¿Ganaron todos?

¿Ganaron todos?

Estamos a tiempo para mejorar el sistema político electoral, con miras a la próxima contienda.

notitle
27 de octubre 2015 , 06:46 p.m.

Como estudiante en el Tolima veía a un pintoresco personaje de la política local parado frente a las mesas de votación que al cierre de los comicios preguntaba: “¿quiénes ganamos?”.

Tras las regionales del 25, todos los jefes políticos, sin excepción y a la manera de mi paisano, ya no preguntaron sino que proclamaron eufóricos: “¡ganamos!”, en fiel expresión de nuestro sistema político electoral.

La falta de partidos serios ha permitido que mediante coaliciones y sin conocer hasta dónde llegó la cuota de cada cual en el triunfo, o si es del caso también en la derrota, todos, con mayor o menor cinismo, acomodan guarismos, situaciones y personas para reclamar victorias que a veces no son tales. Puede aplicarse la figura del antiguo derecho penal de la “complicidad correlativa”: todos tienen una parte y no tienen nada.

Si el elegido está cuestionado, parecerían alegar que el voto popular todo lo lava. Si llegó al partido al final pidiendo de prisa un aval (que hoy no se le niega a nadie, como se decía de un auto de detención), se le gradúa de militante convencido de siempre. Si se ganó en departamentos con muy poca representatividad electoral, se afirma que no puede haber odiosa discriminación entre aquellos. Si el elegido no es de equis partido, se argumenta que lo fue en otra época o que aún lo son sus padres.

Por eso, la primera reflexión que se impone es reinventar los partidos. Cierto que en grandes ciudades o en departamentos electoralmente significativos ganaron candidatos “independientes”, presentados por firmas. Pero detrás de muchísimos “cívicos” estaban reconocidas maquinarias o caciques, como diría Nairo Quintana, “chupando rueda”.

Son movimientos fugaces que en cuatro años tal vez no existan. En Bogotá, los ‘Verdes’ se dividieron entre los tres candidatos punteros. La repudiada Opción Ciudadana, antes Convergencia, les sirvió a partidos como el Liberal o Cambio Radical para ganar alcaldías o gobernaciones, sin sonrojarse. Movimientos indígenas o de afrodescendientes no presentaron candidatos propios: solo repartieron avales o apoyos sin mayor coherencia.

Los “controles” solo se activan en víspera de elecciones, olvidando que el fraude no se da en el último día sino que arranca con la inicial repartición de puestos y contratos. Ya no se da el ‘chocorazo’.

En pocos meses valdría indagar sobre las investigaciones de última hora por trashumancia, intervención indebida en política, constreñimiento o enriquecimiento ilícito. Parecería que solo se dan “controles” aparentes cuando desde el comienzo se sabe que la corrupción y el fraude están en el sistema.

Los “topes electorales” siguen siendo un chiste. Bastaría con que el Consejo Electoral revisara más allá de las cuentas formales que presentan los candidatos (elegidos o no), sus pautas publicitarias, las vallas, el dinero en efectivo, sus cuñas, para determinar con relativa facilidad esa violación que supone pérdida de la curul y aun falsedad documental.
Es hora de mirar sin apasionamiento las encuestas, ya que en 3 años habrá nuevas elecciones. Buena tarea para el Congreso.

Cierto que ahora disminuyó ligeramente la abstención, pero no tranquiliza saber que, por ejemplo en Bogotá, con cerca de seis millones de electores potenciales, menos de tres decidan la suerte de la urbe. A mayor electorado, menor espacio para compraventa de votos.

Debe darse más atención a la trayectoria de los candidatos. La “responsabilidad política” solo se aduce en unos casos, como pasó con Clara López, a quien le dedujeron (los medios, pero también los electores) una responsabilidad que a nadie más se le reclamó.

En todo caso, que una líder como ella, en medio de tantas desventajas, saque quinientos mil votos es hecho político que no se puede desconocer.

Justo es resaltar el papel del Ejercito y la Policía, y del registrador Carlos Ariel Sánchez para garantizar el derecho al voto.

Estamos a tiempo para mejorar el sistema político electoral, con miras a la próxima contienda.


Alfonso Gómez Méndez

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.