Guía para vivir París como un verdadero parisino

Guía para vivir París como un verdadero parisino

Hay que ir a la Torre Eiffel, pero también a lugares menos turísticos que aquí les recomendamos.

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21 de octubre 2015 , 08:51 a.m.

“Añada dos letras a París y se convierte en paraíso”, escribía Jules Renard. Y no exageraba. Es probable que no haya una ciudad que deleite y provoque tantos suspiros y tan placenteras emociones como la capital francesa. Sin embargo, lejos de los imperdibles –y abarrotados– monumentos y sitios turísticos, podría decirse que hay una París secreta y apacible de calles pequeñitas, restaurantes familiares, jardines encantadores y museos recónditos que sus habitantes frecuentan y parecen reservarse en silencio.

Aquí les proponemos hacer un recorrido circular, que incluye casi todos los lugares turísticos y algunos de esos otros recónditos. El camino sale del occidente, pasa por el norte, llega al oriente y atraviesa el sur y termina de nuevo en el occidente de la ciudad, para que su próxima visita a París sea completa y tan deslumbrante como la primera vista de la Torre Eiffel y, a la vez, tan mágica como un paseo a pie por uno de los bosques tranquilos que rodean esta ciudad.

Desayuno francés

Antes de empezar el recorrido por la ciudad, el desayuno debe incluir cualquier delicia de las pastelerías, que las hay por montones en todos los barrios. La variedad es amplísima: desde la tradicional y crujiente baguette, pasando por los panes con chocolate, cereales o almendras, los bizcochos cremosos y achocolatados, los aderezados con frutas frescas y, cómo no, los croissant recién horneados, que al comprarlos, el panadero envuelve en delicados papeles, que pierden pronto su consistencia al entrar en contacto con la abundante mantequilla de cada capa de hojaldre.

La variada y exquisita panadería francesa. Foto: Marc Bertrand

La Torre y los Campos

Siempre será una buena idea empezar por la Torre Eiffel. Atravesar la Plaza de Trocadero y ver desde allí el monumento más retratado del mundo. En verano, se puede subir a cualquiera de sus tres pisos, desde las nueve de la mañana y hasta la medianoche. La vista es bellísima.

Se puede continuar con un paseo por los Campos de Marte, que están justo en el costado sur de la Torre. En temporada estival, este lugar con céspedes bien podados y verdes es ideal para disfrutar uno de los planes más adorados de los parisinos: irse de pique-nique (pícnic) y comer bajo los rayos del sol.

Jóvenes disfrutan de un picnic en los Campos de Marte

Algunos de los productos infaltables son tomates cereza frescos con bolitas de mozzarella y pesto, minizanahorias, variedades de quesos madurados, frutas, baguette, vino y/o cerveza. Este es además el mejor lugar para ver el inigualable espectáculo de juegos pirotécnicos del 14 de julio. A algunos metros se encuentra el centro comercial Beaugrenelle, que resulta ideal para hacer compras. Y no muy lejos de allí está el parque André Citroën, que cuenta con dos atracciones que encantan a las familias: un globo, que se eleva a 150 metros de altura, y unos potentes chorros de agua, que salen del piso y en los que niños y jóvenes juegan, se divierten y refrescan en el verano.

Los niños son los que más se divierten en el Parque André Citroën. Foto: David Lefranc

Por supuesto, tiene pastos verdes para tomar el sol y cómodas bancas bajo enredaderas de plantas, que ofrecen una fresca sombra. De allí se puede saltar al Bosque de Boulogne, recorrer primero su lago superior y luego el inferior, donde nadan cisnes y patos. También se pueden alquilar lanchas para navegar pedaleando. Este lugar es ideal para los amantes de las carreras o ‘runners’, pues pueden trotar o correr en medio de la vegetación.

Para quienes prefieren el agitado mundo de la ciudad, al salir del bosque pueden dirigirse a la Defensa, una zona dedicada a los negocios, que si bien ya no es propiamente la emblemática París, es un lugar que también se debe conocer por el Gran Arco, los centros comerciales que lo rodean y la llamada explanada, en la que se pueden ver varias esculturas monumentales; entre ellas, Personajes fantásticos, de Joan Miró; Fuente monumental, de Yaacov Agam y un agradable y fresco estanque de agua, que tiene mesas y sillas a los lados para comer allí en la hora del almuerzo o en las pausas laborales. A lo que se suma una hermosa vista panorámica, que revela al fondo el Arco del Triunfo.

