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En Bogotá, la opción es Clara

En Bogotá, la opción es Clara

Entre otras virtudes, López tuvo un desempeño brillante en el ejercicio de funciones oficiales.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
22 de octubre 2015 , 05:52 p. m.

Pasado mañana es domingo electoral. Tendremos unas elecciones acorraladas por las fuerzas de la corrupción, que están tratando de tomarse el régimen municipal, o acabar de tomárselo, mediante la imposición fraudulenta de candidatos financiados con los dineros oscuros de las mafias de diferente plumaje. El Consejo Nacional Electoral ha hecho un gran esfuerzo para contrarrestar tres de las estrategias del fraude: el trasteo de votantes, la compraventa de votos y de conciencias, y la inscripción de cédulas ‘chimbas’. No será suficiente. Hay que plantear una estricta vigilancia a posteriori. No permitir la posesión de candidatos elegidos (gobernadores, alcaldes, concejales, ediles, diputados, etc.) sobre los que se tengan dudas acerca de la legitimidad de los votos con que fueron favorecidos, o que no puedan dar una explicación satisfactoria de la procedencia honesta de los dineros que financiaron sus campañas. Hay dos meses, de aquí al 31 de diciembre, para ejercer esos controles, indispensables si queremos evitar que los próximos cuatro años sean de corrupción y desmadre administrativo como los que nos han precedido, o todavía peores.

Si nos atenemos a las encuestas, en Bogotá la cosa estará muy reñida. Peñalosa, que se sostiene como favorito, sin mayor distancia sobre Pardo y Clara, no ha podido pasar del 30 por ciento de la intención de voto de los encuestados. Si le sumamos el 24 por ciento de Pardo, el 19 por ciento de Clara, el 11 por ciento de Santos, el 6 por ciento del voto en blanco y el 3 por ciento de los independientes, según la encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC), nos da un total de intención de voto del 82 por ciento, que de cumplirse en las urnas, sería la cifra más alta en la historia de las elecciones en Bogotá (incluso en el país) con la abstención más baja, apenas del 18 por ciento, y que no daría margen a especular sobre por quién se decidirían los indecisos. Sería un signo de gran madurez política de los ciudadanos de Bogotá que el porcentaje de voto fuera, en efecto, del 82 por ciento; pero es por completo irreal. Si el total del sufragio alcanza al 50 o al 55 por ciento podremos darnos por bien servidos.

En conclusión, las encuestas siguen siendo un instrumento bastante defectuoso para medir la intención real de voto de los ciudadanos.

De la administración de Enrique Peñalosa hubo cosas buenas y cosas malas. Al ponerlas en la balanza, las malas pesan abrumadoramente sobre las buenas. Veamos las cinco más graves de las malas.

1) Peñalosa dejó a Bogotá sin el metro por meter el TransMilenio y engañó a los bogotanos con la mentira de que TransMilenio era el gran sustituto del metro. Gracias a esa tremenda equivocación, Bogotá padece hoy un servicio de transporte colapsado, y estaría paralizada de no haber actuado a tiempo el alcalde Petro con una solución provisional, el SITP, que también ya hace agua, porque el Gobierno Nacional, mañosamente, frustró (con la complacencia de Peñalosa) la iniciación de la primera línea del metro. 2) Llenó a la ciudad de unos bolardos antiestéticos, peligrosos y carísimos, que no sirvieron para taco. Hubo necesidad de sustituirlos después por bolardos técnica y urbanísticamente diseñados. ¿Cuánto dinero de los ciudadanos se despilfarró en esa operación bolardo? 3) El TransMilenio, además, quedó mal planeado, invadió una avenida inadecuada para ese tipo de transporte, como la Caracas, fracturó la ciudad y provocó un desastre vial y económico con la utilización de losas inservibles, cuya reparación constante ya le ha costado a la ciudad cerca de 600.000 millones de pesos. 4) Privatizó la Empresa de Energía de Bogotá, para entregársela a dos empresas extranjeras cuya acción inmediata fue la de pasar a mensual el cobro bimestral de las facturas, con la adehala cariñosa de que los usuarios del servicio comenzaron a recibir la factura mensual por el mismo costo que antes pagaban por la bimestral, es decir, la tarifa de la energía se les duplicó de un momento a otro. Periódicamente se hacen “descapitalizaciones”, que es como llaman el método por el que los dueños privados de la EEB se reparten las inmensas ganancias que derivan del sudor de los usuarios. 5) Acabó con la arborización de Bogotá y cubrió la ciudad de cemento. Por eso lo llaman ‘el doctor cemento’.

Muchas gracias, doctor Peñalosa, por esas obras que Bogotá no tiene cómo pagarle: dejarla sin el metro, envainarla con el TransMilenio, plagarla de feos bolardos, privatizar la energía, duplicar y reduplicar el costo del servicio de luz y convertir a Bogotá en una ciudad invivible. Mil gracias por sus buenas intenciones de privatizar el Acueducto y llenar la capital de obras faraónicas, innecesarias e inútiles, como la futura avenida ALO. Bogotá no la requiere, pero le servirá a Peñalosa (si el domingo lo eligen) para declarar que es una obra prioritaria y que, en consecuencia, no alcanza la plata para el metro. Bogotá no necesita la ALO; los contratistas, sí, pues, si no se hace la ALO, ¿de dónde saldrán los contraticos? Gracias, gracias, doctor Peñalosa. ¿Está usted convencido de que los bogotanos quieren tenerlo otra vez de alcalde? Tal vez, confiando en la mala memoria ciudadana.

No veo necesario reiterar, a dos días de los comicios, cuáles son las virtudes que califican a Clara López como la persona óptima para administrar a Bogotá en el próximo cuatrienio. Todos saben que es la mejor preparada académicamente y la de más experiencia en el ejercicio de funciones oficiales. Ha tenido un desempeño brillante en las que ha ejercido, incluida la alcaldía pro tempore de Bogotá por un lapso de seis meses, para terminar el período constitucional de Samuel Moreno Rojas, destituido por grave escándalo del ‘carrusel’ de la contratación, en el que Clara López nada tuvo que ver. Había dejado su cargo como secretaria de Gobierno dos años antes de que tales escándalos ocurrieran.

No me da miedo decir, en el sentido de que el inflado desprestigio de la administración Petro pueda restarle votos a Clara López, no me asusta de ninguna manera decir, y ya ella lo ha dicho (aunque no con el suficiente énfasis, a mi modo de ver) que Clara López seguirá adelante con la filosofía de la Bogotá Humana de Gustavo Petro. Esa Bogotá Humana que está realizando una administración diferente, honesta, no despilfarrando los recursos de la ciudad en obras colosales, sino invirtiéndolos en el arreglo de los miles de detalles que han sido descuidados durante el último medio siglo, y que han hecho de Bogotá una ciudad-cenicienta, una ciudad sin ciudadanos, que no es querida por nadie, porque ha sido, merced a la mala calidad de sus administradores anteriores, del año 46 para acá, una Bogotá inhumana. Petro comenzó a cambiar esa condición deplorable de nuestra capital, a humanizarla. Y Clara López Obregón continuará en esa tarea, que no por imperceptible a primera vista, deja de ser prodigiosa.

La opción para Bogotá es Clara. Quedó claro en el debate el miércoles, de EL TIEMPO, Citytv y La W, en el que, frente a las intervenciones vacilantes y gaseosas de sus contrincantes, la candidata de todos los que amamos a Bogotá estuvo precisa y contundente.

Enrique Santos Molano

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