Do you speak Spanish?

Do you speak Spanish?

Son muchos los beneficios del inglés, pero deberíamos dominar, cultivar y consentir el español.

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02 de noviembre 2015 , 08:29 p.m.

Hay muchas facultades universitarias en las cuales es requisito presentar un exigente examen de inglés para obtener el título. Eso está bien: están procurando que, además de las habilidades propias de la carrera, quienes aspiran a graduarse dominen un idioma que les abrirá muchas puertas –o que por lo menos garantizará que no se las cierren de entrada– y que ayudará a nivelarlos con sus pares de los países desarrollados en un mundo globalizado. Sobra extenderse en los beneficios de hablar de manera fluida, escribir con propiedad y comprender el idioma inglés.

Pero llama la atención –y se echa de menos– que no exista un desvelo similar por el español, que es, al fin y al cabo, nuestra lengua materna. Y deberíamos dominarla, cultivarla, quererla y consentirla por el simple hecho de haberla aprendido en la cuna, de ser uno de los pilares de nuestra cultura, de ser el idioma de nuestros antepasados, de haberla empleado como herramienta para ayudar a estructurar nuestro cerebro y para acceder a conocimientos profundos en muchas otras áreas del pensamiento.

Y así como existen exámenes para demostrar el dominio del inglés –como el Toefl, por ejemplo– debería existir un gran examen de ortografía y gramática del castellano al final de la secundaria como requisito para obtener el grado de bachiller.

Porque –¡no nos engañemos!– da tristeza ver cómo se maltrata el español últimamente al hablarlo y al escribirlo. Y da grima ver cómo tantos personajes que han pasado por el colegio y por la universidad, que han tenido oportunidades de sobra para formarse y han alcanzado cargos destacados, maltratan nuestra lengua cada vez que pretenden escribir una carta, un memorando o un comunicado y, en muchos casos, cada vez que abren la boca.

No hay derecho a exhibir el cartón de bachiller y al mismo tiempo maltratar el español. Y menos derecho hay aun para posar de maestro –en cualquier área del conocimiento– y escribir sin ortografía. ¡Y peor aún si se trata de profesores de castellano! Y los casos abundan.

No hay duda: había más cariño por la lengua en tiempos de los abuelos. Y como uno cuida lo que quiere, se cultivaba y se protegía este idioma rico y maravilloso que tanto gozo nos ha permitido, y que tan lejos nos puede llevar con las buenas lecturas que en él abundan.

FERNANDO QUIROZ
@quirozfquiroz

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