la ribera del río a comer empanadas, marranitas, cholaos, luladas y otras delicias locales, mientras la brisa hace lo suyo.

 

El bulevar del río Cali y una de las gatas que acompañan al famoso 'Gato de Tejada'. Foto: Juan Manuel Vargas

En Cali comenzamos esta aventura por el Valle del Cauca, a bordo de una Subaru Outback, una camioneta de lujo, comodísima e ideal para recorrer un departamento que no solo es valle: también es cordillera y páramo. Es agua y bosques.

Un viaje que nos permitió corroborar que esta región de Colombia se consolida como un destino turístico que combina cultura, aventura, naturaleza y gastronomía.

El Cristo gigante y los gatos

Ahí está el gran custodio de Cali: el Cristo Rey, que viene siendo la versión caleña del Corcovado de Río de Janeiro. Con los brazos abiertos, blanco, macizo, con 26 metros de altura y 464 toneladas de peso, se impone en el cerro Los Cristales, a 1.440 metros sobre el nivel del mar, en el corregimiento de Los Andes.

Cristo

El Cristo Rey, uno de los monumentos más emblemáticos de la capital del Valle. Foto: Juan Manuel Vargas

Aquí, en este emblemático símbolo de los caleños, comienza este recorrido por la capital del Valle. Mientras disfrutan la mejor vista de la ciudad, los viajeros escuchan historias: que el Cristo gigante se inauguró en 1953 en conmemoración de los 50 años del fin de la Guerra de los Mil Días y que en abril del 2014 un rayo le cayó en la cabeza y se la rompió. También le contarán que le pusieron un pararrayos para que nada parecido vuelva a suceder.

Descendiendo del cerro –a unos 15 minutos del centro de Cali– se ven obras de arte esculpidas sobre los barrancos a lado y lado de la carretera. Son las creaciones del artista Andrés Gómez, un maestro del llamado barranquismo que exalta la naturaleza.

En el camino nos topamos con el monumento del colonizador español Sebastián de Belalcázar, fundador de la ciudad, con la mano derecha señalando hacia el occidente: la salida al mar.

La siguiente parada fue en San Antonio, el barrio de la cultura, el arte y la vida bohemia de Cali. El rincón favorito de los mochileros, que llegan cautivados por sus bares y restaurantes, por las librerías, cafés y galerías, por sus casonas pintadas de colores vibrantes y de las que cuelgan flores, por los murales que cuentan historias.

San Antonio

El barrio San Antonio es uno de los rincones preferidos por los extranjeros que llegan a Cali. Foto: Juan Manuel Vargas

Y sobre todo por su parque, de espacios verdes generosos –allá en la pura loma–, donde se puede improvisar un pícnic, leer un libro y hasta dormir.

Varios puntos para no perderse: la capilla de San Antonio, el templo católico más antiguo de Cali, construido en 1746; el Zaguán de San Antonio, uno de los restaurantes más recomendados de la ciudad, especializado en la exquisita cocina local: chuleta valluna, sancocho, aborrajados de plátano maduro con queso y bocadillo, marranitas de plátano verde macerado con trocitos de chicharrón y esa delicia servida con lulo y hielo picados llamada lulada.

El café puede ser en Macondo, un lugar que –como lo sugiere su nombre– les rinde tributo a Gabo y a su obra. Es muy bueno. Hay que visitar la galería El Palomar, donde elaboran cerámicas inspiradas en las palomas y en todo tipo de Vírgenes. Es una casona con jardines, fuente y una cúpula azul similar a la de una mezquita. También preparan un muy buen café.

Cali también podría ser la ciudad de los gatos. En el bulevar del Río, la siguiente parada, se le rinde tributo al gato más querido por los caleños: El gato de Tejada, una obra del maestro Hernando Tejada.

Es un gato gordo y bonachón, de 3,5 metros de altura, levantado en bronce en 1996. Durante muchos años estuvo solo, hasta que en el 2006 le pusieron compañía: 15 bellas y coquetas gatas de todos los colores y formas; obras de arte –de diferentes artistas vallecaucanos– que vale la pena contemplar con detenimiento. Esta es la zona preferida por los caleños y turistas para caminar y hacer deporte al aire libre.

