El campo de refugiados en que los niños tiran piedras desde los 7 años

El campo de refugiados en que los niños tiran piedras desde los 7 años

En Shuafat, Jerusalén, los menores rechazan la ocupación israelí lanzando objetos a los soldados.

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27 de octubre 2015 , 03:34 a.m.

En el campo de refugiados de Shuafat, niños palestinos aprenden desde los 7 años a lanzar piedras contra los policías armados que controlan el acceso a este empobrecido lugar: es su único medio, aseguran, de oponerse a la ocupación israelí.

La semana pasada la Policía informó de que había capturado a un "grupo de estudiantes que planeaba llevar a cabo un ataque terrorista". Más tarde reveló que se trataba de cinco adolescentes de este campo de refugiados que sacaron del lugar -cercado por un muro de hormigón de ocho metros de altura- una mochila escolar con dos cuchillos con los que pretendían atacar a israelíes.

Los chicos tenían entre 12 y 14 años y, según la Policía, intentaban unirse a la oleada de jovencísimos atacantes que han extendido el terror entre los israelíes con más de una treintena de apuñalamientos o supuestos apuñalamientos, consumados o frustrados, que se suceden desde principios de mes.

A muchos de su edad les hierve la sangre ante lo que consideran "injusticias y provocaciones de la ocupación israelí". Cientos de ellos acuden cada viernes al control a la entrada del campo a lanzar piedras y cócteles molotov a los guardas que se encuentran en las entradas y salidas.

"Tenemos que protegernos a nosotros mismos, proteger nuestro barrio, nuestras casas, impedir que entren. Vienen y nos tratan muy mal, tratan a nuestras mujeres mal, entran en nuestras casas sin ningún respeto", explica a la agencia Efe, Abu Jalil, nombre ficticio de un adolescente de 15 años.

"Desde los 7 años ya hacemos cada uno lo que podemos. La resistencia no es solo tirar piedras", dice.
Desdeña las nuevas leyes israelíes que establecen penas de prisión de hasta 20 años por lanzar piedras y señala que "los jóvenes ya no aguantan esta situación, esta presión".

"Los adultos todavía tienen paciencia, pero los pequeños no, por eso explotan y hacen estas operaciones", en referencia a la oleada de ataques con cuchillos y advierte de que su generación está dispuesta a "hacer una tercera intifada, y una cuarta y una quinta, hasta que nuestra tierra sea liberada".

Tampoco quiere decir su nombre otro adolescente de 14 años que asegura que empezó a tirar piedras "cuando tenía 9, a la salida del colegio". "Nos tiran gas lacrimógeno, nos disparan con balas y balas de goma, pero no tenemos miedo", dice.

¿Sus motivos? Las fuerzas israelíes "no dejan a los palestinos entrar en (la mezquita de) Al Aqsa, prohíben el paso incluso a las mujeres, destruyen las casas de los mártires (muertos en atentados o ataques) y entran en nuestras casas sin respeto". "Lo hacemos para liberar nuestra tierra, para liberar nuestra mezquita", dice, y añade que Israel les obliga a "defenderse".

Aún más pequeño, Yokar, de 8 años (nombre ficticio) reconoce con suavidad y casi con vergüenza: "Si, tiro piedras". "Lo hago para defender a nuestra gente. Para liberar a nuestros presos, para defender Al Aqsa" explica, y dice que no le ha tenido que enseñar nadie, que aquí "aprende uno solo, de los chicos".

"He dado a un soldado", dice orgulloso y narra que cuando los militares entran en el campo va al tejado: "desde ahí tiro piedras". Según dijo recientemente el periodista del Yediot Aharonot Alex Fishman, las autoridades israelíes admiten que en este campo hay un arsenal de unas 3.000 armas, como rifles de asalto Kalashnikov y M-16, granadas y artefactos explosivos de fabricación casera.

De aquí procedían tres de los autores de ataques de las últimas tres semanas, como Subhe Abu Jalife, de 19 años y que apuñaló a un israelí cerca de una parada del tranvía. Su padre, Ibrahim Abu Jalife, reconoce a Efe que su hijo "hizo una operación de apuñalamiento", lo que, aunque le sorprendió, entiende como un acto de "defensa de las mujeres palestinas".

"Están atacando nuestra religión, nosotros no atacamos la suya ni sus lugares sagrados. La situación social a nuestro alrededor, de encierro, el cierre de Al Aqsa, el que prohíban entrar a las mujeres, todo ello crea una presión que genera la explosión", lamenta.

Israel niega que trate de cambiar el statu quo en la explanada -sagrada para musulmanes y judíos- pero las declaraciones de las autoridades no son tomadas en serio en las estrechas, caóticas y sucias calles del campo de refugiados de Shuafat, donde crecen el odio y los tiradores de piedras.

EFE

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