Lo que se decide hoy

Lo que se decide hoy

El Alcalde de Bogotá estos 4 años representa a la izquierda que ojalá no gobierne el país.

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24 de octubre 2015 , 08:49 p.m.

Las próximas elecciones presidenciales en Colombia son en tres años. Lo cual suena lejísimos, pero está ahí a la vuelta. Para entonces, la izquierda colombiana tendrá una posibilidad real, la primera, de llegar al poder y de manejar el país.

La razón de que no lo haya hecho antes y de que Colombia, a diferencia de muchos otros vecinos, salvo en lo local, no haya ensayado aún un gobierno presidencial de izquierda se debe a la existencia de las Farc. El gobierno más cercano que hemos tenido a esa onda ha sido el de Belisario Betancur. ¡O por lo menos eso decían los enemigos de la paz de la época! (¡ja, ja!). Ya para el 2018 –si Dios y ‘Timochenko’ quieren– se habrá firmado la paz y en el imaginario colectivo colombiano, por fin, podría desvanecerse la asociación izquierda-guerrilla, que incluso ocasionó la tragedia histórica del genocidio de la UP.

Pero que se acaben las Farc no es el único motivo por el cual la izquierda colombiana se liberaría de sus históricos grilletes electorales. La crisis de los partidos tradicionales le está abriendo también un ancho camino. En Colombia se acabaron los partidos. A la clase política se la comieron la corrupción y el clientelismo. No hay sino que levantar la alfombra de estas elecciones y mirar por debajo. El resultado más probable de la jornada de hoy es que al Partido Liberal le vaya tan mal como al Conservador, que ‘la U’ (un parche) conserve unas mayorías coyunturales, que el uribismo se lleve (y no mucho más) el trofeo en Medellín; Cambio Radical podría dar una sorpresa, pero el ganador en la mayoría de municipios del país serán unas coaliciones variopintas y ‘enmermeladas’; por lo tanto, el espacio quedará abierto para unas novedades políticas inimaginables, que aún no hemos visto asomar en el escenario.

Una de las más probables será la de una izquierda democrática, con muchas posibilidades en las próximas presidenciales. Una izquierda cuyas gamas no solo oscilarán entre el extremo radical y el estilo moderado, sino, lo más delicado, entre una izquierda responsable y una populista.

Una izquierda populista como la que ha practicado el Alcalde que ha tenido Bogotá estos 4 años, y que ojalá nunca llegue a gobernar el país. Con los subsidios, los contratos y las milicias que se han construido alrededor de esos repartos. El ejemplo perfecto de todo eso es la Empresa de Acueducto de Bogotá. En estos últimos 4 años, Petro la desguazó descaradamente para alimentar sus designios populistas. Cómo será que, teniendo más ganancias, como denunció el Ministro de Vivienda, la empresa ha producido bajo esta alcaldía un 27 por ciento menos de utilidades con respecto al período de Samuel Moreno.

Ojalá esa izquierda de contratos y subsidios no se instale nunca en la presidencia de Colombia. Suficiente daño el que ya hizo a Bogotá, donde la supuesta bandera de Petro de reducción de la pobreza extrema fue superada por ciudades como Barranquilla, Montería y Valledupar, según cifras de ONU Hábitat. La voracidad política que nos instaló Petro impidió los avances de ciudad que Bogotá necesita en materia de seguridad, transporte, vivienda y educación, precisamente para disminuir las brechas sociales.

No es posible que los bogotanos nos volvamos a equivocar. Pero podríamos hacerlo si hoy no funciona en las urnas el concepto del voto útil.

Por encima de nuestro cariño por Rafael Pardo y por Pacho está Bogotá. Clara López, descaradamente –o desclaradamente–, se dejó apoyar en las últimas semanas de su campaña por las estructuras clientelistas de Petro. Por toda su red de contratos y de subsidios, y por todas sus milicias aceitadas. Por eso, si hoy pierde Peñalosa, Clara López quedará endeudada de gratitud con este alcalde. ¿Cuánto apoyo de Bogotá tendría que girarles Clara a las aspiraciones políticas futuras de Petro?

Y entonces el ejemplo de Venezuela se nos asomará cada vez más cerca. Allá ya vieron esta película. Una clase política corrupta, un populista paracaidista y ¡bum! Un país inviable.

Por eso la alcaldía de Bogotá que definiremos hoy tiene tanto que ver con el futuro de este país.

Entre tanto... Para el Concejo de Bogotá, es una garantía que siga Juan Carlos Flórez (ASI) y que llegue Silverio Gómez (‘la U’).

MARÍA ISABEL RUEDA

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