Una de las postales más emblemáticas de París: el Museo de Louvre y su pirámide de cristal. Foto: Daniel Thierry

Y es allí en donde sigue este recorrido. El Arco del Triunfo no solo se puede contemplar, sino que también se puede subir a su terraza por unas empinadas escaleras en su interior, que dejan ver cada una de las doce calles y avenidas que convergen en él; una de ellas es la de los famosísimos Campos Elíseos, que conforma una línea recta imperdible y deliciosa para caminar, pues a su término se encuentra con la Plaza de la Concordia y esta con los Jardines de las Tullerías. Vale aclarar que a cada uno de los costados de las Tullerías se encuentran dos espacios culturales imperdibles: el Museo de la Orangerie, donde se encuentran Los nenúfares, el ciclo de obras del pintor impresionista Monet, y la Galería Nacional Jeu de Paume. Tras la visita de estos dos espacios culturales se pueden atravesar a pie los Jardines de las Tullerías, que dan la bienvenida al Museo del Louvre.

Desvíos

Una vez se está en los Campos Elíseos, es posible hacer un pequeño desvío por la Avenida Winston Churchill, hacia el sur, que se encuentra rodeada a un lado por el Pequeño Palacio y al otro por el Gran Palacio, dos construcciones que quitan el aliento por su fastuosidad y donde se llevan a cabo exposiciones imperdibles. Si se sigue por esta calle, se puede atravesar uno de los puentes más bellos de París, el Alexandre III, que conduce a la explanada de los Inválidos y al Hôtel des Invalides, donde se encuentra el Museo de la Armada y la tumba del emperador Napoleón Bonaparte.

Y, como si fuera poco, a unas cuantas cuadras se puede entrar al Museo Rodin; es decir, la que en vida fuera la casa del escultor. Allí están exhibidas algunas de sus piezas más célebres, como El beso y La catedral. Además, se puede pasear por su verde jardín, lleno de rosas y de sus propias obras, como La puerta del infierno y El pensador. De nuevo, desde los Campos Elíseos, se hace necesario desviar hacia el norte para dar un paseo por el Parque Monceau, uno de los más bellos y secretos de París. De ahí se puede saltar hacia el Museo Jacquemart-André, un palacete en el que además de ver exposiciones artísticas se puede tomar un muy buen café.

Típico café parisino. Foto: Daniel Therry

Montmartre y el canal Saint Martin

Estando allí, es imposible no parar a visitar la Iglesia de la Madeleine y ver la Ópera Garnier en todo su esplendor. Y si el recorrido hasta aquí ya es demasiado extenuante, siempre será posible hacer una pausa en uno de los restaurantes o bares de París, que cuentan con terrazas para tomar el sol y disfrutar una cerveza helada. Aquí se está muy cerca de Montmartre.

Subir por el funicular, entrar a la Catedral del Sagrado Corazón y recorrer sus pequeñitas calles empedradas siempre será ameno, y aunque ya no se respira allí la llamada bohemia de París, que Aznavour describió tan bien en la canción del mismo nombre, sobrevive el encanto de saber que allí grandes y prolíficos artistas, poetas y escritores dieron vida a sus obras.

Desde aquí se puede seguir al Parque de la Villette –junto a él se encuentra la Filarmónica de París–, que en temporada de verano sirve para hacer presentaciones de cine al aire libre, en una pantalla gigante. A unas pocas cuadras se encuentran los parques Buttes Chaumont y Belleville, indiscutibles paradas obligadas para los amantes de la naturaleza. Y, claro, el cementerio de Père Lachaise es imperdible, pues se pueden visitar las tumbas de grandes personalidades como Cyrano de Bergerac, Edith Piaff y Jim Morrison, entre muchos más.

