La carta de la familia Colmenares, cinco años después de la muerte

La carta de la familia Colmenares, cinco años después de la muerte

El padre del estudiante asesinado en Halloween de 2010 solo pide la verdad y que se haga justicia.

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30 de octubre 2015 , 08:51 p.m.

“Hoy se cumplen 5 años desde la muerte absurda de mi hijo Luis Andrés, y seguimos esperando justicia (...) Si pudiera, haría lo necesario para que no fuera a la fiesta de Halloween que lo llevó a la muerte”.

Estos son apartes de una carta que escribió Luis Colmenares, para el 5.º aniversario de la muerte de su hijo Luis Andrés, un caso que conmovió al país y que sigue en la impunidad.

“Hay dos imágenes suyas que se me quedaron pegadas para siempre en la mente y que borraré cuando nos volvamos a encontrar: la última vez que lo vi con vida, en la capilla del aeropuerto El Dorado, a donde me acompañó para despedirme ese 30 de octubre de 2010, por un viaje que tenía a Chile. Y la otra imagen es cuando lo vi en el féretro que llevaron a la capilla del Liceo de Cervantes, para que los sacerdotes de su colegio rezaran por su alma para luego llevar su cadáver a Villanueva (La Guajira)”.

Luis Colmenares también habla del proceso:

“Llevamos tres años en el juicio contra Laura Moreno y Jessy Quintero, y varias situaciones han impedido su avance (...) Se han presentado situaciones irregulares que hasta hoy la justicia no ha explicado. Han hecho de todo para impedir que se conozca la verdad oficial de un caso que, como lo confirmó el Tribunal Superior de Bogotá, fue un crimen, no un accidente”.

“No voy a descansar hasta que haya verdad y justicia (...) La reparación no es posible, entonces que nos la compensen con verdad y justicia”.

“Luis Andrés tenía 20 años y cursaba dos carreras en los Andes: ingeniería industrial y economía. Era un estudiante sobresaliente, monitor de sus docentes, líder de sus compañeros y era muy feliz (...) Cuando se invierte la ley natural, y se muere un hijo primero que el padre, las consecuencias no tienen nombre, es como si a uno se le rompiera el corazón. Todo pierde sentido en adelante”.

“(...) A pesar del dolor insuperable, tenemos fe de que todo llegará al final con la justicia distribuida para los responsables. Quienes tuvieron que ver con el crimen, por acción o por omisión, no volverán a dormir tranquilos por el resto de sus vidas. Dejo todo en manos de Dios, para que me llene de la fortaleza y perseverancia que me permitan hacer lo necesario hasta que haya justicia. Solo pido justicia, nada más”. 

EL TIEMPO

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