El fútbol ni siquiera sueña ser como el 'rugby'

El fútbol ni siquiera sueña ser como el 'rugby'

La coartada del fútbol para no instaurar la tecnología es que se cortaría demasiado el juego.

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24 de octubre 2015 , 03:17 p.m.

F. W. Campbell abandonó furioso la Freemason’s Tavern, de Londres. Perdió un debate clave y salió dando un portazo. Fue la noche del 26 de octubre de 1863. Estaban reunidos desde hacía horas representantes de clubes, capitanes de equipos y delegados de colegios. Todos jugaban al fútbol, pero se lo practicaba de maneras diferentes, con unas reglas, con otras. El cónclave era para unificar definitivamente criterios y establecer una sola forma de jugar. Buena parte del salón estaba a favor de institucionalizar el Código de Cambridge, un sencillo borrador con 10 reglas que son la génesis del fútbol. Llevaba el nombre de la universidad a la que pertenecían los alumnos que lo redactaron. En él se prohibía patear al adversario, pues el fútbol era muy criticado socialmente debido a su carácter violento. Tampoco se autorizaba a llevar o golpear el balón con las manos.

Campbell se opuso enfáticamente: “También pisotear al contrario es fútbol verdadero. Ya antes era así, nadie tiene el derecho de prohibirlo mediante la creación de nuevas reglas”. Defendió con ardor “el juego varonil”. Y criticó: “La gente que se opone a que se den puntapiés es porque es muy vieja para el espíritu de nuestro juego”.

No hubo acuerdo y decidieron votar. Se impuso la moción pro-Cambridge por 13 votos a 4. Allí quedaron para siempre separados en dos deportes el fútbol y el rugby. Esa noche de discusiones nació The Football Associaction, la actual federación inglesa. En enero de 1871, el mismo Campbell crearía la Unión de Rugby de Inglaterra. Su nombre deviene de la Universidad de Rugby, donde lo practicaban así. Lo notable es que el que se quedó con la brutalidad es hoy mucho más limpio.

De aquellas salvajadas de los inicios, y de vivir tantos años a la sombra de la popularidad del fútbol, el rugby fue evolucionando hasta el fulgurante presente en el que el juego es atractivo, fuerte pero leal y con reglas ejemplares. Recomendamos fervorosamente ver hoy la semifinal Australia-Argentina y la final el sábado próximo. No hace falta ser ducho en rugby para disfrutar su espectacularidad.

De no haber sido por el fantástico Mundial de rugby que se disputa en Inglaterra quizá no reparábamos de cuán mal está el fútbol. No el juego, que es realmente bueno. Pero ese tópico debemos agradecérselo actualmente a entrenadores y jugadores (en ese orden). Tampoco la pasión, que el público mantiene a tope. Hablamos del olor hediondo que emana de las altas esferas del deporte más querido. No pasa un día sin noticias de nuevos actos de corrupción. Y todos estamos persuadidos de algo: lo que se sabe, lo que se investiga es apenas el uno por ciento de lo que debe estar oculto. Y tiene que haber más nombres manchados que la veintena de acusados.

En 27 años de Conmebol nunca vimos dos dirigentes hablando de fútbol entre ellos. Algo como “¡Qué partidazo el de anoche!” o “Fulano la rompió” o “¡Cómo juega el Barcelona…!” Hablamos de presidentes de asociaciones o confederaciones. Las únicas charlas relacionadas con la pelota son por el convenio con Adidas o Nike. Todo gira en torno a dinero, contratos, derechos. Eso explica en buena medida por qué el rugby avanza y se convierte en un deporte sensacional: sus líderes piensan en el juego, cómo mejorarlo y hacerlo cada vez más apasionante. Sin cambiar la esencia introducen innovaciones constantes, buscan la excelencia. No trascienden denuncias de corrupción en este deporte.

Entre las muchas novedades resalta el uso de la tecnología. El TMO es el video al que se puede recurrir para dilucidar jugadas de try (equivalente al gol) y de faltas fuertes, para aplicar sanciones disciplinarias, pues la violencia está estrictamente prohibida y penalizada. No como en el fútbol, donde un jugador puede partirle la pierna a otro y a veces el juez ni siquiera pita falta. Un tackle (carga al rival) a destiempo puede costarle a un rugbier varias semanas de suspensión. Se cuida con celo que no sea un deporte peligroso. Además, todo lo que los jueces hablan entre ellos y con los jugadores lo puede escuchar el público por los altavoces. Transparencia máxima. Las avivadas no tienen lugar, el ‘Fair Play’ (juego limpio) es sagrado y las penas son severísimas. Ni hablar de las protestas y gestos descomedidos de los futbolistas hacia el árbitro. En el rugby no existen. La comisión disciplinaria fulminaría a los jugadores.

El fútbol sigue con el anticuado poder discrecional del referí. ¿Quién en Fifa puede estar pensando en mejorar las leyes del juego…? La mayoría está abocada a gambetear fiscales (la mejor ley no es la del off-side sino la del arresto domiciliario. La benemérita… ¡Que nunca la toquen…!). La coartada del fútbol para no instaurar la tecnología, tan conveniente para los poderosos, es que se cortaría demasiado el juego. En el rugby da un resultado maravilloso, se evitan las injusticias. Y las demoras no pasan de los 45 ó 60 segundos. El domingo jugaron Racing y Boca. Hubo penal para Racing, protestas airadas, consultas, dilaciones… Total: entre la sanción del juez y que se ejecutó el penal transcurrieron 3 minutos y 38 segundos. En muchísimos casos es así. Y no solo por penales, también por tiros libres, tiros de esquina, sustituciones, lesionados.

La MLS de Estados Unidos anunció recientemente que en 2016 comenzará a hacer pruebas con revisión de video en fallos sobre penales, tarjetas rojas y convalidación de goles. La FIFA lo prohíbe pero Estados Unidos no le tiene miedo, como no lo tuvo para enviar a la sombra a una quincena de dirigentes corruptos. Lo hará y FIFA lo aceptará. El vicepresidente de la MLS, Jeff Agoos (exdefensor que jugó el Mundial 2002) lo justificó con brillantez: “Hay tiempo de sobra para dar la información necesaria al árbitro. Dependiendo del incidente, la revisión será de 40 segundos a un minuto, tiempo suficiente para tomar la decisión”. Luego remató: "Proponemos usar la tecnología para mejorar el juego sin interrumpir el ritmo de este. Creemos que el árbitro debe tener la misma información, sino más, que el aficionado que va al partido. En este momento, el hincha tiene más acceso a lo ocurrido en su teléfono y eso no tiene sentido".

¡Increíblemente cierto! Con un celular o una tableta, un aficionado en la tribuna sabe mejor lo que pasó en el área que el juez, que pudo estar tapado o no tiene derecho a una repetición. Los mismos jueces debieran pedir el TMO en el fútbol.

¡Qué pena con el fútbol…! Ni siquiera sueña con ser como el rugby.

Último tango...

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
@JorgeBarrazaOK

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