El arte y la música, mordaza de la violencia urbana

El arte y la música, mordaza de la violencia urbana

Estas han sido apoyo en ciudades con problemas de convivencia y delincuencia. Nueva York, ejemplo.

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29 de octubre 2015 , 09:14 p.m.

Más policías, un mejor sistema de justicia, castigos más duros, menos condescendencia con los menores que cometen delitos. De una u otra manera, estas han sido las principales medidas en muchas urbes del mundo para atajar la violencia, y muchas veces parecen no funcionar.

Arte, cultura, música y deporte. Estas son otras medidas que han cobrado más relevancia y se han vuelto parte de las políticas públicas por el éxito que han tenido para disminuir las riñas y la delincuencia.

Uno de los barrios ‘duros’, reconocidos en el mundo por tener problemas que mantienen a la fuerza pública en constante confrontación con los ciudadanos es el Bronx, en Nueva York.

Cada año se registran al menos 15.770 crímenes violentos en ese distrito, 29.975 delitos contra la propiedad, para una tasa de 11,07 crímenes por cada 1.000 habitantes, cifra alarmante si se compara con el total de Nueva York, que es de 3,94.

Todo esto ha sido producto de décadas de discriminación racial y social, que en los años 70 convirtieron a la zona en una gobernada por pandillas.

Versos, rimas e historias de barrio que crean música. El hip hop, género urbano por excelencia, se ha convertido en un faro de ese y muchos barrios con resultados sorprendentes. Y todo nació ahí, en la convulsa zona sur del Bronx.
El portal Citylab le rindió tributo a este género que es también tema del documental producido por el actor Jim Carrey, Rubble Kings y menciona unas cifras impresionantes: de 653 homicidios en los años 70 se pasó a 95 el año pasado.

“Aunque la violencia callejera no ha sido completamente erradicada, sí ha disminuido de manera considerable, gracias a los chicos que crearon el hip hop”, dice el portal.

En un artículo de julio de este año, la revista Rolling Stone cuenta cómo justamente la tregua entre dos pandillas del Bronx, a finales de los sesenta, fue la semilla para esta cultura urbana. Sugiere la lectura de la novela gráfica Hermano del gueto: de guerrero a pacifista (Ghetto brother: warrior to peacemaker, en inglés).

Otros abordajes

No es un tema fácil de abordar. Por eso han surgido iniciativas como la de Bronx Connect, organización sin ánimo de lucro que resocializa jóvenes conflictivos, les busca oportunidades de trabajo y hace pedagogía de la cultura ciudadana y la convivencia.

Las cifras, además de los jóvenes, son su principal motivación: el 76 por ciento de los adolescentes detenidos reinciden en el delito y vuelven a la cárcel.

Bronx Connect se enorgullece de decir que quienes participan en su programa reducen el chance de volver a sus viejas conductas hasta caer a un porcentaje de 17,4 por ciento.

¿Cómo lo logran? Ellos incluyen la terapia para tratar problemas de salud mental (como el estrés o la depresión, por ejemplo) que encuentran raíz en la violencia urbana y doméstica.

Se enfocan en hacer el duelo de quienes han muerto por arma de fuego, para canalizar los sentimiento negativos que salgan de ahí. También dan oportunidades de empleo, no solo para que sean productivos si no para que ocupen su tiempo libre que podrían usar en las calles, delinquiendo.

África y el grafiti

El arte también ha sido salvavidas en Dakar, capital de Senegal en África. Lejos de relacionar este arte urbano, tan cercano al hip hop, con la violencia, las drogas y las pandillas, sucede lo contrario.

Según el portal www.africanurbanism.net, la pintura mural en esa ciudad es una forma de hablarle al poder. “Contra la violencia, por una buena educación, por una buena ciudadanía, para que conozcamos nuestra historia, hablar para escuchar menos a los políticos y buscar más acercarnos a los verdaderos problemas de los senegaleses. Usamos el spray para hablar por quienes no pueden”, dice Ati, uno de los grafiteros entrevistados en el portal.

Otro ejemplo reconocido y estudiado en el mundo es el de Bogotá y el festival Hip Hop al Parque que ya ha sido reproducido en ciudades centroamericanas como un arma para frenar la violencia. Ha logrado reunir pandillas y tribus urbanas en un solo evento bajo un acuerdo de convivencia.

EL TIEMPO

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