Democracia en el zoológico

Democracia en el zoológico

El cóndor es una especie en peligro de extinción, al igual que los demás candidatos.

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26 de octubre 2015 , 07:28 p.m.

Decía Wilde que lo malo de no caer en las tentaciones es que después no se vuelven a presentar. Por eso había que estar presente en la elección de alcalde del zoológico Santa Fe, en Medellín, el domingo 25 que hoy es historia y mañana será olvido. La elección tenía el encanto de que estaba exenta de ‘mermeladilidad’. El riesgo de chocorazo era ínfimo. Fuera democracia del tamal. Adiós, jugosos contratos para pagar apoyos económicos. La gasa y la pomada para atender el pabellón de quemados tampoco reactivaría la economía.

Ante esta tentadora propuesta que adecenta la política, opté por las urnas del zoológico. De los cinco candidatos, me abrumaba la mirada de voyerista, fría, evasiva, misteriosa, escrutadora, del búho. Un candidato así es capaz de venderse por un plato de lentejas encarnado en notaría.

El flamenco rojo privilegia el trabajo en equipo. Los elásticos flamencos andan en grupo, como los mormones que van por la calle con el nombre grabado en la camisa por si se pierden. Para evitarme otra derrota en las urnas, le dije adiós a esta opción electoral.

La guacamaya lleva su ruidosa alegría a color regada por todo el plumaje. Es la parienta de mejor familia del loro. Pero sin voz. Le negué el voto. Cuando hagamos la casquivana paz, habrá que cambiar la ingenua paloma por la vistosa guacamaya. Será la mejor forma de celebrar que los colombianos volveremos a morir de prosaicas pulmonías, no de plomonías.

El jaguar es la arrogancia suramericana hecha felino. Este carnívoro fácilmente se daría en la jeta con el león o el tigre. (Salvo el viejo león del Santa Fe, que no espanta moscas con la cola. Aunque la misión-visión del zoológico moderno es sensibilizar al niño –y al adulto– con sus hermanos mayores, los animales). Ya que la idea es arreglar por las buenas esta patria boba en la que nadie gana ni pierde la guerra, dejé al jaguar en su magnífica soledad.

No hay quinto malo. Por eso me decidí por el imponente cóndor de los Andes, ave nacional de muchos países. Como el hombre mata lo que más ama, y el cóndor encarna la libertad, es una especie en peligro de extinción al igual que los demás candidatos. Voté con las ganas, pues solo los niños podían sufragar. (Arrasó el jaguar hembra: desnutridas felicitaciones).


Óscar Domínguez Giraldo

www.oscardominguezgiraldo.com

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