Irma, la guerrillera que salió con vida

Irma, la guerrillera que salió con vida

Sentencia de la Corte Interamericana dice que en 1985 tenía 26 años y salió con vida del Palacio.

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30 de octubre 2015 , 10:54 p. m.

Jorge habla haciéndole honor a su apellido: Franco. Él es el hermano de Irma, quien hizo parte de la guerrilla del M-19 y esa militancia es reconocida por su familia. Lo dice sin sonrojarse. Sin titubeos. Aclara, sin embargo, que desconoce si ella formó parte del plan para tomarse el Palacio de Justicia que, a la postre, le costó su desaparición.

El día de la toma, Irma estaba en la Secretaría del Consejo de Estado. Buscaba material para su tesis de grado de abogada. “Estaba autorizada por el secretario general, una persona admirable, el doctor Darío Quiñones quien tenía ese cargo y le permitió ingreso cotidiano para la elaboración de su tesis, ella había terminado Derecho en la universidad Libre”, cuenta Jorge.

La primera hipótesis que él se plantea es que dentro del Palacio, Irma estaría haciendo labor de inteligencia. La suposición es una de las tantas que a lo largo de estas tres décadas se ha hecho. Como tampoco sabe qué tipo de vinculación o cuál era su importancia dentro del grupo.

Lo que sí sabe con certeza, y lo dice con orgullo, es que ella era una estudiante destacada, con un alto rendimiento académico. De hecho, según su hermano, en la Universidad la eximieron de los preparatorios.

El sueño de Irma era hacer parte de la honorable Corte Suprema de Justicia. Jorge cuenta que ella hablaba y vivía deseosa de que el país tuviera una modificación en cuanto a las oportunidades de la gente, y soñaba que eso lo podía hacer desde el alto tribunal.

“Era muy sensible frente al dolor humano. Entonces, seguramente, eso la condujo también a las actividades que realizó”, añade.

También era agraciada. Vestía bien. Nunca descuidaba detalle en su presentación. El día de la toma, no fue la excepción. Vestía falda escocesa, botas y buzo.

'Ilesa'

El domingo anterior a la toma fue la última vez que los hermanos Franco Pineda se vieron. Fue durante un funeral.

“Nos dio un abrazo, - cuenta Jorge – se despidió como si fuera a hacer un viaje largo. Cogió su vehículo y se fue rápido, no permitió que se le preguntara qué iba a hacer”.

El 6 de noviembre de 1985, día de la toma, Jorge estaba en su oficina ubicada en el séptimo piso de un edificio de la calle 13 con carrera sexta. Cuando escuchó el alboroto y algunos disparos, pensó enseguida en su hermana, pero también recordó la actitud de ella del domingo anterior.

Intentó acercarse al Palacio, junto con varios abogados de su oficina, pero les fue imposible. Salió para su casa, angustiado por la suerte que le pudo haber tocado a Irma.

Instantes después de que llegó a su casa, recibió una llamada de un policía amigo de la familia que les dijo: “Irma está ilesa no se preocupe, prepárense para el juicio porque se la llevaron detenida”.

Allí se supo todo. “Irma Franco Pineda fue tomada detenida…ella pertenecía al M-19. ¿Qué actividad realizaba? No lo sé. No sé si era con actitud armada, si era de colaboración, si era de ayuda”, dice Jorge con voz contundente y añade: “No podemos negarle (eso) al país, no podemos decir mentiras”.

Así como él cuenta sus verdades, espera que hagan lo propio quienes tuvieron que ver con la desaparición de su hermana. Varios fallos en este camino judicial así lo han ratificado. Incluso, la sentencia de la Corte Interamericana sostiene que la mujer, que en 1985 tenía 26 años, salió con vida durante el holocausto.

Por eso insiste en que quiere la verdad que le ha sido esquiva en 30 años.

Suposiciones

Aunque se pensaría que con los más recientes hallazgos de Medicina Legal sobre los desaparecidos de Palacio se abre una esperanza para familias como la de Franco, para Jorge esa luz se desvaneció hace muchos años.

“Hay que ser sinceros, creemos que no hay esperanzas. Es imposible de que ella esté viva, Yo me temo mucho, también sin poder comprobar nada, que los restos de Irma no vayan a aparecer jamás. Supongo que en aras de desaparecer pruebas, los calcinaron y las cenizas las botaron. Son suposiciones mías, por eso hago énfasis en lo que yo sé con certeza y en lo que yo imagino”.

- Don Jorge, ¿si Irma estuviera viva qué cree que le diría?

- Mejor así: si ella pudiera decir algo desde el más allá, imagino que dirá que ‘no me arrepiento, quise hacer modificaciones de este país por lo que considero que era el camino y corrí un riesgo y lo afronté, y lo perdí’.

REDACCIÓN JUSTICIA

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