'Paseo' mortal

'Paseo' mortal

El Everest ha sido escenario de gestas de valor, tragedias, locuras, incluso del más abyecto egoísmo

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26 de octubre 2015 , 07:05 p.m.

Usted también, querido lector, puede aspirar a treparse al punto más alto de la tierra, el Everest, a 8.848 metros sobre el nivel del mar. “Basta” con que tenga buenas piernas, excelente salud, fuertes pulmones, muchas ganas, algo de ejercicio, ojalá bastante, y sobre todo unos pesitos para pagar a quien le haga los engorrosos trámites, pague los seguros, los permisos y consiga quién le lleve el tanque de oxígeno, le dé la mano, lo apoye, lo empuje y hasta lo cargue. Todo por 60.000 dólares. Son las expediciones comerciales, que se encargan de todo y de las que abominan, con toda razón, los alpinistas valientes y esforzados porque las acusan de irresponsables.

Desde la década de los años veintes del siglo pasado, los países europeos y EE. UU rivalizaban por ser los primeros en colocar en la cumbre del planeta a uno de sus ciudadanos. Así desaparecieron, en 1924, los británicos Mallory e Irvine a más de 8.000 metros. En 1999 encontraron el cadáver congelado de Mallory. No se sabe si lograron la cumbre, hecho que sí ocurrió el 29 de mayo de 1953 con Edmund Hillary y el 'sherpa' Tenzing Norgay.

Desde entonces, el Everest ha sido escenario de gestas de valor, heroísmo, tragedias, locuras, incluso de casos del más abyecto egoísmo. Valor de los que suben hasta la cumbre sin ayuda de oxígeno artificial y por ello son merecedores de admiración; heroísmo como el de Anatoli Boukreev, que a riesgo de perder su vida salvó de morir congelados a tres turistas a más de 8.000 metros en una gesta de valor impresionante; tragedias como la que escenifica maravillosamente la película 'Everest'; locuras como la del alucinado que cargó una cruz para subirla hasta la cumbre, llevando ropa y calzado de calle; lo encontraron congelado; egoísmo supremo y detestable de unos holandeses que dejaron morir a un alpinista que, a pocos metros de la carpa donde ellos estaban, les pedía ayuda, cerraron la carpa e hicieron caso omiso de la petición de auxilio; permitieron que muriera congelado.

La película de marras, unánimemente elogiada porque no inventa hazañas increíbles e irreales que otras películas sobre escaladas en el Himalaya sí han mostrado, se basa en la historia ocurrida en mayo de 1996, cuando dos expediciones comerciales se encontraban escalando el Everest por la misma vía de la cara sur. Scott Fischer y Rob Hall, experimentados alpinistas que ya habían subido el Everest, eran los directores de cada grupo. Ya muy cerca de la cumbre hay un paso clave donde no se camina sino que se debe escalar unos pocos metros de roca. Se llama el ‘escalón Hillary’. Los dos grupos se juntaron allí tanto para la subida como para el regreso y perdieron mucho tiempo, porque solo podían subir de uno en uno y todos estaban muy cansados.

Los que han escalado el Everest saben que a las 2 de la tarde ya deben estar de regreso de la cumbre. Aquí no ocurrió así. Los dos jefes de grupo se portaron como valientes tratando de salvar a sus clientes. Allí fue donde Boukreev mostró su grandeza y heroísmo. La escena de Rob Hall hablando moribundo desde 8.000 metros con su esposa es absolutamente real.


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Este viernes 30 de octubre, a las 7 de la noche, como todos los últimos viernes de mes desde hace 38 años, el Colegio Champagnat presenta los lugares más bellos de Colombia y del planeta. Es el turno para la isla de Sicilia, tierra de Empédocles, de Arquímedes, del famoso Etna y de Polifemo. En Sicilia veraneaban los dioses griegos.

Andrés Hurtado García

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