Se cumplen 20 años sin el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado

Se cumplen 20 años sin el líder conservador Álvaro Gómez Hurtado

El periodista Mauricio Gómez Escobar relata varias de las vivencias al lado de su padre.

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01 de noviembre 2015 , 08:39 p.m.

De los pocos recuerdos de mi infancia, me llega el sonido de varios periódicos deslizándose por debajo de la puerta, todos los días a la misma hora. Casi la totalidad de cada periódico estaba dedicada a la política. A los 7 años, yo no sabía lo que era un godo, así que me asombraba más bien con las fotos y las caricaturas. A los 8 o 9 años me di cuenta de que mi padre era personaje frecuente, casi diario de las caricaturas. Lo mostraban como diablo o como caníbal con un hueso en la cabeza danzando alrededor de una olla donde cocinaba a sus contradictores. Las caricaturas crearon la imagen de un hombre intolerante y primitivo que mi padre desmintió en el transcurso de su vida. En los años 50 participó activamente, con Alberto Lleras y Laureano Gómez, en la creación e implementación del acuerdo del Frente Nacional, que efectivamente terminó con la violencia partidista que para entonces llevaba más de un siglo.

Cuando cumplí 19 años, sabiendo que no le gustaría, le manifesté el deseo de comprar una moto. Me sorprendió que, sin mayor oposición, me puso como única condición llevar siempre puesto el casco. (Lea también: Condenan a falso testigo en caso de magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado)

Diez años después, yo trabajaba en la imprenta familiar y terminé en El Siglo, un periódico fundado por mi abuelo Laureano Gómez y por José de la Vega y que para entonces no solo había sido quemado sino también censurado. Comencé en El Siglo en la época de la aparición del M-19. Ese grupo había dado golpes espectaculares como el robo de las armas del Cantón Norte y la toma de la embajada dominicana en Bogotá, pero nadie sabía quién era su comandante. El periodista Germán Castro Caycedo logró esa primicia con una entrevista al, hasta entonces, desconocido Jaime Bateman Cayón. Sin embargo, en EL TIEMPO quisieron publicarla con supresión de algunos párrafos, lo que no aceptó el autor de la entrevista. Mi padre se enteró y ofreció publicar en El Siglo la totalidad de la entrevista, que tuvo una estruendosa acogida. A pesar de que lo tildaron de sectario durante toda su vida, los contactos con la izquierda no se limitaron a la publicación de esa entrevista. A principios de los años sesenta se reunió, nada menos que en la casa de Laureano Gómez, con el cura guerrillero Camilo Torres para hablar del problema agrario en Colombia. Antes de crear el Movimiento de Salvación Nacional en los años 90, se reunió con Marcelo Torres y Hernando Cervantes del Moir, buscando consensos políticos más amplios a los de los partidos tradicionales. Se acusó a mi padre de promover la violencia, pero siempre lideró la reconciliación y centró su campaña presidencial del año 1990, en medio de la más atroz violencia, en la necesidad de lograr el respeto de la vida humana con su lema ‘Que no maten a la gente’. En busca de ese objetivo estableció un contacto por radioteléfono con Jacobo Arenas, el ideólogo de las Farc, buscando formular una agenda de diálogo en caso de que fuera presidente. Para demostrar su buena voluntad ofreció enviar una comisión encabezada por “la persona que más quiero en el mundo”, su hija, mi hermana María Mercedes. El gobierno de Virgilio Barco no autorizó el desplazamiento de esa comitiva.

Álvaro Gómez Hurtado y su esposa, Margarita Escobar, acompañados por el papa Juan Pablo II. / Foto: Archivo EL TIEMPO.

La acusación de sectario lo persiguió toda su vida. Pero fue el único político que incluyó en sus listas a destacados líderes liberales y de izquierda. Su segundo en la Constituyente era el hijo de su connotado opositor, Carlos Lleras Restrepo, donde también figuraban Alberto Zalamea y Juan Carlos Esguerra. El Noticiero 24 Horas fue el primero que le otorgó, en periodo de elecciones, el mismo tiempo a todas las vertientes ideológicas, algo que no se cumple hoy en los grandes medios. (Vea: Piden a la Corte que declare lesa humanidad en caso de Álvaro Gómez)

Los opositores políticos de mi padre lo tildaron de autoritario y antidemocrático. Sin embargo, rompiendo 100 años de centralismo, fue el creador y ponente de la elección popular de alcaldes en 1985 que extendió la participación democrática a nivel territorial. Lideró la apertura política del país como copresidente de la Asamblea Nacional Constituyente, colaborando con el jefe del M-19, que lo había secuestrado un par de años atrás. Fue su obsesión reformar el sistema judicial para buscar una justicia pronta y eficaz, pues estaba convencido de que la principal causa de la violencia en Colombia era y es la impunidad.

Se le catalogó de retrógrado, pero propuso por primera vez, en un editorial de 1976, la despenalización del consumo de drogas para impedir el crecimiento de las organizaciones criminales, tema que todavía el actual gobierno sigue estudiando. Fue una de sus preocupaciones mayores, pues era consciente de los efectos devastadores del narcotráfico para la sociedad colombiana. Fue el primero en reconocerlo como un problema de salud y no de policía. En la campaña presidencial de 1986, propuso el divorcio vincular o civil buscando resolver un grave problema social, lo que le granjeó duros ataques de la jerarquía católica y, curiosamente, las críticas del partido Liberal.

Se le clasificó de arcaico, pero impulsó ideas que siguen siendo modernas, como la planeación económica, la revolución del agua, la recuperación de los ríos –entre ellos, y sobre todo, el río Magdalena–, la independencia del Banco de la República, el control fiscal posterior, la conciliación y los jueces de paz. Me incentivó a incluir en los informes del noticiero los temas ambientales. Recuerdo que le contrariaba la quema de los suelos para la preparar las siembras y la tala indiscriminada de árboles.

Como yo, mi padre también era un tímido, pero siempre se interesó por la opinión de los demás, especialmente de los más jóvenes, con quienes se sentía muy a gusto. En mi época de universitario, cuando me dio por el teatro, mi padre me sorprendió haciendo él mismo las escenografías de las obras, y cuando empecé a pintar, para sacarme de mi zona de comodidad, de pequeño formato, me dijo: “Por qué no te compras un overol y un balde y corriendo le lanzas un baldado de pintura al lienzo”.

Me siguen haciendo falta consejos tan buenos como estos en mi vida.

MAURICIO GÓMEZ ESCOBAR
Especial para EL TIEMPO

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