Guatemala, a gobernar en serio

Guatemala, a gobernar en serio

Un humorista fue elegido como símbolo del nacimiento de una nueva etapa en la política de ese país.

27 de octubre 2015 , 08:09 p.m.

La situación en Guatemala no está como para chistes, y menos cuando recientemente renunció y fue encarcelado su Presidente, Otto Pérez Molina, sumergido en una monumental trama de corrupción en aduanas que también se llevó a su vicepresidenta.

Pero, paradójicamente, los guatemaltecos eligieron, en segunda vuelta, a Jimmy Morales, un popular humorista de televisión, como símbolo del nacimiento de una nueva etapa de la política de ese país, en la que una espontánea fuerza popular de ‘indignados’ adquirió en las manifestaciones callejeras el vigor suficiente para tumbar a Pérez Molina y exigir un país libre de corrupción.

En ese ambiente de protesta y también de euforia, el mensaje de Morales terminó aprovechando ese descontento con su lema ‘Ni corrupto ni ladrón’, entre otras razones por ser un hombre de origen humilde, hijo de un vendedor ambulante y hecho a pulso y con cero experiencia en la administración de lo público. El típico antipolítico u 'outsider' que terminó arrasando en las urnas a la ex primera dama Sandra Torres, de quien se recuerda el estrambótico episodio en el que se divorció de su esposo, el hoy expresidente Álvaro Colom, para no inhabilitarse como candidata en las elecciones del 2011. Una maniobra que los electores no le perdonaron el domingo, pues apenas consiguió el 31,69 por ciento de los votos, contra el 68,62 de Morales. Paliza.

Dicho esto, no deja de inquietar la cercanía de Morales con el partido que lo postuló, el Frente de Convergencia Nacional, un movimiento de militares retirados a los que algunas ONG vinculan con masacres y violaciones de los derechos humanos en la guerra civil; y a otros sectores les preocupa su extremo conservadurismo en temas como su apoyo a la pena de muerte y su oposición al matrimonio homosexual, el aborto y la legalización de las drogas. A pesar de esto, fichó a intelectuales y académicos que él considera de izquierda, o progresistas, para equilibrar su propuesta en un gobierno que se caracterizará por su extrema debilidad en el Legislativo.

El desafío y las expectativas son grandes. En manos de Morales podría estar la oportunidad de marcar un hito positivo en la historia de este país. Y esto sí no es chiste.

editorial@eltiempo.com

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