Editorial: Cuenta regresiva para Europa

Editorial: Cuenta regresiva para Europa

No obstante la gravedad de la crisis de refugiados, ha sido imposible lograr respuestas coordinadas.

21 de octubre 2015 , 09:13 p.m.

Comienza a enfriarse la vieja Europa, y el flujo de refugiados provenientes de Oriente no cede. Tampoco ceden varios de los gobernantes de los países más directamente involucrados con este problema en el pulso que se vive en la Unión Europea para definir la cantidad de personas –que pueden ser más de 700.000, provenientes en su mayoría de Siria, Afganistán, Irak y Eritrea– que cada uno de los miembros acogerá.

El más reciente capítulo tuvo lugar esta semana, con la decisión de Hungría de cerrar sus fronteras. Como ya lo hizo en su momento Bulgaria, su Gobierno, de tendencia conservadora, decidió levantar rejas y disponer alambradas a lo largo de su frontera con Croacia.

Tal decisión forzó un desvío de la ruta que viene siendo usada por quienes huyen desarraigados y durmiendo entre el fango y el frío de conflictos armados y regímenes brutalmente represivos –como es el caso de Eritrea– hacia Eslovenia, buscando siempre llegar a Alemania, nación que empieza a vivir una crisis política motivada por los cuestionamientos que la oposición le ha hecho a Ángela Merkel por su actitud menos intransigente, si se compara con la de buena parte de sus socios europeos frente al problema.

El desvío de marras obligó a los migrantes a dirigirse a Eslovenia, que ya ha tenido que utilizar sus efectivos militares para controlar el paso de esta nueva oleada, la cual, es claro, sobrepasa su capacidad de recepción, que, según ha dicho el Gobierno, no puede superar las 2.500 personas al día, apenas la mitad de las que tocan puertas.

El presidente de esta ex-república yugoslava, Borut Pahor, ya clamó a los demás miembros de la UE que lo ayuden para afrontar esta problemática, que amenaza la estabilidad de un país de apenas dos millones de habitantes. “Eslovenia está decidida a tratar la crisis de los refugiados de una forma humana y europea, pero no permitirá que le lleguen más refugiados de los que pueda atender adecuadamente”.

La UE convocó para este domingo una minicumbre con los Estados balcánicos miembros del bloque, pero pocas son las expectativas de solución. Mientras tanto, otro integrante de la Unión Europea, Letonia, piensa levantar otra valla, esta vez contra la migración ilegal desde Rusia.

El ministro del Interior letón, Rihards Kozlovskis, aseguró que el levantamiento de la valla “será necesario, no para separar a Rusia de Letonia con una ‘muralla china’, sino para limitar el flujo de ilegales”.

No obstante el tamaño que ha alcanzado la crisis, no ha sido posible una respuesta coordinada para un problema que continuará y empeorará si las reacciones siguen siendo aisladas y limitadas a las capacidades e intereses de cada nación involucrada.

Estamos, insistimos, ante una prueba de fuego para un proyecto –la Unión Europea– construido sobre unos valores que hoy solo se asoman tímidamente y en algunos lugares simplemente no existen. Y hay que subrayar que la amenaza no está en sus fronteras, sino adentro. En los países involucrados han tomado vuelo los movimientos nacionalistas y xenófobos, y se siguen presentando ataques a los campos de refugiados.

De no alcanzar rápido un consenso, Europa corre el riesgo de ver, impotente, cómo un desplazamiento se convierte en catástrofe humanitaria.

editorial@eltiempo.com

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