'La Iglesia le teme más a la prensa que al infierno'

'La Iglesia le teme más a la prensa que al infierno'

El director Pablo Larraín habla de 'El club', película que explora el retiro de los sacerdotes.

notitle
31 de octubre 2015 , 09:20 p.m.

Un día, leyendo la prensa, a Pablo Larraín lo asaltó la imagen de un sacerdote chileno de la congregación de Schoenstatt, acusado de cometer abusos contra menores, al que trasladaban a una casa religiosa en Alemania ubicada en una pradera de campos verdes que parecía salida de un anuncio de chocolate suizo. La operación respondía a un dispositivo habitual de la Iglesia católica, por el cual los curas problemáticos son puestos fuera de circulación y recluidos en estos nuevos hogares donde purgan sus pecados y ahorran un escándalo a la institución. Sus faltas pueden ir desde pederastia hasta encubrimiento de criminales o conductas homosexuales castigadas por la curia.

El director chileno montó una obra de teatro sobre este fenómeno que ha terminado convirtiéndose en una película, El club, un drama que relata la historia de un grupo de estos sacerdotes que intenta apartarse de sus faltas en el retiro. Según Larraín, el filme “está hecho para levantar susceptibilidades”.

El atrevimiento de esta propuesta, el séptimo largometraje dirigido por Larraín, fue reconocido con el Gran Premio del Jurado en el reciente Festival de Berlín y es la película seleccionada por su país para la preselección de los Oscar a mejor película extranjera. El director, de 39 años, conversó con EL TIEMPO sobre la manera en que mira a la Iglesia, y, en particular, sobre El club, que ya está en la cartelera de cine del país.

¿Cómo se documentó sobre la existencia de estas casas de retiro que son un celoso secreto de la Iglesia?

Al investigar un secreto te topas con muros, pero siempre encuentras gente dispuesta a hablar. Encontramos exsacerdotes que viven en el anonimato.

¿Cree que esta película puede provocar un cambio en el seno de la Iglesia?

Jamás. En general, las actividades culturales, el arte, no producen cambios si no es a largo plazo. La cultura es un germen que se va instalando como una pequeña semillita. No conozco ninguna película que haya producido un cambio radical en una institución de esta naturaleza, que lleva 2.000 años funcionando de esta manera. Y tampoco es mi intención. No soy periodista, antropólogo ni teólogo. No quiero modificar nada, pero hay material humano interesantísimo.

¿Qué desafíos tiene el papa Francisco por delante?

El Papa representa a la nueva Iglesia, que quiere ser más humilde, más cercana a sus fieles, a la gente que la necesita, y más lejos de los círculos de poder, que es lo que venía haciendo desde hace muchos años. Las dificultades al papa Francisco se le presentan dentro del Vaticano: tiene que lidiar con una curia muy poderosa; los cardenales, que funcionan de una manera muy silenciosa y secreta. Lamentablemente, el Papa ha permitido en Chile que continúen los cardenales Ezzati y Errázuriz, que han estado encubriendo sistemáticamente a curas abusadores. Así que veo que es bien intencionado, pero necesita poner mano dura.

¿Cree que la Iglesia ya está madura para terminar con el celibato?

El problema de fondo es el deseo, que está en la naturaleza humana. Cuando ves sacerdotes que confiesan a niños y niñas y creces en ese ambiente, te das cuenta de una paradoja muy interesante: que la persona que está educando sobre cómo administrar el deseo es alguien que lo tiene reprimido. Y cuando tú reprimes un cuerpo, este, al final, explota.

La película es un crisol de los problemas que afronta el Chile contemporáneo: el robo de niños, los desmanes del Ejército y la Iglesia. ¿Ese ‘microuniverso’ fue algo intencionado?

Es la realidad de este tipo de instituciones. Una de las trabas que tiene la Iglesia es que parece que todas sus crisis y defectos sean de connotación sexual, pero en estas casas hay gente por muchas razones: porque es vieja, porque perdió la fe, porque está enferma, porque se enamoró de un hombre o una mujer... La Iglesia tiene muchos problemas, pero los sexuales son los más vistosos, porque son los que más morbo producen. Como resultado, la prensa le crea una paranoia muy grande a la Iglesia, que parece que les tiene más miedo a los medios que al infierno.

¿Qué lo llevó a incluir la voz de una víctima en el relato de la película?

Lo primero que piensas cuando escuchas el testimonio de una víctima es filmarlo, producir esa imagen para que la gente la vea, pero los abusados, cuando han sido forzados durante muchos años, pierden el pudor, porque no tienen un canon moral. De modo que te explican lo que les hicieron como si se tratara de cocinar una tarta o cortar un árbol. Cuando el personaje describe lo que le sucedió es una imagen muy gráfica y es el espectador el que monta la imagen en su cabeza. En cierto modo, detonas una imagen infinitamente más perversa, compleja y violenta que la que yo pueda dar, porque no hay nada más perturbador que la mente humana.

El actor preferido del director

Alfredo Castro ha aparecido en todas y cada una de las películas de Pablo Larraín. Como François Truffaut y Antoine Doinel, han formado un tándem inseparable. El veterano actor ejerció en su día de profesor del director chileno, pero más allá de ese vínculo, Larraín destaca su cualidad de actor infinito. “Es un intérprete imposible de encasillar y tiene algo que el cine necesita a gritos: misterio. Nunca sabes qué está pasando dentro de su cabeza, puede ser el tipo más dulce o el más violento de un momento a otro”.

BEGOÑA DONAT
Para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.