Perversiones humanas / Opinión

Perversiones humanas / Opinión

La cinta 'El clan' explora un lado oscuro del ser humano que merece ser contado.

31 de octubre 2015 , 09:20 p.m.

Drama perturbador sobre curas pederastas y presuntos encubridores de abusos militares durante el régimen de Pinochet en Chile. Confinados por sus antecedentes criminales a una casa en la playa, reciben la visita del director espiritual, quien considera que debe cerrarse tal lugar de reclusión donde sus residentes no solo son pecadores, sino también delincuentes. Aunque algunos de ellos fingen haber perdido la memoria, otros no quieren reconocer los acosos y manoseos ejercidos en el pasado hacia seminaristas o monaguillos. Porque “no es lo mismo que un hombre se enamore de otro hombre, lo grave es cuando un adulto desea a un niño” –palabras del investigador jesuita santiaguino–.

Premio del Jurado y Oso de Plata en Berlín 2015, el nada moralista cineasta Pablo Larraín conduce magníficos actores prudentemente dirigidos a excepción de un loco indigente, que clama justicia y grita en medio del silencio de la noche sin entendérsele todos sus agravios. Una actriz veterana (Antonia Zegers) en el papel de religiosa neutralizadora redime sus culpas y cree llevar allí una vida santa. Porque… “nos levantamos y rezamos, después tomamos desayuno. A las doce celebramos la misa y a la una almorzamos, después cantamos y después tenemos libre. A las ocho rezamos el Rosario y a las ocho y media comemos”.

Larraín recrea con destreza las atmósferas penumbrosas y una que otra reflexión arrepentida en torno a conductas perversas indicadoras de sociedades podridas o... de doble moral. Su reconocimiento como autor nos lleva a recordar dos de sus anteriores cintas: Tony Manero –asesino en serie fascinado por el personaje bailarín de John Travolta– y… No –desesperada estrategia publicitaria para ganar el referéndum contra Pinochet–.

Pueden trazarse curiosos paralelos entre las más recientes producciones de dos destacados realizadores suramericanos. Propuestos al Óscar de mejor película extranjera por sus respectivos países (Chile y Argentina), ambos se llaman Pablo –uno Larraín y el otro Trapero, director de El clan–. Mientras que un club es como un clan cerrado, todo clan debe tener su propio club y objetivos afines. Pero las coincidencias no paran allí, ambas historias de matices sórdidos se refieren a personajes indeseables o nada ejemplares de perfiles delincuenciales, que arrastran consigo las secuelas del golpe de Estado chileno y… los coletazos de años oscuros de la dictadura militar argentina.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
maulaurens@yahoo.es

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