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Violencia en las escuelas

La Policía solo debe intervenir para prevenir actos criminales, y no por problemas disciplinarios.

SERGIO MUÑOZ BATA
Apenas había terminado el incidente dentro de un salón de clases en una escuela en Columbia (Carolina del Sur) cuando empezaron a circular por las redes sociales tres videos dando cuenta parcial de lo sucedido.
En esta etapa, en la que solo han hablado los abogados y los testigos de una y otra parte, lo que ha quedado en claro es que todo empezó cuando una estudiante de 16 años se negó a entregarle a la maestra el teléfono móvil con el que enviaba textos a sus amigas. El altercado entre maestra y alumna subió de grado cuando la estudiante se negó a ser expulsada del salón de clase. La intervención del subdirector de la escuela también fue en vano, la estudiante no se movió de su pupitre. Las autoridades escolares solicitaron entonces la intervención de un oficial de la policía asignado a la escuela para que obligara a la estudiante a abandonar el salón. Y en ese momento la estudiante pidió a sus compañeras que prendieran sus teléfonos y filmaran la siguiente escena.
El alguacil le ordenó a la estudiante que saliera del salón, y ante su negativa se acercó para removerla por la fuerza. En uno de los videos se aprecia que al empezar el jaloneo entre ambos la estudiante intentó darle un golpe al alguacil. El alguacil tiró a la muchacha al suelo con todo y pupitre y se la llevó arrastrándola por todo el salón.
La indisciplina escolar no es un asunto nuevo. Viendo los videos del reciente caso recordé la impresionante y controvertida película de los años 50 ‘Blackboard Jungle’ (‘Semilla de maldad’ en español), que explora magistralmente el tema de la violencia en las escuelas públicas de Nueva York con brutal realismo. Y el problema no solo sucede en Estados Unidos. En América Latina, un enorme porcentaje de maestros se siente atemorizado por sus estudiantes y exigen a las autoridades protección para prevenir mayores dificultades.
El incidente sucedido la semana pasada en Carolina del Sur ha generado reacciones encontradas. En una de sus vertientes, el tema se ha inscrito en el debate racial, que hace tiempo atormenta a Estados Unidos porque la estudiante es negra y el policía es blanco. Para muchos, muestra una instancia más del abuso policial a los afroamericanos. En ese distrito escolar, 59 % de los estudiantes son negros y 26 % son blancos, pero el porcentaje de estudiantes negros suspendidos por indisciplina es de 77 %.
Otros opinan que fue la muchacha la que provocó el incidente y que el policía solo cumplió con su deber. Curiosamente, la muchacha protagonista del incidente tenía fama de discreta en su escuela. El historial del alguacil es más complicado; después del suceso, unos 100 estudiantes, blancos y negros, realizaron una manifestación en su apoyo pidiendo su reinstalación. Pero este mismo policía ha sido demandado dos veces por acusaciones de conducta “abusiva”. De la primera salió exonerado, y la segunda sigue pendiente.
También hay quien se pregunta por qué tiene que intervenir la policía para resolver un asunto menor de indisciplina en un salón de clase. Porque han sido los maestros, las autoridades escolares y los padres quienes la han solicitado con el fin de frenar los tiroteos, el tráfico de drogas y las tensiones entre las pandillas en los recintos escolares.
Hoy hay más de 14.000 policías armados asignados a escuelas públicas por toda la nación y su intervención ha creado otro problema. Una infracción por indisciplina que antes solo dejaba como huella una reprimenda por escrito en el expediente escolar hoy deja una marca permanente en la vida de los estudiantes al clasificarlos como criminales.
Yo creo firmemente que la policía solo debe intervenir en las escuelas para prevenir actos criminales, no para resolver problemas disciplinarios menores.
SERGIO MUÑOZ BATA
SERGIO MUÑOZ BATA
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