Los gremios y la paz

Los gremios y la paz

El Consejo Gremial Nacional da una pauta que debería ser seguida por los opositores del proceso.

20 de octubre 2015 , 08:30 p.m.

Es una buena noticia, sin lugar a dudas, que el Consejo Gremial Nacional respalde el proceso de paz, tal y como ocurrió el pasado martes, luego de una reunión con el presidente Juan Manuel Santos.

Pero no solo hay que destacar el espaldarazo. Incluso más importante es que este haya venido acompañado de una serie de recomendaciones e inquietudes válidas y pertinentes. Se trata de interrogantes respecto a qué va a pasar con los bienes de las Farc, así como con los rendimientos financieros de sus negocios ilícitos. También han advertido que en un contexto de aumento de las áreas de cultivos ilícitos es necesario que lo pactado para su erradicación cuente con plazos y condiciones. De igual forma, han puesto sobre la mesa la necesidad de hacer un inventario riguroso de las armas de las Farc, que su destrucción o entrega a un tercero se asegure en lo firmado y que dicho proceso esté a cargo de una agencia internacional neutral.

Dos reflexiones se desprenden de lo anterior. Una es que el apoyo al proceso depende, en buena medida, del flujo de información veraz sobre lo acordado. No es un secreto para nadie que entre mayor sea la transparencia, menor será el campo de acción para quienes prefieren jugar la carta de la incertidumbre y la confusión. Esto lo saben los representantes de los sectores productivos, y así se lo hicieron conocer al primer mandatario. Aunque entienden que aspectos estructurales como el modelo económico no están en discusión, es comprensible que pidan un mayor nivel de detalle para que su apoyo esté libre de matices.

La otra es que al actuar así, este sector da una pauta que debería ser seguida por otras huestes que hoy ejercen una oposición férrea y cerrada al proceso. De esta manera, al tiempo que dejan claro estar de acuerdo con lo fundamental –el anhelo de paz– plantean sus inquietudes y observaciones con una actitud constructiva, que busca que estas sean aportes, más que dardos. Es de esperarse, entonces, que los que cuestionan los diálogos sigan por esta senda que conduce a la deliberación sana y los aleja de la obstinación.

editorial@eltiempo.com

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