Entenderse con los hijos requiere filosofía

Entenderse con los hijos requiere filosofía

Filósofo propone aplicar principios de esta disciplina al diálogo entre adultos y adolescentes.

notitle
31 de octubre 2015 , 09:31 p.m.

Hace poco, Oscar Brenifier visitó un centro de atención para menores infractores en Colombia y le causó curiosidad un joven que no prestaba atención a su charla. Cuando se le acercó a preguntarle qué le pasaba, el chico le dijo que no solo le preocupaba cómo salir de ese lugar sino qué iba a hacer cuando lo lograra.

“¡Carpe Diem!” (vive el momento), le respondió este doctor en Filosofía, reconocido por aplicar los principios de esta disciplina en la generación de una comunicación efectiva entre padres e hijos. Para Brenifier resulta clave no dejar pasar momentos como este; de lo que se trata, por el contrario, es de fomentar la comunicación y orientar.

“En un aula de clase o en un grupo siempre hay alguien que se retrae, que se calla, que se aísla; el peor camino es asumir que son rebeldes, porque no siempre es así. Debe partirse del principio de que esa también es una forma de llamar la atención”, señala el filósofo, y aclara que justamente a estos jóvenes hay que incluirlos y atenderlos más: “A veces el silencio habla más que los gritos”.

El trabajo en esta materia también llevó a Brenifier a descubrir que este campo es útil para desarrollar en los adolescentes y los jóvenes una forma práctica y racional de vivir la vida.

Según Brenifier, la filosofía les permite a los niños y adolescentes hacerse preguntas y, por tanto, desarrollar su capacidad de reflexión y análisis. El doctor y promotor de la llamada ‘práctica filosófica’ sugiere que en las discusiones o conversaciones con los niños, los adultos deben proponer temas y preguntas que los hagan pensar y no solo engramparse en el tema de la norma, de decir lo que se debe hacer o no, que es alrededor de cual giran muchas veces las charlas entre adultos y niños. Dialogar con los niños acerca de por qué existen las normas y qué límites tienen cuesta más, pero es más enriquecedor.

En consecuencia, es el ejemplo de los adultos lo que más aporta a la respuesta de los hijos. Si se quiere que un niño haga deporte, pero los padres nunca lo practican, difícilmente el niño lo va a hacer; lo mismo, dice Brenifier, pasa con el pensamiento: si los padres no están interesados en pensar, hay pocas posibilidades de que al pequeño le guste pensar.

Este filósofo francés, que nació en Argelia, visitó Colombia recientemente para dictar charlas y talleres en los que aplica la ‘práctica filosófica’, un concepto que pretende empoderarse y aplicar los conceptos principales de la filosofía en el actuar diario. Trabaja en muchos países promoviendo talleres de filosofía para adultos, jóvenes y familias en bibliotecas, centros culturales, cafés, empresas, escuelas y hasta cárceles.

En entrevista con EL TIEMPO, Brenifier destacó la importancia del papel que tienen padres y profesores en la motivación de los jóvenes con miras a ser más propositivos y a que vivan sin tantas preocupaciones.

¿De qué se trata la ‘práctica filosófica’?

Busca transportar las ideas y competencias de la filosofía académica a la vida cotidiana. Debemos crear sujetos capaces de juzgar con coherencia; para lograrlo, debemos explicarles por qué actuamos de determinada manera y enseñarles a vivir una vida tranquila, sin dramatizar cada piedra en el camino.

¿Los papás pueden lograr que sus hijos vean la vida de una forma tan práctica?

Lo importante es que se tomen el tiempo de dialogar con ellos. Vivimos en un mundo en el que, por una supuesta falta de tiempo, no existen estos espacios. Ese es un grave error, porque de ahí nacen las dificultades de comunicación con los adolescentes.

Por eso insisto en que hay que aprovechar todas las oportunidades que tengan los papás para hablar con ellos, nunca es tarde. La familia, además, debe entender que es negativo imponer una manera de ser a los hijos, y aceptar que estos no siempre actúan como uno quiere, que hay una pluralidad de maneras de ser. Guíenlos, pero déjenlos ser.

¿Qué responsabilidad en esa falta de comunicación les cabe a los hijos?

Deben tener en cuenta que no todos los padres son perfectos y que se van a equivocar. Esto, sin embargo, es muy difícil de aceptar, pues en la niñez los hijos crean una imagen de ellos como héroes, y poco a poco se dan cuenta de sus imperfecciones; por eso deben ver a sus papás como seres humanos y no como dioses caídos.

La educación, siempre se dice, tiene problemas. ¿Cuál es, a su juicio, el principal?

En las casas y en el colegio, los profesores y padres de familia hacen discursos largos sin invitar a los niños a participar en las discusiones; a veces, por el contrario, cuando ellos participan reciben regaños o son corregidos de manera agresiva. De este modo, queda en ellos el mensaje de que decir lo que piensan está mal.

¿Cómo hacer más efectiva la enseñanza?

Lo importante es aplicar el concepto de diálogo. Debemos oír a los jóvenes y fomentar la participación. Mi grupo de trabajo y yo enseñamos a los maestros el poder de dialogar en lugar de imponer un discurso; se deben producir ideas y reflexiones. Debemos erradicar el concepto de que el docente lo sabe todo. Hace nueve años hice un reporte para la Unesco, con el objetivo de promover este nuevo tipo de pedagogía en el mundo, y en ese momento nos dimos cuenta de que prima la visión tradicional, llamada ‘el monólogo de los profesores’.

¿Qué puede hacerse para motivar la participación y la reflexión?

Los maestros y los padres pueden proponer un tema y preguntar si alguien tiene alguna duda o comentario para crear una dinámica de pensamiento colectivo. Cuando un joven hace una pregunta se debe proponer si alguien más quiere responder la pregunta, y así fomentar la participación. Oír las intervenciones de los estudiantes permite también saber cuáles son sus dificultades por la manera en que hablan y formulan preguntas. Algunos estudiantes prefieren no participar, no solo por lo que el profesor pueda pensar, sino también sus pares. Esto tiene una implicación pedagógica pero también existencial.

El arte de juntar contrarios

Oscar Brenifier ha plasmado los principios de esta novedosa práctica, que pretende cambiar algunas costumbres que afectan la comunicación entre familias o entre profesores y alumnos, en varios libros.

Algunos de ellos pueden conseguirse en el país, como: ‘¿Contrarios? Un libro para ejercitar el arte de pensar’. El texto invita a jóvenes y adultos a discutir sobre los opuestos y cómo, muchas veces, estos deben coincidir y fusionarse para que las emociones y los conceptos funcionen correctamente.

Otros títulos que también abordan los temas de los contrarios son ‘El amor y la amistad’, ‘El bien y el mal’, ‘La cuestión de Dios’ y ‘El libro de los grandes opuestos psicológicos’.

Los profesores o padres interesados en conocer más sobre Brenifier y su trabajo en la ‘filosofía práctica’ pueden visitar su página web y descargar algunos de sus libros.

DANIELA REYES GALINDO
Para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.