Los restaurantes con los nombres más curiosos de Colombia

Los restaurantes con los nombres más curiosos de Colombia

Conozca las historias detrás del bautizo de restaurantes como Pizza Vómito y Narcobollo

27 de octubre 2015 , 06:57 p.m.

Un operativo antidroga ‘bautizó’ a Narcobollo

En medio de los azotes que padecía el país por cuenta del narcotráfico a finales de los 80, un pequeño restaurante familiar del tradicional barrio Manga de Cartagena terminó encontrando el nombre que lo haría conocido en todo el Caribe: Narcobollo.

Ocurrió el 19 de agosto de 1989, un día después del asesinato del candidato a la presidencia Luis Carlos Galán. Ese día, la cafetería Los Molina fue tomada en un operativo antidrogas por hombres de la Policía y el Ejército.

Los hombres entraron a la vieja casona de Manga a buscar drogas, pero no hallaron nada, salvo los bollos y el suero costeño con el que preparaban desayunos la señora Lilia Joly de Molina y su esposo Raúl Eduardo Molina. Así lo recuerda el nieto mayor de la pareja, Raúl Berástegui Molina. “Un tío que estuvo ahí el día de ese operativo me dijo que todo parecía una película”.

El hombre, quien actualmente administra una sede de Narcobollo en Barranquilla, relató que con el paso de los días los vecinos no dejaron de hacer chistes con el tema y llamaban a sus abuelos, en broma, como los “narcotraficantes de bollo”, los “narcobollito”, y que el local era la sede del “narcobollo”.

Aunque a su abuela no le hacía gracia el asunto, mucho más en aquellos años tristes para el país, uno de sus tíos, Antonio Molina, vio en aquella “mamadera de gallo” una oportunidad de darle un nuevo nombre al negocio. Fue él quien registró el restaurante ante la Cámara de Comercio como Narcobollo. “Al principio no lo dejaban registrar el nombre, y él hasta tuvo que demostrar que el negocio no tenía nada que ver con algo ilícito”, aseguró Berástegui.

Hoy en día, Narcobollo, un negocio que continúa siendo el mayor patrimonio de la familia Molina, tiene sedes en Barranquilla, Bogotá, Cartagena y dos en Miami (Florida, Estados Unidos). En esa ciudad, de hecho, recientemente la familia tuvo que llamar a un tercer restaurante como Estación Café, porque en el sector de Brickell no les dejaron llamarlo Narcobollo.

En todas las sedes, en Colombia y Estados Unidos, venden comida típica de la sabana del Caribe Colombiano.

“Al final, un fiasco de operativo policial y la mamadera de gallo de los vecinos terminó siendo la bendición más grande que ha tenido mi familia”, concluyó Berástegui.

La pizza vómito que popularizó un local en Santa Marta

Los esposos caleños María Fernanda Sánchez y Jimmy Marmolejo abrieron desde hace 18 años El Vómito, un reconocido negocio de comidas rápidas de El Rodadero y Santa Marta, cuya especialidad es la pizza.

Sánchez empezó este negocio con un carrito pequeño, ubicado en la avenida 2.ª con carrera 19 de El Rodadero, que primero se llamó De Ricuras. El nombre de 'El Vómito' surgió porque todas las noches antes de cerrar se preparaban de cena una pizza a la que le adicionaban trozos de todos los ingredientes (jamón, queso, pollo, chorizo, butifarra, champiñón, piña) y encima le echaban salsas tártara y rosada y papitas fritas trituradas.

Desde hace dos años, El Vómito registró su marca ante la Superintendencia de Industria y Comercio. Juliana Álvarez.

Una noche uno de los clientes les pidió “una pizza de esas que parece un vómito” y así comenzaron a llamarla.

Ese nombre, que a algunos puede causarles desagrado, se hizo tan popular que decidieron rebautizar así su negocio y fue tanto el éxito que otros locales de la ciudad lo copiaron y vendían réplicas de la famosa pizza vómito. Por eso, desde hace cerca de dos años tuvieron que registrar la marca en la Superintendencia de Industria y Comercio.

“Hay gente que nos dice véndame una pizza, pero no me vaya a decir el nombre, otros dicen que nombre tan chévere y otros que por qué no se los cambiamos, pero así nos conocen”, dice Sánchez.

El Vómito ofrece una carta de 36 platos de comidas rápidas: pizzas, salchipapas, hamburguesas, asados, sándwich, pinchos, mazorcas, gratinados, ensaladas y bebidas frías.

Los dos locales funcionan en El Rodadero –en la misma dirección– y en la avenida del Ferrocarril con calle 19 en Santa Marta. El horario de atención de lunes a viernes es de 5:00 p. m. a 12 de la noche y los fines de semana hasta las 3 a. m.

El Polo Norte está en pleno centro de Cartagena

Casi 70 años después de que tres inmigrantes chinos se embarcaran en la aventura de poner un restaurante chino en el Centro Histórico de Cartagena, el sitio mantiene plena vigencia, aún con el curioso nombre que lleva.

La lonchería y restaurante ‘Polo Norte’, ubicada en la calle Carlos Vélez Daníes, fue fundada en 1931 por Julio Wong Tuk, su sobrino Antonio Wong y por Alfonso Wong, quien no tenía ningún vínculo familiar con los anteriores.

