Niño refugiado bosnio, muerto por depravado sexual en Alemania

Niño refugiado bosnio, muerto por depravado sexual en Alemania

Desde el primero de octubre había desaparecido de un centro de acogida de refugiados en Berlín.

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30 de octubre 2015 , 01:50 p.m.

La noche de brujas, la verdadera, la horrorosa, se le adelantó en Alemania a Mohamed, un pequeño refugiado de 4 años cuyo cadáver con signos de violencia sexual fue encontrado por la Policía berlinesa, el pasado jueves en la noche, oculto en el baúl del auto de su asesino, un alemán de 32 años

Disfrazado de alma caritativa y medianamente cargado de peluches y dulces, Silvio S., el agresor, se apostó el primero de octubre en inmediaciones de la Central de Registro de Refugiados, Lageso, por su sigla en alemán, instalación ubicada en el centro de la capital alemana, en el barrio Moabit.

Allí, ese día, entre el tumulto de cientos de refugiados que diariamente hacen cola para entrar a hacer su registro, se encontraba el pequeño Mohamed en compañía de su madre y tres hermanos mayores. Mientras la madre esperaba paciente su turno sin abandonar la fila, los cuatro menores, impacientes, jugaban distraídos y confiados en la acera pública.

“Creí tener todo el tiempo a mis hijos ante mi vista. Pero en un instante me di cuenta de que Mohamed no estaba en el grupo. Comencé a llamarlo, alerté a los niños, les pregunté a las demás personas, pero nadie me dio razón del pequeño. Entré en pánico y una señora me ayudó a alertar a los guardias del Lageso, quienes llamaron a dos agentes que custodiaban la edificación. Todos buscamos, pero no encontramos a Mohamed", relató la madre de la víctima, una mujer de mediana edad procedente de Bosnia Herzegovina y quien llegó a Berlín acompañada solamente por sus cuatro hijos.

Aunque desde los momentos posteriores al rapto, la Policía inició la búsqueda del pequeño Mohamed mediante interrogatorios, requisas y publicación de imágenes procedentes de la cámara de vigilancia que registró al niño caminando de la mano de un adulto alemán, solo cuatro semanas después los agentes pudieron dar con el paradero del atacante y el cuerpo del menor.

Lo anterior ocurrió gracias a la llamada de la propia madre del asesino, quien le reveló a la Policía sus sospechas de que su hijo, un guardabosques residente en Brandenburgo, tuviera que ver en algo con la desaparición del menor.

Efectivamente, Silvio S. recibió a la Policía con la confesión de su delito e incluso fue él mismo quién los llevó al lugar donde había escondido el cuerpo del niño: el baúl de su carro, donde Mohamed yacía, entre arena y estiércol de gato, con evidentes signos de haber sido violado varias veces.

Medicina Legal de Berlín confirmó este viernes que el pequeño fue víctima de tortura sexual y que su muerte por estrangulación ocurrió el 2 de octubre, un día después de su rapto.

Además, durante su interrogatorio con la Policía, Silvio S. reveló ser también el asesino de Elias, un menor alemán de 8 años de edad que estaba desaparecido desde septiembre, procedente de la ciudad de Potsdam qui.

El hecho de que el depravado haya sido quien le suministre a la poderosa Policía el destino y paradero de sus dos víctimas y que esta haya invertido, infructuosamente, ocho semanas en un caso y cuatro semanas en el otro para buscar a los dos menores y a un criminal del montón, quien además no hizo mayor esfuerzo por esconderse, aumenta considerablemente el temor, la alarma y desconfianza entre los berlineses y sobre todo, por razones obvias, entre los cerca de 38.000 refugiados que diariamente salen de sus albergues hacia el centro de Berlín para lograr su registro y por ende, el estudio de su caso y la legitimación de su estadía en Alemania.

“Estamos a merced del azar. En nuestra tierra no pudimos defendernos, en tierra ajena nos enfrentamos con otros peligros que se acrecientan por el hecho de no saber comportarnos en la calle. La madre hizo todo por no perder a sus hijos de vista. Se relajó porque pensó que en Alemania estaban seguros. Un error fatal”, declaró Massud, otro refugiado ya registrado quien voluntariamente va cada mañana al barrio Moabit a brindarle sus aprendizajes a los refugiados recién llegados.

Precisamente, ese resumen estremecedor está calando hondo en la dirigencia de Berlín y Alemania, quienes debaten y estudian en este momento los alcances de este precedente de violencia sexual, que se suma a los de violencia política consumados por extremistas de derecha contra los albergues donde se hospedan los refugiados.

“Hay caos en los alrededores de la central de registro por cuenta de la llegada masiva e imparable de refugiados que deben ser registrados. Pero ese caos es un problema local que necesitamos remediar no restringiendo la ayuda, sino contratando más personal. Hemos perdido la vida de un niño que estaba al cuidado de Alemania. Eso es un hecho muy trágico, doloroso y un crimen que no quedará impune", le  dijo a EL TIEMPO un vocero de la Alcaldía Mayor de Berlín.

“Las víctimas no tienen nacionalidad. Ambos casos son delitos de gran proporción. Son pérdidas irremediables que hoy nos llenan de luto y vergüenza”, dijo el ministro presidente de Brandenburgo, estado federado vecino de Berlín, Dietmer Woidke.

Patricia Salazar Figueroa
Corresponsal de El Tiempo
Berlín

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