Siguiendo por la ribera del río se llega a la Ermita, una iglesia de estilo gótico pintada de gris, que queda al fondo de un bulevar, rodeado por ocobos con sus flores rosadas, y a pocos metros del legendario teatro Jorge Isaacs.

Ermita

La Ermita, una joya religiosa y arquitectónica de Cali. Foto: Juan Manuel Vargas

Hay mucho más para ver en Cali, una ciudad que se sofistica, pero que atesora su esencia de provincia: el musical Delirio, que demuestra por qué los bailarines de Cali son campeones mundiales de salsa. Un zoológico y el Museo de Arte la Tertulia.

Imperdibles los bailaderos de salsa. Hay que ir con tiempo para gozarse Cali y sus encantos, y para dejarse consentir por ese trato siempre tan amable de los caleños.

Desde el cielo

Destino Paraíso. Ese es el nombre –muy apropiado por cierto– que lleva uno de los circuitos turísticos más exitosos y bellos del Valle.

Salimos de Cali y tras 45 minutos de recorrido por una autopista ancha y en perfecto estado –como la mayoría de vías del Valle– arribamos a Palmira. Atravesamos los verdes y espesos cañaduzales y esos caminos de túneles de samanes centenarios que componen las postales más emblemáticas de esta región del país.

A diez minutos de camino de Palmira, por la vía que conduce a El Cerrito, queda el Museo de la Caña de Azúcar, donde se le rinde culto al cultivo que les ha dado el sustento y la gloria a estas tierras. El recorrido, además de los cañaduzales y las plantas de producción, incluye la visita a una casona colonial construida en 1715 que se conserva intacta, con las pertenencias originales de sus dueños, con capilla y muebles de la época.

Museo Caña

Museo de la Caña de Azúcar. Foto: José Alberto Mojica

Le contarán que en esta hacienda de siete hectáreas se grabó la exitosa telenovela Azúcar, a finales de los 80, y le darán un recorrido por los jardines sembrados con ceibas, guayacanes y cauchos por donde merodean colibríes, garzas, azulejos y mariposas.

A diez minutos de camino queda la Hacienda El Paraíso, la misma donde se recreó la bella pero infortunada historia de amor de Efraín y María, protagonistas de un clásico de la literatura colombiana: María, de Jorge Isaacs.

Un samán gigantesco y frondoso, con raíces que parecen patas de elefante, cubre casi toda la casona y da la bienvenida. Es el mismo árbol que aparece en el billete de 50.000 pesos.

Caminar por la casona, construida en 1816, es viajar por las páginas del libro: el cuarto de María, con la cama tendida como esperando a su dueña, con un retrato a blanco y negro; el cuarto de Efraín, con su escritorio y una rosa fresca.

También le mostrarán el retrato de Efraín y le contarán que todo indica que el protagonista de la obra fue el alter ego de Jorge Isaacs. Salimos rumbo a la Maloca de los Vientos, un parque de aventuras.

Pero antes hacemos un alto en el camino en el corregimiento de Santa Helena, un pueblito pequeño y tranquilo donde, en el parque principal, se les rinde tributo a Efraín y María en un romántico monumento. Ella de vestido largo rosado, y él, de traje negro con corbatín y un perro echado a los pies de ambos.

Maloca

La aventura se vive en la Maloca de los Vientos. Foto: Juan Manuel Vargas

A la Maloca de los Vientos hay que ir preparados para las experiencias extremas. Son varios circuitos de canopy, puentes tibetanos y un columpio que parece no tener principio ni fin. Uno se siente volando.

Más arriba, en la loma, está el voladero de parapentes, que se ven como globos de colores en medio de un cielo azul. Los amantes de este deporte, de todo el mundo, llegan hasta allí atraídos por los vientos y por los paisajes que se pueden ver.

James Ramírez, de la agencia Vuela mi Valle, nos prepara para el vuelo con todos los elementos de seguridad. Vale recordar que el viajero no va solo; siempre lo acompaña un guía, que se encarga de todo.

