Personajes que parecen sacados de Halloween, pero son reales

Personajes que parecen sacados de Halloween, pero son reales

Tres historias tragicómicas, en pleno centro bogotano, recuerdan que la realidad supera la ficción.

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30 de octubre 2015 , 04:03 p.m.

Hoy, día en que brujas y duendes recorren las calles, los disfraces toman sus propios sentidos.

Barrios, parques y avenidas se llenan de espectros y seres fantásticos, unos con la idea de divertir, otros con el propósito de asustar, otros porque es 31 de octubre y hay que hacerlo. Al final, no es la gente si no la ciudad que se viste de otra que no es y hace fiestas que deberán esperar un año para volver. Lo que muchos pasan por alto es que hay personas en la ciudad cuya vida cotidiana parece una secuencia del Halloween, y sus pintas diarias no le envidian prenda a lo más granado del cine y la televisión.

Entre risas y tristezas, en el corazón de la capital, hallamos tres relatos, tres hombres, que muestran la dureza, a veces con tonos cómicos, de la vida bogotana.

Decano de los payasos

A sus 70 años Rafael ha conocido Suramérica en esta profesión. Foto: EL TIEMPO

Nombre: Rafael Molano.

Nombre artístico: Rafael.

Edad: 70 años, 49 de oficio.

Otra profesión: Economista, Universidad Gran Colombia (1980).

Último circo de labor: Circo de los Hermanos Gasca.

Países que conoció como payaso: toda Suramérica.

Para recordar: Fue presidente del Sindicato de Artistas de Circo de Colombia. Como economista, fue profesor de Evaluación de proyectos y presupuesto en la Universidad Jorge Tadeo Lozano (1990).

Sensaciones: “La vida en el circo es dura, pero desde muy niño me acerqué a ese mundo. El primero en que estuve fue el de los Hermanos Domínguez y luego con los Hermanos Wilson”.

Rebusque: A las puertas de un restaurante del centro, el payaso Rafael va y viene, más bien robusto y chaparro. Su nariz y corbatín rojos llaman la atención. Siempre los niños lo miran con curiosidad, mientras sus padres los halan para continuar la marcha. Él sonríe, levanta el brazo y pega sus labios pintos al micrófono: “¡Almuerzo, sigan, almuerzo rico!”, esputa en el megáfono. No es un chiste, sino parte del rebusque de su vida, tras casi 50 años de labores bufonescas.

Dificultades: “Hoy es duro hacer reír a la gente, pero uno está en la tónica, lo que uno quiere es que la gente sea feliz, especialmente los niños”, comenta Rafa, Rifi, Ra-ra-rá, Rafael. Cuando no trabaja como anunciador de comederos, brinca entre fiestas infantiles, con su valor agregado, la magia profesional.

Clave para ser payaso: “Tiene que nacerle y querer prestar el servicio. Uno debe expresar todo lo que siente adentro. Así tenga problemas, debe reír”.

¿Payasa y payasitos? “Sí, tengo mi familia, con mis hijos: una abogada, la otra médica y el otro ingeniero. Les pagué sus estudios con mis partes artística y profesional”.

El payaso ‘Krosty’ es un colombiano

‘Krosty’ tiene 60 años y nació en Cali. Lleva 30 en Bogotá. Foto: EL TIEMPO

Nombre real: Joaquín Castañeda.

Nombre artístico: payaso Krosty.

Edad: 60 años.

Origen: “Juanchito City (Cali)”. 30 años en Bogotá.

Inicios: “Desde los siete años me metí a los circos y aprendí viendo”.

Trayectoria: Circos pequeños y grandes, como el Continental y el Nueva Ola. “Conozco casi todos los pueblos de este país”.

Recuerdo: música circense anima a pipiolos, jóvenes y viejos. El espectáculo avanza con malabares y contorsiones. Apagan las luces, las prenden de nuevo y en escena está “¡Krooooosty el payaso, el mismísimo de los Simpsons”, anuncia el maestro de espectáculo. El cómico, con su peluca azul, se planta en la pista, trae una escalera que clava en el piso, la trepa, ¡cuidado!, hombre abajoooo, ¡ploom! Estruendo de escalera y payaso contra el piso: risas inundan el lugar. “Soy muy bueno cayendo de la escalera y recibiendo golpes de boxeo”, expone Krosty, cuya piel morena se adivina bajo el maquillaje blanco.

Experticie: “Conozco el funcionamiento de los circos y trabajar con explosivos, agua y polvos”.

Clave: “La buena pintura y el vestuario. Demoro 30 minutos en arreglarme. ¿Dónde compro los sombreros y la cabeza alargada? Los hago yo. Los zapatones los compro”.

Lágrimas: “Ya no hay empresas de circo grandes, el trabajo se acabó. Para ser payaso en grandes eventos, uno tendría que montar su propio show”.

¿A quién le echaría una tortilla en la cara?

“Hoy cualquiera se pinta la cara, se pone un ping-pong en la nariz, se monta un chiro y dice que es payaso. El payaso clásico se está perdiendo”.

Rebusque: En pleno San Victorino, cerca de donde vive con su esposa, anuncia lencería, “Señora, siga, bienvenida”. “Lastimosamente a uno le toca salir a trabajar a la calle. Se trabaja bueno, aunque a veces se pone pesado. Uno hace publicidad, anuncia productos, igual que Ricky Martin o Shakira”.

Sueño: “Que respeten el trabajo del payaso”.

Pasión: “Lo que más me gusta es animar fiestas infantiles, el mejor regalo para los niños . Lo recuerdan para toda la vida”.

Como zombi

Oscar lleva 8 años sin su familia y revela que ahora su hogar es la calle.  Foto: EL TIEMPO

Su nombre es Óscar y oculta su apellido. Tiene 19 años, 8 de ellos sin su familia. Vino de Cali y cuenta que su hogar “es la calle”. Confiesa que sobrevive “pidiendo” y no cree en los muertos, “aunque a veces uno se siente como si fuera uno”. Afirma que su peor espanto “son los tombos (policías) que lo empujan a uno o le pegan por estar pidiendo. Un día me dieron un golpe y me dejaron sin aire”. Mira la cámara y posa, simulando ser un muerto viviente.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO

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