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Mujeres: más orgasmos, pero menos polvos / Sexo con Esther

No todo en la cama se trata de números. El placer va más allá de la repetición.

ESTHER BALAC
En la cama no todo es malo para las mujeres.
Confieso que no soy partidaria de las victimizaciones que, a la hora de las encuestas, el análisis y las tendencias, nos muestran como unas pobres sufridas sobre este mueble.
Empiezo por decir que varios estudios resaltan que en las últimas dos décadas la cantidad de orgasmos femeninos ha aumentado significativamente. (Lea también: ¡Sin lubricante no, señores, por favor!)
Las causas por las cuales ocurre eso pueden ser muchas, pero alejada de todo tono feminista hoy quiero pegarme de las frases de Halley Thomas. Ella es coautora de una encuesta reciente llevada a cabo por la aplicación Kindara, que concluye que este aumento del goce femenino en el catre también es, en el fondo, una muestra de los avances en equidad de género.
Puede ser que los nuevos roles que las mujeres hemos venido adquiriendo en la sociedad moderna y nuestra mayor participación en los procesos sociales y económicos de nuestras comunidades, también nos hayan proporcionado herramientas para liberarnos un poco en la cama y ser más propositivas en el aquello. Y eso es muy bueno.
Pero hasta ahí, porque el entusiasmo se baja cuando se revisan otras cifras de esta encuesta, que analizó el desempeño sexual de 500 mujeres jóvenes en la cama. De ese total, la mitad asegura que quisieran que los polvos fueran más frecuentes; es más, las dos terceras partes de las encuestas afirmaron querer tenerlos más de tres veces a la semana. De entre estas ganosas incluso hay un grupo que clama abiertamente, y casi a grito herido, que las encamadas sean a diario. (Vea: El tamaño del pene a veces sí cuenta)
El dichoso estudio también se ocupó de analizar las causas por las cuales estas mujeres no participan con más frecuencia en las faenas amorosas que tanto reclaman.
Y encontraron los autores que éstas no han variado significativamente con el tiempo: ellas consideran que los factores que más atenta contra su actividad sexual son las angustias de la vida diaria, el estrés y el aumento de tensiones.
A estos hay que sumar otros que las mujeres (y también los hombres que las acompañan, claro), no han aprendido a manejar: los hijos. (Además: En un solo corazón pueden caber muchos amores)
Pareciera que tenerlos se vuelve incompatible con la vida sexual. ¿Cuándo entenderán que emparejarse y formar familia no debe, no tiene por qué, ser incompatible con la vida sexual?
Mejor dicho: es como si por un lado la evolución social nos diera, pero por otro lado nos quitara.
Las mujeres que participaron en este estudio también señalaron como responsable a la falta de acople en muchos sentidos con sus parejas, y una de cada cinco dice que simplemente no tiene ganas.
Ahora: si bien este diagnóstico es el de la mayoría, insisto en rescatar cosas. El 20 por ciento de ellas dicen que se sienten plenas, dichosas, gustosas en la cama, y que el aquello les proporciona herramientas válidas para enfrentar las exigencias que les impone la sociedad moderna.
Quiero resaltar este último hallazgo, pues señala que pese a todos los peros y bemoles, el camino de las mujeres hacia una sexualidad plena ha ido logrando remontar, poco a poco, una gran cantidad de mitos alimentados a partir de las asimetrías de género, que desde siempre se erigieron como barreras que nos impedían el disfrute pleno.
El sexo es una función vital, y no se trata de que queramos tener más polvos que los señores; solo pedimos, porque eso es lo importante, que en la cama seamos felices con ellos. Hasta luego.
ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO
ESTHER BALAC
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