Las victorias, los fracasos y las obsesiones de Enrique Peñalosa

Las victorias, los fracasos y las obsesiones de Enrique Peñalosa

Con terquedad y persistencia logró ocupar el segundo cargo más importante del país.

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26 de octubre 2015 , 12:43 a.m.

Enrique Peñalosa Londoño genera resistencia. Pero si un alcalde de los recién elegidos en Colombia puede decir sin temor a ser rebatido que conoce para dónde van el mundo urbano, las fortalezas y debilidades de las ciudades, las prácticas que las impulsan y las que las atrasan, es Enrique Peñalosa Londoño.

Quienes lo conocen y han trabajado con él dicen que la terquedad es uno de los principales rasgos de su carácter. Incluso, le atribuyen a esa característica el alejamiento de colaboradores que en el pasado lo han acompañado en su lucha por la Alcaldía. Él reconoce que es terco, pero si le dan argumentos es capaz de ceder y reconsiderar. (Lea: 'Nuestro gobierno será de todos, nadie será excluido')

En su obsesión por la alcaldía, la terquedad ha sido una muestra de persistencia que terminó rindiendo sus frutos. Se presentó dos veces a las elecciones antes de ganar en 1997 y dos veces antes del triunfo de este domingo.

También dicen que es arrogante y a él esa atribución le causa hilaridad, y es porque es incapaz de quedarse callado cuando de defender su obra de gobierno se trata. Ahí no ahorra adjetivos ni tono de voz y es cuando dicen que suena arrogante. Pero con la gente, sobre todo en la campaña que acaba de terminar, es cálido y cercano. (Vea la vida de Enrique Peñalosa en Fotos)

Más allá del carácter, hay algo que nadie, ni sus contradictores, pone en duda: el conocimiento de lo urbano. De su equipaje hacen parte cientos, miles de fotos que ha tomado en las ciudades del mundo que ha visitado a lo largo de los últimos quince años. Y junto con las fotos, siempre están la vehemencia, la pasión y la convicción con las que habla de lo urbano y de la ciudad. “Amo a Bogotá”, afirma cada vez que puede.

Tres lustros de consultor y asesor de lo urbano hablan del aprendizaje que ha tenido después de terminar su primer gobierno como alcalde de Bogotá cerrando el siglo XX (1998-2000). Desde entonces en su lista hay asesorías y consultorías en 159 ciudades del mundo. Ha estado en todos los continentes, en ciudades grandes y pequeñas. En lo que los estudiosos han llamado el primero y el tercer mundo. (Lea: 'Si se tiene un sueño hay que persistir': Enrique Peñalosa)

Ha ido a contarles lo que hizo en Bogotá con TransMilenio, con la construcción de colegios de estrato alto para los barrios pobres, con el invento de las ciclorrutas y las alamedas para los ciclistas y los peatones, con su obsesión por los parques y los andenes.

Y mientras las asesoraba, Peñalosa caminaba las ciudades a donde llegaba.Por eso, en el camino de ser consultor ha conocido de cerca los problemas urbanos y humanos que las apremian. Y ahora, las enseñanzas de 15 años las trae a la alcaldía de Bogotá, en un momento en que su figura fue vista por los electores que optaron por él como el símbolo del cambio y la transformación de Bogotá, después de 12 años de gobiernos de izquierda.

Quienes lo han acompañado en la campaña están seguros de que la nueva versión de Peñalosa podrá gobernar sin mirarse al ombligo, porque cada acción que ponga en marcha tendrá el referente de lo que pasa en otras ciudades del mundo, que él ha visto y sentido por sí mismo.

El derecho a soñar con una mejor ciudad hace parte de sus convicciones. Así lo dijo en su discurso como ganador de las elecciones. “Vamos a hacer una Bogotá a la altura de nuestros sueños más ambiciosos”. Es un convencido de que las ciudades deben generar felicidad e igualdad para todas las personas y en su concepto el espacio público de calidad es el mejor escenario para luchar contra la segregación social.

La familia lo impulsa

El nuevo alcalde de Bogotá nació el 30 de septiembre de 1954 en Washington (Estados Unidos), en el seno de una familia bogotana, mientras su padre, Enrique Peñalosa Camargo, ejercía como gerente administrativo del Banco Interamericano de Desarrollo. En su discurso lo evocó. “No puedo dejar de referirme a mi padre, quien me enseñó el amor por la ciudad y por el servicio público”.

