Editorial: ¿Primera oportunidad?

Editorial: ¿Primera oportunidad?

Es la primera vez que se somete a consideración de la ONU un pronunciamiento entre Cuba y EE. UU.

25 de octubre 2015 , 11:19 p.m.

Una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que deberá votarse mañana ha generado un interés inusual. Impulsada por Cuba, esta condena el embargo que Estados Unidos decretó sobre la isla en octubre de 1960.

La razón es que es la primera vez que se somete a consideración de los países miembros de la ONU un pronunciamiento contra dicha disposición desde el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre la isla y la nación del norte.

Dada esta nueva realidad, desde hace varias semanas se especuló sobre la posibilidad de que la delegación de EE. UU. decidiera optar por la abstención. Un gesto así hubiese sido, sin duda, un paso contundente en el camino del deshielo. Es bien sabido que una total normalización no es posible sin dicho paso, el cual está en manos de un Congreso de mayoría republicana.

El gobierno de Raúl Castro ha reiterado en varias ocasiones que este es un inamovible. Recientemente, con motivo de su presencia en Nueva York para intervenir ante el pleno de este organismo, el mandatario cubano le pidió a Obama que llevara al límite las facultades ejecutivas que tiene a su alcance para debilitar el bloqueo.

Ojalá se produzca tal gesto. Diversos medios aseguraron a finales de la semana pasada, citando fuentes de la entraña de la Casa Blanca, que el voto del país de Barack Obama será negativo. La razón: que el borrador del documento “no refleja por completo” el nuevo espíritu de las relaciones.

Sería deseable una sorpresa de última hora, no obstante el escepticismo de los conocedores. Aunque dichas resoluciones no son obligatorias, el escenario en el que se producen, sumado a la coyuntura, le daría a una abstención de Estados Unidos un valor simbólico enorme y, sobre todo, necesario.

Decimos necesario, pues a estas alturas es claro que el bloqueo no solo no logró su objetivo de debilitar hasta obligar a los Castro a dejar el poder, sino que tuvo un efecto contrario y, lo que es peor, es un hecho que quienes más han sentido su rigor son los cubanos. Las generaciones actuales poco entienden por qué no es posible una relación más libre y abierta con un Estado que está presto ya no a estigmatizar o a perseguir, sino a ser aliado en la búsqueda de unas mejores condiciones de vida. Se trata de eso, nada más.

EDITORIAL
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