Editorial: Lo que le espera a la capital

Editorial: Lo que le espera a la capital

En los próximos 4 años, Bogotá experimentará un vertiginoso cambio en su infraestructura.

31 de octubre 2015 , 08:36 p.m.

El recién elegido alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa Londoño, dio esta semana un adelanto de lo que será el ritmo de trabajo de su administración. Apenas unas horas después de haber sido ungido por los bogotanos, delineó un plan de gobierno que empezará a ejecutar desde el primero de enero y que, como lo esbozó en su campaña, estará enfocado en las grandes obras de infraestructura que demanda la capital.

La culminación de la Avenida Longitudinal de Occidente, el desbloqueo de las autopistas Sur y Norte, la rehabilitación de la malla vial, el fortalecimiento de TransMilenio y el desarrollo del Centro Administrativo Nacional (CAN) hacen parte de las prioridades del nuevo mandatario.

El torrente de anuncios coincidió con la oficialización, por el Gobierno Nacional, de la entrega de recursos para la construcción de la primera línea del metro, estimados en 9,65 billones de pesos, el 70 por ciento del costo total.

Aunque la noticia se produjo al calor de la celebración de los comicios locales y regionales, el hecho resulta trascendental, pues se trata del proyecto de infraestructura más ambicioso del país en las últimas décadas. Por la misma razón, lo que decida el nuevo burgomaestre frente al tema será determinante.

Lo claro hasta el momento es que la Nación, vía el Consejo Nacional de Política Fiscal (Confis), garantiza los dineros para el metro, que podrán ser cobrados a partir del 2017. Y la administración Petro, a su vez, demostró contar con el 30 por ciento de los recursos restantes, unos 4 billones de pesos. Lo que sigue es la expedición de un documento Conpes que detalle y blinde la obra: características finales, modo de construcción y tiempos de ejecución. Una vez superado este paso, se entrará de lleno en la etapa licitatoria.

Y es aquí donde empiezan las conjeturas, de cara a lo que Peñalosa ofreció como candidato y que la mayoría de ciudadanos votó: un metro elevado en algunos tramos, algo que ya había sido sugerido por los estructuradores del proyecto. Según él, es más eficiente, menos costoso y se construye rápido. Para sus detractores, sería como deshacer lo recorrido para volver a empezar. Pero no lo consideran así las autoridades de Planeación Nacional, que coinciden en el tema de menores costos, rapidez en su construcción y bajo riesgo. Todo esto es lo que debe definir el Conpes. Lo recomendable es que, en asunto tan delicado, sean los estudios técnicos y financieros los que hablen, no las pasiones políticas. Hacer interpretaciones acomodadas genera incertidumbre en torno a una iniciativa en la que está empeñada la palabra del Presidente de la República y del nuevo burgomaestre.

Con esta óptica, justo es reconocer el empuje que al metro le dieron el alcalde saliente, Gustavo Petro, y su equipo de gobierno. Dejarlo en la instancia en que lo dejaron es haber avanzado mucho más de lo que lo hicieron los últimos gobiernos.

Ahora bien, la ciudadanía debe tener claro que el metro es apenas uno de los tantos desafíos que le esperan a la nueva administración. Y que tan importante como una red de trenes lo son el reforzamiento y mejoras de TransMilenio. En los últimos 12 años, apenas se hicieron dos troncales, de ahí el colapso del sistema. Ni qué decir del modelo de transporte integrado (SITP), que desangra las finanzas distritales a un ritmo descomunal –800.000 millones de pesos al año–. Este será uno de los primeros nudos por desenredar.

También se habla de ampliar a cinco carriles la autopista Norte y a dos la carrera 7.ª, hasta La Caro, lo mismo que construir un viaducto elevado en el sur. Son anuncios grandes, sin duda, porque los problemas de la ciudad son igualmente inmensos. Que Bogotá está semiparalizada en materia de infraestructura es una verdad de a puño, que quienes aún gobiernan deben aceptar. Se hicieron esfuerzos, es indudable, pero tímidos frente al tremendo atraso que registra la ciudad en estos frentes. La Bogotá Humana, bajo el falso sofisma de que las obras de infraestructura reñían con los avances sociales, terminó por postrar a la capital, y sus ciudadanos pasaron cuenta de cobro en las urnas.

Desde esta perspectiva, los próximos cuatro años parecerían pocos para la tarea que hay que emprender. Peñalosa cuenta con un gran aliado: el Gobierno Nacional, en cabeza del vicepresidente Germán Vargas. Si esa alianza logra converger en proyectos razonables, viables y de impacto general, sin necesidad de llevarse por delante los avances en materia ambiental y de sostenibilidad, y consigue algo fundamental y que no da espera, como lo es involucrar a la región para consolidar un desarrollo integral, según lo viene sugiriendo Escenarios Bogotá 2025, entonces podremos decir que soplan nuevos vientos.

Los bogotanos han pagado un alto costo por culpa del choque de dos modelos de ciudad. Propender a un arquetipo que le apueste a un desarrollo con sentido de equidad y de progreso no tiene por qué ser una dicotomía, menos en tiempos en que el mundo es una gran urbe.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.