Editorial: Faltan chinos y chinas

Editorial: Faltan chinos y chinas

La decisión de anular la política del hijo único en China tal vez llega demasiado tarde.

30 de octubre 2015 , 07:28 p.m.

Fue el jueves pasado. Al terminar el pleno anual del Partido Comunista chino que trazó el plan quinquenal del gigante asiático para el período 2016-2020, uno de los anuncios fue el de la reforma de la ley vigente desde 1978 que impedía, con notables y cada vez más frecuentes excepciones, a las parejas tener más de un hijo.

Dicha norma buscaba disminuir la presión sobre la comida y los recursos naturales, tomando nota de lo vivido en la implementación del ‘Gran salto adelante’ durante el cual tuvo lugar, entre 1958 y 1961, la terrible hambruna china, cuyas víctimas, según cifras oficiales, fueron 15’000.000.

La nueva política demográfica comenzó a regir justo en el año en que el país se embarcó en la reforma, gracias a la cual logró una exitosa fusión del modelo capitalista con el socialismo. La que fue defendida por Deng Xiaoping con el recordado argumento de que “no importa que el gato sea blanco o negro, mientras cace ratones es un buen gato”.

Pero su implementación resultó bastante traumática. Para evitar pagar la multa, unos 150.000 dólares de hoy, los padres que no cumplían con la disposición recurrían a tremendas artimañas, desde ocultar por siempre a la segunda criatura hasta el abandono o, incluso, el asesinato. Sobre todo si se trataba de una niña, pues al gozar los varones de cierta prelación en esa cultura, cuando nacía una fémina esta corría el riesgo de no ser aceptada. Lo anterior sin mencionar los abortos y las esterilizaciones forzadas. Tal situación también llevó a que este fuera el Estado con mayor desequilibrio entre la población masculina y la femenina en todo el planeta.

No obstante este lado oscuro, es un hecho que la restricción hizo parte de un giro que le permitió a la nación de la Revolución cultural de Mao ser hoy un peso pesado de la economía mundial.

Hasta que la fórmula se agotó, víctima de su propio éxito. Hoy crece el temor de que las nuevas generaciones no puedan relevar por completo a la actual y queden muchos puestos vacíos. Dicho miedo se fundamenta en las cifras: cálculos indican que para mantener estable el crecimiento de una población el promedio ideal de hijos por cada mujer es de 2,1, el de este país. La cifra para China en el 2013 fue de 1,7, la cual, de paso, deja ver lo amplio del espectro de excepciones que venían operando.

Asimismo, hay que mencionar el escepticismo que existe respecto a que la modificación se constituya en incentivo para los matrimonios con planes de, como se suele decir coloquialmente en Colombia, “buscar la parejita”. Y es que muchas familias están satisfechas con un solo hijo, sobre todo a la hora de hacer el presupuesto familiar. Mantener un hijo hoy por hoy cuesta alrededor de 3.700 dólares anuales, cerca de la mitad del PIB per cápita.

Es claro, pues, que así como la motivación para la implementación de la norma fue económica, la de su relajamiento también lo es. Se necesita gente para producir, pero ante todo para consumir, dado que la del estímulo del consumo interno es la carta que se ha jugado el partido frente a la disminución del ritmo de crecimiento que traía desde hace dos décadas.

La pregunta que surge es si el paso es tardo. Y es que es posible para el Estado fijar un límite al tamaño de las familias, así sea a las malas, pero hacer que estas crezcan es un reto mucho más complejo.

editorial@eltiempo.com

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