Lo único que hay que hacer es correr por la loma, seguir las instrucciones y lanzarse al vacío, y contemplar el horizonte: el sol que empieza a caer como una bola de fuego que ilumina todo el Valle, las plantaciones de caña. Da un poco de susto, que se pasa con la libertad y la dicha que produce volar sobre semejante paraíso.

parapente

Así se ven los atardeceres en El Cerrito desde un parapente. Foto: José Alberto Mojica

Tenerife, santuario de la palma de cera

Tenerife, un corregimiento de El Cerrito, a 3.200 metros sobre el nivel del mar y a 52 kilómetros de Palmira, en el oriente del departamento, es de esos paraísos colombianos que durante muchos años estuvieron secuestrados por el conflicto armado y que han empezado a florecer. Primera aclaración: hace rato que se puede ir.

Ya hace casi diez años sacaron a la guerrilla y una base del Ejército de alta montaña custodia estos terrenos, que forman parte del Parque Nacional Natural Páramo de Las Hermosas, que comparte con el Tolima.

Segundo: hay que ir, pues los colombianos nos hemos privado de un destino natural de exuberante belleza conformado por los paisajes de páramo y bosques de palma de cera que no tienen nada que envidiarle al famoso Valle del Cocora, en el Quindío.

Palmas

Uno de los bosques de palma de cera de Tenerife. Foto: Juan Manuel Vargas

Salimos a las 8 de la mañana desde El Cerrito. Nos acompaña Mario Cifuentes, presidente de la Corporación Destino Paraíso y gestor del turismo en el Valle. En el camino pasamos por los Chorros de Puerto Amor, una serie de cascadas que se escurren en medio de un sistema de cañones de rocas altísimas como iglesias.

Poco a poco nos adentramos en el Cañón del Chinche o del Río Amaime, y tras una hora de recorrido, en ascenso, llegamos hasta la primera parada: la Posada de Lalo, donde brota un bosque de palmas de cera, altísimas, hasta de sesenta metros. Nos tienen listos los caballos, que nos llevan hasta lo más alto de la montaña en una cabalgata en la que bordeamos las palmas, el ganado y cultivos de granadillas y cebolla.

Y sí, la cebolla. Tenerife es, después de Aquitania (Boyacá), el segundo productor de cebolla del país. La hortaliza produce un bello –y oloroso– paisaje y les da de comer a más de 300 familias. Es tan importante que aquí se celebran unas fiestas en su honor. Al día, 20 camiones bajan del pueblo cargados de cebolla amarrada en bultos.

Allá arriba, donde termina la cabalgata, Kamilo Escobar, dueño de La Posada de Lalo, inaugurará un hostal en el próximo mes de diciembre. Son habitaciones de madera con una vista que quita el aliento. Mario Cifuentes cuenta que la comunidad de Tenerife ha entendido que puede vivir de todas las bellezas naturales de sus tierras y que así, poco a poco, la oferta turística ha venido creciendo.

Valle

El valle de Tenerife, una de las vistas más espectaculares de la región. Foto: Juan Manuel Vargas

Es así como Julián Cano montó una agencia que guía caminatas y cabalgatas, y hace turismo de observación de aves. Por su parte, Orlando Quintero montó en su finca el servicio de agroturismo, alojamiento rural y pesca deportiva.

Orlando nos lleva hasta uno de sus lugares favoritos: un mirador en la parte más alta del pueblo, desde donde se despliega un valle de parches verdes y amarillos –los diferentes procesos del cultivo de la cebolla– custodiado por el cordón montañoso de la Cordillera Central y con esas imponentes palmas de cera.

Quienes hayan ido a Machu Picchu harán de inmediato la comparación con el Valle Sagrado de los Incas, en los Andes peruanos. Tenerife: un paraíso que cobra vida y que todos los colombianos debemos conocer.

La vida en el lago Calima

A la región del Darién le dicen la Suiza colombiana por sus idílicos paisajes: un lago verde esmeralda rodeado de chalets, cabañas y románticas casas de descanso, y un bosque tupido que es un santuario de fauna y flora con más de 300 especies de aves.

Lago

El lago Calima es un destino ideal para la práctica del kitesurf (o surf con cometa). Foto: Juan Manuel Vargas

Salimos de Cali rumbo a este municipio, a 96 kilómetros (un poco más de dos horas de recorrido), en la vía hacia Buenaventura. Quienes dispongan de tiempo deben conducir otros 160 kilómetros hasta el puerto, donde podrán ver –entre junio y noviembre– las ballenas yubarta, que todos los años navegan miles y miles de kilómetros desde el frío Polo Sur para aparearse –o parir sus crías– en las aguas cálidas del Pacífico colombiano.

