Editorial: La hora del medioambiente

Editorial: La hora del medioambiente

Obama y 81 empresas prometen reducir el dióxido de carbono, un paso más contra el cambio climático.

23 de octubre 2015 , 08:09 p.m.

Aunque ya están sonando los ecos de la campaña que conducirá a reemplazarlo, Barack Obama sigue en el pulso para dejar hitos muy significativos en su paso por la Casa Blanca. El acuerdo nuclear con Irán y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba han generado la mayoría de los titulares, pero hay una lucha en la que el Presidente estadounidense ha sido más que persistente: el cambio climático.

El lunes pasado, Obama logró que las cabezas de 81 de las más grandes empresas de su país firmaran un acuerdo por el cual se comprometen a reducir sus emisiones de dióxido de carbono (CO2), mermar el consumo de agua y buscar fuentes de energía y de combustible alternativas al petróleo.

Luego de la firma, el mandatario dijo a estas compañías: “Considerar el cambio climático, la eficiencia energética y energías renovables no solo resulta no contradictorio con sus resultados, sino que los puede mejorar”, teniendo en cuenta que, en conjunto, estas generan cerca de 3 billones de dólares anuales en ingresos.

De acuerdo con la Casa Blanca, con esta acción las 81 empresas, entre las que se encuentran General Motors, Walmart, Nike, Coca-Cola, General Electrics y Procter & Gamble, por nombrar solo algunas, “demuestran su apoyo a acciones contra el cambio climático y para que el acuerdo de París suponga un fuerte paso adelante para un futuro bajo en carbono y sostenible”.

Se refiere a la Conferencia de las Naciones Unidas COP21, que se llevará a cabo a finales de noviembre en la capital francesa, en la que cada nación expondrá sus estrategias para salvar al planeta de la destrucción causada por los residuos de la actividad humana.

Ya este año la administración Obama había dado un paso clave cuando, en agosto, se anunció el Plan de Energía Limpia, según el cual para el 2030 debe reducirse en una tercera parte la contaminación por emisiones de dióxido de carbono.

En las naciones industrializadas esto supone un gran desafío político, pero bien vale la pena tomarlo. En EE. UU., por ejemplo, los republicanos ya han dicho que se opondrán a cualquier disposición que atente contra la generación de empleos en las grandes industrias, y sin duda la aplicación del Plan de Energía Limpia hará que se cierren varias factorías.

Pero medidas de esta clase e iniciativas que involucren a los más grandes capitales son las que pueden hacer la diferencia entre un clima agreste que haga de la supervivencia un reto diario y un planeta habitable para todos. La razón inmediatista del cálculo político no lo ve así.

La aparición de fenómenos meteorológicos de dimensiones monstruosas, como los huracanes Katrina y Patricia, que demuestran que ni siquiera los Estados ricos son invulnerables, es un recordatorio de que el calentamiento global es una realidad. No es una noción etérea, ni algo de lo que solamente hablan personajes como el exvicepresidente y premio nobel Albert Gore. Está aquí y ahora, haciendo estragos por todo el planeta, comenzando por nuestro propio país, azotado por un largo fenómeno del Niño.

En un mundo que actúa por imitación en muchas cosas, sería bueno que se reprodujera la iniciativa de Obama y que las grandes fuerzas de la economía mundial comprendieran que solo tenemos una casa y que sin planeta no hay ganancia.

editorial@eltiempo.com

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