La peor televisión de Colombia / El otro lado

La peor televisión de Colombia / El otro lado

Hay cuatro programas que no salen de la pantalla, aunque su rating y producción sean patéticos.

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25 de octubre 2015 , 04:09 p.m.

No hay peor televisión que la mala que se impone. Y en Colombia tenemos cuatro adefesios impuestos a la brava cada noche: ‘El minuto de Dios’, ‘Los niños buscan su hogar’, el espacio de los partidos políticos y ‘El boletín del consumidor’.

El minuto de Dios es el programa más viejo de Colombia. Lleva 60 años en pantalla. Y nunca ha variado de formato: un cura hablando, poco se sabe de qué, ni para qué. Solo nos sabemos “en tus manos colocamos este día que ya pasó y la noche que llega”. Dios tiene un minuto y no dice nada. (Lea también: 'Habrá Minuto de Dios hasta que nos aguante la cuerda')

‘Los niños buscan su hogar’, del ICBF, es el programa más trágico de la tele nacional. Unos niños con unas fotos terribles son expuestos públicamente a la miseria de no tener quién los quiera. Otro formato que no busca interesar al televidente, solo cumple la norma y la orden, esa que dice que ‘hacer que se hace algo, es ya hacer’.

El espacio de los partidos políticos documenta cada noche cómo nuestros políticos son feos, mal hablados y dicen muchas estupideces. Este espacio es una pasarela de lo peor de Colombia, y no porque sean los políticos, sino porque es un programa sin formato, sin estética, sin ninguna intención para comunicar.

‘El boletín del consumidor’ es una cosa ya sublime en lo patético. Un muñequito habla de la papa y la yuca, eventos, leyes y demás lejanías del consumidor.

Aparecen unos señores muy bien alimentados y que poco consumen hablando de cosas inauditas. Reina el único consumidor de Colombia, el señor Armel.

Y del consumidor y de las historias de sus derechos poco hay. Nunca gestionan casos donde se defienda al consumidor. Y al consumidor televidente se le agrede con tal mal programa.

Estos cuatro programas impuestos son lo peor de la televisión, y no salen de la pantalla aunque su rating y producción sean patéticos.

Pero son muy significativos de la nación política colombiana que tenemos. Demuestran que no somos una nación que respeta y promueve la diversidad de religiones sino que somos parroquia del Dios católico, ese que habla mucho y poco comunica.

También demuestran la indolencia de los políticos con la realidad. El desfile patético de políticos sin ideas pero con mucho cinismo público muestra cómo en este país el problema mayor son sus políticos: incompetentes hasta para salir en televisión.

Se expresa cómo esta sociedad es productora irresponsable de niños y los abandonamos a su destino. El maltrato infantil queda documentado cada noche: esos niños son colombianos y han sido botados a la calle, son humanos desechables. Y a nadie le importa. Nadie dice nada. Y el Estado sigue indolente.

Y lo más grave está en que un programa que sería para defender y dar historia al consumidor como ciudadano se pierda en crearles imagen a señores como Armel y Hernández. Este programa en las TV públicas del mundo es buenísimo porque representa historias de cómo un ciudadano ejerce sus derechos en el consumo. En Colombia no representa a nadie.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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