Olympo Morales asume silla en la Academia Colombiana de la Lengua

Olympo Morales asume silla en la Academia Colombiana de la Lengua

El jurista ocupará la Silla S, la misma en la que se sentó su padre, Otto Morales Benítez.

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29 de octubre 2015 , 09:13 a.m.

“Hijo de tigre sale pintado”: con esas palabras recibió Jaime Posada Díaz, director de la Academia Colombiana de la Lengua, al nuevo individuo de número de la institución defensora del español más antigua del continente.

Olympo Morales Benítez ocupará a partir de ahora la misma silla en la que se sentó su padre, Otto Morales Benítez –jurista, político, escritor y académico–, por casi 25 años: la que está marcada, al respaldo, con la letra S.

En la Academia Colombiana de la Lengua son 29 miembros de número que ocupan una silla de manera vitalicia. Cada silla corresponde a una del alfabeto español.

El primer hombre que ocupó la Silla S fue Eduardo Zuleta, en 1916. Zuleta era oriundo del municipio de Remedios, un pueblo de negros en el nordeste de Antioquia, y con su presencia introdujo el mestizaje en la Academia Colombiana de la Lengua.

Muchos años después, en la misma silla se sentó Alberto Lleras Camargo, dos veces presidente de Colombia. Y a este lo sucedió Otto Morales Benítez, quien ocupó la silla desde 1991 hasta el día de su muerte, el 23 de mayo de este año.

“Yo sí tengo que excusarme con estas palabras de no ser un buen académico. Soy consciente de que la exaltación de la cual hoy soy objeto es un honor excesivo, inmerecido tal vez, que asumo con humildad apabullante”, dijo Olympo Morales en su discurso de posesión.

Tal vez no haya sido ministro ni presidente de la República, pero las palabras de ‘don Olympo’, como lo llaman sus amigos, retumbaron en el Paraninfo Félix Restrepo. El jurista, profesor de la Universidad Externado de Colombia, hizo una oda al mestizaje colombiano:

“El hijo de negra y blanco se llama mulato. El hijo de mulata y blanco se llama zambo. Y por generaciones que pasen no salen nunca de la mancha. Más la india con blanco el hijo se llama mestizo. El hijo de mestizo con blanca se llama criollo. El hijo de criolla con blanco se llama cuarterón, y el hijo de la cuarterona con blanco ya sale blanco, sin raza de indio. La palabra es lo que le da al mestizo la posibilidad de afirmarse en su identidad. La identidad que fue negada por los españoles por sus mediciones de sangre”.

La disertación de Olympo Morales tocó las fibras de los asistentes a la junta pública de la Academia. Y, a pesar de su modestia, con su discurso demostró que la Silla S es más que merecida.

“El mestizo espiritual, esa gente de por acá, es referente para la humanidad”, dijo don Olympo mientras pensaba en las novelas de García Márquez, en los goles de James y en la música de Carlos Vives. Después, cerró la velada con broche de oro: “La palabra mestiza –nuestra palabra mestiza– reina en el mundo. Nuestra palabra mestiza; nuestro español colombiano”.

Estefanía Carvajal Restrepo
estcar@eltiempo.com
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO

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