El particular nombre se debe a que en el mismo sitio existía la heladería y sodería Polo Norte y, por la rapidez como se hizo el negocio, no hubo tiempo de cambiarlo.

El actual administrador de la lonchería, Muñol Von Mah, nieto de Julio Wong, dice que su abuelo siempre quiso cambiarle el nombre porque decía que era un disparate que un sitio de comida en el caribe tuviera el nombre de Polo Norte.

Eso solo ocurrió 30 años después, cuando tuvo la oportunidad, pues la nómina de trabajadores le había crecido y su contador le aconsejó cambiar la razón social para hacer algunos ajustes.

El nombre escogido fue Nuevo Oriente, pero el mismo Wong se dio cuenta que había cometido un error.

“Cuando le pedían a un taxista que lo llevaran al Nuevo Oriente nadie sabía dónde quedaba, pero el nombre de Polo Norte todos lo tenían grabado en la memoria, y por eso tuvo que volverse a llamar así”, señala Muñol.

Ha sido tanta la notoriedad que ha tenido a través de los años El polito, como es conocido también, que buena parte de la historia política de Cartagena se escribió en sus mesas.

“Aquí venían los alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y dirigentes a componer y descomponer la ciudad en las tertulias que se hacían de 9 a 11 de la mañana”, cuenta Muñol.

Cafetería ‘Neiva York’, parada obligada de quien viaja hacia Neiva

Un letrero en letras blancas sobre un rectángulo negro, de pasta, anuncia al viajero que ha llegado a Neiva York, en la terminal de Transportes de Bogotá.

Esta cafetería ubicada en el Módulo 1 de la Terminal ofrece mesas y una taza de café de la cual disfrutar. También venden chocolates, dulces y bocadillos para los viajeros.

Además, puede encontrar peluches, maletines, gafas de sol y gruesas cobijas de algodón para los viajes a tierra fría. En resumen, todo lo que un viajero, afanado o no, podría necesitar mientras llega a su destino.

Por la época del 14 de marzo de 1984, cuando la Terminal inició labores, Orlando Orjuela, comerciante oriundo del municipio cundinamarqués de Manta, fundó este local en el naciente punto neurálgico del transporte interdepartamental colombiano.

Acostumbrado a ganarse la vida con sus propias manos, Orlando condujo un taxi, trabajó en el negocio de la tipografía, distribuyó aguardiente Cristal y vendió arepas rellenas cuando vivió en Venezuela junto a su esposa y sus tres hijos. Así se rebuscó sus propios pesos antes de comprarle a Fernando López, un joven comerciante como él en aquella época, la cafetería Neiva York, el único de sus locales que ha conservado su llamativo nombre original desde hace 31 años.

“Cuando vivía con mi familia en Venezuela, en Ciudad Guayana, conocí a muchos colombianos que eran de Neiva”, recuerda Orlando. “Ellos se referían a su ciudad como Neiva York. Se sentían orgullosos de compararla con Nueva York”, asegura.

Cuando volvió a Colombia, cinco años después, la Terminal de transportes estaba recién inaugurada. Decidió probar suerte y comprar el local que, por coincidencia, ya se llamaba Neiva York.

“Antes de volver a Colombia yo ya conocía eso de Neiva York por los colombianos que le compraban su arepas en Venezuela”, cuenta el comerciante. “Yo, sin ser de Neiva, siempre he tenido una conexión con la gente de allá”, concluye el hombre.

Es por esta conexión que se ha ganado el reconocimiento de la gente que viaja para Neiva. También, por el servicio que presta.

Ojos de perro azul, el restaurante que nació por amor a una mascota

En la colina de San Antonio, en la capital del Valle, un restaurante evoca la memoria de un perro que motivó la construcción del establecimiento, en el cual se rinde homenaje al mejor amigo de una familia caleña.

El nombre del local evoca la canción de Rubén Blades y el libro 'Ojos de perro azul', de Gabriel García Márquez, pero realmente se debe a que los dueños tenían un perro de un ojo azul y otro café, al cual bautizaron Juancho Medina.

El negocio empezó en el 2004, para salvar a Juancho, debido a que padecía la enfermedad de babesia y la cura era muy costosa. Así que se hizo una fiesta para reunir los fondos suficientes con el fin de salvar a al animal.

Al evento asistió mucha gente, se recogió el dinero para la primera parte de la formula médica y en adelante se empezaron a hacer eventos esporádicos, pero no dejaba de ser solo una casa.

Finalmente, la gente empezó a pedir que se hicieran más eventos y así se convirtió en un establecimiento fijo.

Alexandra Medina, su propietaria, sostiene que se puede describir como un tertuliadero, un lugar para que la gente pueda ir a conversar y escuchar música en vivo. En cierta forma, es un punto de encuentro para el público bohemio de Cali.

El lugar, ubicado en la carrera 9 No. 1-27, en el mítico sector de San Antonio, tiene una carta amplia que va desde entradas como empanadas vallunas, marranitas y chorizos, hasta platos intermedios como sándwiches y chaguarmas.

Dentro de los platos fuertes están los lomos y la especialidad de la casa son las tostadas grandes con salsas especiales e ingredientes gourmet.

Ya han pasado 11 años desde aquellas pericias que buscaban salvar a Juancho, que murió hace cinco.

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