Alpinismo y vinos / Hablemos de vinos

Alpinismo y vinos / Hablemos de vinos

La topografía y los vinos están íntimamente ligados más allá de sus sabores.

31 de octubre 2015 , 08:52 p.m.

Sucede que están en el mismo lugar Ernest Loosen y Pedro Rodríguez. “Muchas gracias por avisarme” dirán ustedes. Y “de nada” diría yo, para explicarles luego que estos dos personajes se han visto por primera vez en un evento organizado en la ciudad de San Francisco por la revista Wine & Spirits, lugar en donde tengo el placer de trabajar por ya muchos, muchos años. Pero hay más. Aquí vamos.

El caso es que el Dr. Loosen es uno de los personajes claves en el mundo de los vinos alemanes, una suerte de relacionador público del riesling en general, pero también de los blancos de la Mosela en particular. Y, por cierto, uno de los mejores hacedores de riesling en el mundo.

Por su parte, Rodrigo González es pionero en el rescate de la Ribeira Sacra. No sé si han tenido la ocasión de ir allí o, al menos, de ver fotos. El lugar es impresionante. Las laderas de inclinaciones imposibles, cayendo al río Sil en la subzona de Amandi. El espectáculo no es dramático, sino sobrecogedor. ¿Cómo alguien en su sano juicio puede darle vueltas a la idea de plantar parras allí, y luego colgarse –literalmente– para cosechar las uvas? ¿Cómo alguien puede ver la viticultura como una forma de alpinismo?

Eso sucede en la Ribeira Sacra, la tierra de los mejores mencías, esos suaves y elegantes tintos gallegos que se deslizan por la boca con la delicadeza de un jugo de cerezas, con la misma acidez y frescor. Si me apuran, y por el precio, muchas veces hasta me quedo con los vinos de Pedro para la bodega Guímaro, con muchos pinot de la Borgoña. Hasta allí llega mi fanatismo.

Al otro lado de Europa, en ambas riberas del Mosela, en Alemania, las condiciones no son muy diferentes. Si en Ribeira Sacra llueven unos 900 mm al año, pues en la Mosela están por ahí. Y sí, hace calor en Galicia, con esto del cambio climático, pues en la Mosela también. Así es que lo que queda es la topografía y el suelo. Y allí ambas zonas son muy parecidas, al menos en términos de laderas cayendo al río, en suelos de pizarras ambos, plantados con viejas parras que están allí desde que a los romanos se les ocurrió eso de que bacchus amat colles, es decir, que las tierras fértiles y planas son para el trigo y lo que no sirve para el trigo, se planta con viñas pero nadie vive de vinos…

De todo eso hablan Ernest y Pedro mientras se conocen en San Francisco. Lo divertido es que Pedro no habla ni alemán ni inglés ni Ernest habla español, así es que solo se comunican con señas y ambos beben sus vinos y sonríen y hacen como que se entienden. Y sí, se entienden. A pesar de los cientos de kilómetros que los separan. Su trabajo es el mismo. No solo hacen vinos. También se dedican al alpinismo.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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