El canal Saint Martin es uno de los lugares más románticos de París. Foto: Jacques Lebar

En este punto resulta un verdadero placer caminar junto al Canal Saint-Martin –sí, aquel que sale tan bien retratado en la película de Amélie, cuando ella tira piedritas al agua–. Y desde allí se puede acceder fácilmente a la Plaza de la República, donde recientemente se reunieron millones de personas a levantar su voz contra los ataques al semanario francés Charlie Hebdo, y también a la Plaza de la Bastilla, un lugar destacado de concentraciones sociales.

Aquí se encuentra la otra Ópera de París. Para quienes quieren perderse en las mejores representaciones líricas y para los amantes de la vida nocturna, Bastilla ofrece un sinnúmero de bares y discotecas con todos los ambientes posibles y para todos los gustos, con presupuestos no muy elevados. Muy cerca de allí, resulta un placer ir a los mercados y comprar productos frescos. El de Alligre es uno de los más grandes y se pueden regatear los precios.

A unos cuantos pasos se encuentra la Plaza de los Vosgos, la más antigua de París, que no solo sorprende por su tranquilidad en medio del cultural, agitado y muy comercial barrio Marais, sino que además cuenta en una de sus esquinas con la casa museo del escritor Víctor Hugo.

El río, para cerrar

Si el Bosque de Boulogne, que formó parte del comienzo de este recorrido, cautiva a los visitantes, entonces tampoco se pueden perder el de Vincennes, situado al suroriente de París, y de acceso directo a través de una de las líneas del metro de la ciudad.

Desde allí se puede ir fácilmente al Parque de Bercy y a Bercy Village. Se trata de un lugar ideal para la familia, pues conjuga naturaleza, restaurantes, cinemas y bares. Además, estando ahí se puede cruzar un puente y acceder directamente a la Biblioteca Nacional de Francia.

La aldea de Bercy. Foto: Daniel Thierry

Este lugar es ideal para iniciar una de las más placenteras caminatas por París: los bordes del río Sena. Al seguir su curso hacia el occidente se pueden encontrar a un lado y otro lugares fascinantes –en su orden–: el Jardín de Plantas y a su lado el Museo de Historia Natural, la Isla Saint Louis, la Catedral de Notre Dame, la Isla de la Cité, la Alcaldía de París, el Puente Nuevo (que en realidad es el más antiguo de la ciudad), el Puente de las Artes (en el que los turistas enamorados solían poner candaditos), el Museo de Orsay y el de Quai Branly.

La imponente Catedral de Notre Dame. Foto: Marc Bertrand

Por último

Otras de las terrazas más agradables se encuentran en la Plaza Monge, adonde se puede llegar desviando al sur desde el río por el Instituto del Mundo Árabe. Desde allí los transportes públicos facilitan la llegada a los Jardines de Luxemburgo, apacibles, románticos, de naturaleza exuberante y con una fuente central en la que los niños pueden jugar con barquitos rentados.

Jardines de Luxemburgo. Foto: David Lefranc

Y para rematar el desvío, una escapada a la terraza de la Torre Montparnasse no le cae mal a nadie, pues ofrece una de las vistas más espectaculares de la ciudad. Y si llegara a sobrar tiempo, al estar allí, no se puede dejar de ir al Cementerio de Montparnasse, otro que cobija los restos de grandes personalidades.

Desde este sitio se puede volver en línea recta al río Sena para seguir a su lado, hasta llegar de nuevo a la imponente Torre Eiffel, porque cualquier turista que se respete, aún si se da la vida de un parisino, debe peregrinar –al comienzo y al final de su viaje– adonde se encuentra esta bellísima y siempre deslumbrante dama de hierro.

Si usted va…
Para viajar a Francia, los colombianos deben tener visa Schengen. El documento será requisito hasta tanto siga esa restricción. Se tiene previsto que a partir del próximo año, los colombianos podrán viajar dentro de los 26 países del Espacio Schengen por periodos de hasta 90 días.

Dónde comer
Le chalet Savoyard. Comida saboyana, es imperdible la Raclette. Precios altos, pero razonables.
58 rue de Charonne, 75011
Crêperie bretonne, fleurie... La original grepa bretona se puede consumir aquí. Muy rico y nada costoso.
67 rue de Charonne, 75011
Au P’tit Grec. Crepas enormes y con todos los ingredientes. Sus precios son muy favorables.
62 rue Mouffetard, 75005

 

Melissa Serrato Ramírez
Especial para VIAJAR

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