Peñalosa estudió el bachillerato en el Gimnasio Campestre y en el Colegio Refous, de Bogotá, y a los 15 años se trasladó con su familia a Estados Unidos debido al trabajo de su padre como embajador de Colombia ante la Organización de las Naciones Unidas. (Lea: Las promesas que Enrique Peñalosa deberá cumplir en su administración)

Estudió economía e historia en la Universidad de Duke, a donde llegó con una beca por ser buen futbolista. A los 25 años regresó a Bogotá, después de renunciar a la ciudadanía estadounidense. Era el año 1979.

Dos años después se casó con Liliana Sánchez, una estudiante que había conocido a los 18 años y que desde entonces ha sido su llave en todas las aventuras políticas que ha emprendido junto con sus hijos, Renata y Martín, quien tenía 1 año cuando ganó su primera alcaldía en 1997 y en esta ocasión votó por primera vez en su vida.

Es el primer triunfo que celebra su hijo, pues Peñalosa ha ido de derrota en derrota tras el segundo cargo más importante del país, que ahora logró alcanzar después de mucha persistencia. Los dos primeros intentos los hizo en 1991 y en 1994, con un estilo que entonces era inédito en la política bogotana: recorriendo calles a pie y en transporte público para hacer contacto personal con las personas. En ninguna de las dos ocasiones ganó, pero al terminar, mucha gente lo había conocido personalmente. Él se enorgullece cada vez que rememora y cuenta que no ganó, pero la gente a la que le preguntaban decía que lo había conocido personalmente.

La vencida fue en 1997, cuando inscribió su nombre con firmas ciudadanas con el movimiento Por la Bogotá que Soñamos. ‘Soñar’. Es una palabra que está siempre presente en su vocabulario.

En su gobierno, que entonces era de tres y no de cuatro años, sorprendió con medidas impopulares como sacar los carros particulares que se habían tomado los andenes. Ante la resistencia, acudió a la instalación de bolardos en los andenes. En su momento fueron criticados, y hoy han sido imitados en muchas ciudades del mundo y él, por si acaso, ha tomado fotos de todo el mundo y las carga consigo para sacarlas cuando el tema sale a relucir.

De su autoría también fue el ‘día sin carro’, que llevó a consulta popular y la medida de pico y placa para carros particulares. Cuando adoptó esta última la velocidad de movilidad en la ciudad era de 10 kilómetros por hora.

Estas medidas estaban amparadas en un propósito: privilegiar el transporte público sobre el carro particular. Por eso le apostó a TransMilenio, el sistema de transporte que revolucionó el servicio en la ciudad y que se convirtió en un modelo mundial. También construyó ciclorrutas, priorizó el arreglo y construcción de parques y alamedas. El peatón y el ciclista llegaron a la agenda pública.

En su primer gobierno también erradicó la calle del Cartucho, el mayor centro de distribución de droga y armas que se consolidó por más de 20 años en el centro de Bogotá. Como Alcalde, expropió las viviendas que se habían convertido en centros de expendio y consumo y construyó el que hoy se conoce como parque Tercer Milenio.

El dolor de cabeza de su gobierno, que vino tras dejar la alcaldía, fue la mala calidad de las losas de las troncales de la avenida Caracas y la autopista Norte, que se dañaron desde el primer año. Peñalosa y sus funcionarios siempre han atribuido el problema a un tema técnico, pero el daño se ha mantenido por 15 años sin solución de los gobiernos que siguieron.

En el 2011, volvió a intentar llegar a la Alcaldía, pero perdió las elecciones con Samuel Moreno, el candidato del Polo Democrático Alternativo.

En septiembre del 2009 se adhirió al Partido Verde, con los también exalcaldes Luis Eduardo Garzón y Antanas Mockus. Volvió a lanzarse a la Alcaldía y esta vez perdió con Gustavo Petro, que ganó con el movimiento Progresistas con el 32,22 por ciento de los votos. (Lea: Después de 12 años, izquierda pierde su bastión: la Alcaldía de Bogotá)

En marzo del 2014, Peñalosa ganó la consulta popular para ser candidato de la Alianza Verde a la Presidencia de la República y sacó más de dos millones de votos.

Es, sin duda alguna, el alcalde más apasionado por lo urbano que ha tenido Bogotá. Un alcalde que a sus derrotas pasadas les llama aprendizaje, pues dice que siempre está experimentando.

Ahora, en la carrera por la alcaldía de Bogotá, no se bajó de su bicicleta, y volvió a soltar propuestas que él considera moldearán la ciudad del futuro.

Solo me interesa ser alcalde con todo mi corazón, y nada más”, dice.

YOLANDA GÓMEZ
Editora EL TIEMPO

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