Voto por la paz

Voto por la paz

Una vez más el hombre demuestra su poco interés para lograr la conciliación y la paz.

notitle
22 de octubre 2015 , 06:58 p.m.

Cuando el dramaturgo griego Aristófanes estrenó su comedia La paz, eran los tiempos del año 412 a. C., es decir, hace más de 2.500 años. Fue un enorme éxito por la actualidad de la obra, que se desarrolla durante una de las guerras del Peloponeso, y por la sátira escatológica, que tanto le gusta a la gran audiencia. Tuve el altísimo honor de reinaugurar, en 1966, el teatro griego de Segesta, en la costa norte de la isla de Sicilia, casi 2.000 años después, con esta obra emblemática, jugando el papel de Polemo (la guerra), por el cual tuve que aprender a montar en unos zancos de 4 pies.

Lo que se me hace increíble es que al releer la pieza se dicen casi las mismas palabras y se enuncian los mismos conceptos de este proceso de paz del tercer milenio. Una vez más el hombre demuestra su poco interés para lograr la conciliación y la paz, lo que debería ser la condición ideal de una vida en comunidad.

Cuando el campesino Trigenio decide subir a las alturas del Olimpo para pedir a Zeus su ayuda para conseguir la paz, encuentra la sorpresa de que todos los dioses, furiosos con los atenienses por su negación a la paz, han abandonado en manos de Polemo, dios de la guerra, el monte sagrado, y que este había encerrado la Paz (Irene) en una cueva tapada con enormes rocas.

Para salvar la Paz, el campesino pide ayuda a los atenienses de todas las clases para que, unidos, la liberen del encierro; y, naturalmente, hay opositores al proceso, especialmente los que se lucran de la guerra, los mercantes de armas, los politiqueros de profesión, los militares de carrera, que temen la desaparición de todos los privilegios que les da la condición de encontrarse en tiempo de guerra. Palabras de Guerra en el teatro de Aristófanes, que, aun siendo un opositor de la nueva tendencia, era un defensor de la democracia.

La obra termina en el matrimonio de Trigeo con Pomona, la diosa de la cosecha, alegórico final que le da a la Paz la solución de todos los problemas y aboga por el regreso de los campesinos a labrar sus campos, y a los artesanos y a las gentes de las ciudades a volver a trabajar para el bienestar común. En este tercer milenio, los colombianos estamos a punto de lograrlo, y por eso que yo voto por la paz.

Salvo Basile

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.