Editorial: Un legado que retoma vigencia

Editorial: Un legado que retoma vigencia

Si hay algo fundamental que merezca un acuerdo es esclarecer la muerte de Álvaro Gómez Hurtado.

01 de noviembre 2015 , 08:56 p.m.

Una parte considerable del dolor que produce evocar los hechos, ocurridos hoy hace veinte años, en los que fue asesinado Álvaro Gómez Hurtado proviene de saber que su crimen sigue impune.

Por eso, es apenas lógico aprovechar esta conmemoración para recordar que en torno a su trágica muerte, a manos de sicarios cuando salía de la Universidad Sergio Arboleda, de Bogotá, existen todavía demasiados, y no menos vergonzosos, nubarrones en mora de ser despejados.

Todo es confuso: surgen testigos que apuntan en una dirección, luego aparecen versiones que indican otra; abundan supuestas fichas claves que se llevaron su verdad a la tumba, versiones tan escalofriantes como poco fiables; la Fiscalía oscila entre la eficiencia y, hay que decirlo, la negligencia. En medio de tanta confusión, hay algo sobre lo que sí parece haber consenso y es que si se arma, por fin, algún día este rompecabezas, no solo habrá luz sobre un suceso que no puede seguir en tinieblas, sino que, de paso, tendremos un mapa de los protagonistas que asediaron las instituciones en una época particularmente nefasta para ellas.

Es de esperarse, entonces, que el renovado interés que hay en esta sociedad por dirigir la mirada hacia el pasado y empezar a saldar –entre todos– esa deuda de verdad y reparación con las víctimas, que se ha ido acumulando casi que desde el primer momento de nuestra vida republicana, incluya este y otros tantos magnicidios. Todos tienen en común no solo el impacto que causaron, sino el que hasta hoy, al hablar de sus autores intelectuales, solo es posible hacer referencia a las inefables “fuerzas oscuras”.

En palabras suyas, si hay algún objetivo fundamental en este esfuerzo que merezca un acuerdo para alcanzarlo, es el de esclarecer estos episodios. Que el legado que en esta materia les dejemos a las próximas generaciones no sea el del incómodo silencio que hoy reina tras la pregunta sobre por quién y por qué cayeron tantos y tan valiosos líderes.

Tal tarea exige rigor, valor y un grado máximo de compromiso con la verdad, así como de honestidad intelectual. Rasgos que bien pueden extrapolarse para describir una de las varias facetas de Álvaro Gómez: la de periodista. Además de tres veces candidato a la presidencia, senador y embajador, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, entre otros, fue director del diario ‘El Siglo’ y fundador de la revista ‘Síntesis Económica’ y del ‘Noticiero 24 Horas’. En este campo, además de referente, fue maestro gracias a su apego a los cánones éticos y a una calidad humana que todavía hoy añoran quienes siguen ejerciendo la profesión de acuerdo con las pautas que Gómez les inculcó.

Rememorar lo que nos dejó es pertinente en estos momentos. Por la mencionada necesidad de llegar a la verdad sobre su muerte, claro, pero también por su vida pública, marcada por virtudes como la coherencia entre discurso y obras, la transparencia y el respeto por la diversidad sin necesidad de renunciar a sus firmes convicciones. Recordemos que supo sobreponerse a un secuestro y después construir una hoja de ruta progresista para el país –la Constitución del 91–, en compañía de quienes fueron sus captores. No hay duda de que su legado debe guiar la senda del posconflicto.

EDITORIAL
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