El lago Calima es el principal atractivo de la región. Tiene una superficie de 70 kilómetros cuadrados y es un embalse creado en 1961 para generar energía eléctrica. Sus aguas, muy frías, valga decirlo, se abastecen de los ríos Calima y Bravo, que nacen en el pico de la Cordillera Occidental.

De día, el clima es templado, pero de noche hace un frío considerable. Hay que ir bien abrigados. Y el viento siempre estará presente. Es el viento del Pacífico que sopla fuerte y que hace de este lago uno de los mejores destinos del mundo para la práctica del kitesurf (o surf con cometa) y otras actividades náuticas.

Eso lo explica Jean Paul Liechti, un experto navegante que tiene una escuela para la práctica de este deporte donde los turistas más inexpertos, hasta los más diestros, pueden asistir.

Es un espectáculo sentarse a ver estos deportistas, como libélulas de colores, deslizándose a toda velocidad por el lago y volando –sí, volando– cuando el viento está más fuerte.

¿Qué más hacer en Calima? Un tranquilo recorrido en kayak sobre el lago, un paseo en catamarán, salir de cabalgata o caminar por el bosque y hacer avistamiento de aves. O simplemente sentarse sobre uno de los prados a contemplar el embalse y relajarse con esa tranquilidad que da el agua.

Vale la pena darse un paseo por el pueblo, visitar los cafés y billares de la plaza principal –que tiene casitas de madera pegadas en los árboles para que los pájaros coman y beban agua– y conocer el Museo Arqueológico, que conserva más de 1.500 piezas pertenecientes de la cultura Calima, que pobló estas tierras.

Pájaro

En la plaza del Darién los pájaros disponen de estas casitas de madera, donde les ponen agua y alimento. Foto: Juan Manuel Vargas

Si usted va…

Los planes y atractivos turísticos en Cali los puede consultar en: http://www.calitravelguide.info/index_sp.php

La capital del Valle cuenta desde hace 40 años con un hotel cinco estrellas: el Intercontinental Cali, un Hotel Estelar, pionero en la hotelería caleña y uno de los más grandes de la ciudad, construido y planeado bajo el más alto concepto de la excelencia hotelera y dispuesto para la comodidad, los negocios, el descanso y los grandes eventos. Ofrece 295 habitaciones, doce salones con capacidad máxima para 800 personas, restaurantes especializados, piscina, spa y gimnasio.
http://www.intercontinental.com/
Teléfono: (2) 8823225

Inter

Fachada del hotel Intercontinental de Cali.

Para recorrer el Destino Paraíso, que incluye el Museo de la Caña, la hacienda El Paraíso, Buga y Tenerife, entre otros, consulte la página: www.destinoparaiso.com

En El Cerrito, epicentro de las actividades, se recomienda el Hotel Resort El Edén; comodidad y naturaleza en un mismo lugar. Tarifas desde $ 140.000 por persona. Teléfono: (57 2) 255 7012,
www.eledenhotelresort.com

Si quiere volar en parapente en El Cerrito, consulte a la agencia Vuela mi Valle. Teléfono 318 252 7371, vuelamivalle@gmail.com

Excursiones en Tenerife. Cabalgatas en los bosques de palma de cera de Tenerife, senderismo, 'mountain bike' y guianza en la Reserva Natural El Pailón. Teléfono: 316 786 1930. Jualcar67@yhoo.es

En el lago Calima conviene hospedarse en el Centro Recreacional Comfandi, ideal para toda la familia y con tarifas para todos los bolsillos. Tiene convenio con diferentes cajas de compensación del país.
www.comfandi.com.co

Lago

Vista del lago Calima desde el Centro Recreacional Comfandi.

Para practicar deportes náuticos en el lago Calima, consulte: www.calimakitesurf.com/e

*Agradecimientos a Anato capítulo Suroccidente.

José Alberto Mojica Patiño

Enviado especial de VIAJAR

@JoseaMojicaP

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