'El peor error de la historia del M-19': Navarro Wolff

'El peor error de la historia del M-19': Navarro Wolff

El exdirigente de esa guerrilla da su mirada sobre los hechos del Palacio de Justicia.

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30 de octubre 2015 , 11:05 p.m.

Hace 30 años el M-19 cometió el peor error de sus 16 años de historia como grupo guerrillero.

Estaba yo almorzando en el hotel Riviera de la ciudad de La Habana donde me recuperaba de un grave atentado contra mi vida en junio de ese 1985, cuando un mesero que sabía que yo era colombiano me contó que en mi país estaba pasando algo gravísimo. Le pregunté que como se había enterado y me dijo que por televisión.

Corrí a la habitación donde estaba hospedado y vi cuando los tanques del ejército entraban por la puerta del Palacio. Así, con el alma arrugada por lo que veía, me enteré de la toma.

Estaba yo por fuera de la línea de mando del eme, pues me recuperaba de un atentado que me hicieron al arrojarme una granada en Cali unos meses antes mientras encabezaba una negociación de paz con el gobierno. Ese atentado me había puesto al borde de la muerte, a más de costarme la amputación de la pierna izquierda y haber seccionado el nervio hipogloso, lo cual hace que aún hoy hable literalmente a media lengua. Por eso no sabía una palabra de la toma que empecé a seguir por la televisión cubana.

Lo que he establecido por informaciones posteriores a los hechos es que fue un intento de réplica de la toma de la embajada de República Dominicana, una operación de propaganda armada muy exitosa realizada por el M-19 en 1980. Pero su planeación y ejecución fue desastrosa y sus resultados marcaron con fuego la historia de Colombia.

Todos los miembros del M-19 que entraron al Palacio murieron. También murieron un importante grupo de miembros de la Corte Suprema de Justicia, así como de civiles, policías y militares. Si el objetivo de la toma era hacer propaganda sobre la responsabilidad del gobierno de la época en el fracaso del proceso de paz de la época, el resultado fue todo lo contrario.

Se ha especulado mucho sobre el castigo a los guerrilleros responsables. La verdad es que recibieron un castigo implacable y diría que fuera de la ley. Los que hoy se conocen como "máximos responsables" eran Alvaro Fayad y Carlos Pizarro, a la sazón primero y segundo comandante del M-19. Fayad fue ejecutado fuera de combate un par de años después en la ciudad de Bogotá. Pizarro murió por acción de la mafia encabezada por los hermanos Castaño Gil, miembros del Cartel de Medellín, semanas después de la firma del acuerdo de paz de marzo de 1990.

Se ha mencionado con insistencia también la entrega de dinero de Pablo Escobar para ayudar a financiar la operación. No puedo decir si fue así o no lo fue. Lo que si es claro para mí es que el objetivo de la toma era hacer propaganda armada.

Con la firma de los acuerdos de paz del M-19 con el Gobierno Nacional, se archivó el proceso penal que cursaba contra los guerrilleros. Pero los militares implicados en actividades violatorias del DIH en la retoma del Palacio, no recibieron ningún tipo de beneficio jurídico y algunos de ellos están hoy presos. He repetido que eso es inconveniente para la estabilidad de un acuerdo de paz. La solución judicial debe ser para todos.

Repetidas veces en estos 30 años he pedido, a nombre del M-19, perdón a las víctimas. Aunque no tuve responsabilidad directa o indirecta en la toma, soy el superviviente más antiguo del eme y a nombre de todos mis compañeros he pedido perdón por lo sucedido. Fue una terrible equivocación la cometida de la cual nunca nos arrepentiremos lo suficiente. Por las víctimas que causó. Por su efectos sobre esa etapa de la historia de Colombia.

Debo resaltar que hijos de los magistrados muertos nos han perdonado. Que hijos de nuestros compañeros han perdonado a quienes mataron a sus papás, aun fuera de combate. Eso demuestra que la reconciliación de los colombianos es posible. Eso demuestra que se puede mirar adelante. Eso señala que si hay esperanza de construir una nueva historia para nuestro país.

El perdón es una decisión personal de cada ser humano. No se puede decretar. Lo que he aprendido en estos años de madurez es que el perdón produce alivio. Por eso muchas veces es unilateral, gratuito, no la respuesta a una solicitud sino una decisión autónoma de quien perdona. Cuando se produce se mejora la vida de quien perdona, se prescinde de una amargura que pesa y duele. El perdón hace la vida más liviana, menos amarga, sin rencores ni odios.

Al perdón es más fácil llegar sabiendo cuanta verdad sea posible. Por eso para las víctimas lo más importante es la verdad. El conocimiento de esa verdad ayuda al perdón. El camino al perdón está tapizado de verdad. Y claro, reconocimiento del error y el arrepentimiento por los errores cometidos es tal vez la mejor garantía de no repetición

En estos momentos en que avanza un nuevo proceso de paz, ojalá el último y definitivo de nuestra historia patria, diría que difícilmente ha pasado en Colombia algo más terrible que los hechos del Palacio de Justicia en 1985. Hay asuntos aún sin resolver como los desaparecidos o los juicios a los militares. Hay que hallarles una solución pronta.

Eso ayudaría a que el perdón y la reconciliación que han avanzado, fueran más completos. Es lo que necesita un país que quiere mirar hacia adelante. Como tiene que ser.

ANTONIO NAVARRO WOLFF

*Exguerrillero del M-19

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