Barrio donde cayó avión llora a mujer que enseñaba a leer la Biblia

Barrio donde cayó avión llora a mujer que enseñaba a leer la Biblia

Hosana Corzo, de 75 años, dueña de la casa donde chocó la aeronave, es una de las seis víctimas.

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19 de octubre 2015 , 08:08 p.m.

Se saludaban con nostalgia, se abrazaban, se persignaban. Así amaneció la comunidad del barrio El Luján (Engativá), en el occidente de Bogotá, después de que la aeronave Beechcraft 60 se precipitara a tierra sobre una vivienda el domingo 18 de octubre.

Había un recuerdo latente, el de doña Hosana Corzo de García, de 75 años, la mujer que le enseñó al barrio a leer la Biblia, la que llevaba a la Virgen argentina de Luján a cada casa para que las familias aprendieran a orar.

No era cualquier residente, fue una de las fundadoras del barrio. De hecho, cuentan que a solo dos cuadras de su casa se erigieron las primeras viviendas de la zona. “En 1967 este predio era una finca que compró un señor Martínez Cárdenas. Él urbanizó y entre las primeras familias que hubo estaba la García”, contó Juan Pablo Bueno, presidente de la junta de acción comunal.

Ella, Hosana, se enamoró de la historia que dio origen a su barrio: la de una mujer llamada Magdalena que le ofreció a la Virgen de Luján darle su nombre a la incipiente comunidad a cambio de que le devolviera la salud a su hijo moribundo. “Por eso y por su fe ella le dedicó toda su vida a la iglesia, incluso, a recoger fondos para su construcción”, contó Bueno.

El choque de la aeronave generó una explosión, por la cual resultaron afectados con quemaduras los vecinos del sector. EL TIEMPO

Todas las familias que la conocieron hoy la están llorando. “Yo vivo hace 38 años aquí. Ella fue la dueña por muchos años de la panadería donde cayó la avioneta. Su esposo y sus hijos la ayudaban, hasta que ella se cansó y decidió arrendar el negocio”, dijo Matilde Muñoz, vecina de Hosana.

Esta mujer también recibió de su mano la escultura de la Virgen y de su boca la mejor forma de rezar los salmos. “No es por hablar bien de los muertos. Esa señora era un ángel. Ella visitaba a los enfermos del barrio y era una amiga incondicional. Yo creo que Dios la necesitaba y por eso se la llevó”, dijo Matilde. (Lea también: Caída de avioneta en Bogotá cobró vidas de piloto caucano y su hermano)

La historia la ratificó el padre Fernando Mayorga Cruz, de la parroquia Nuestra Señora de Luján. “Yo estoy hace tres años aquí, pero ella llevaba toda la vida sirviendo a la comunidad del barrio, y también de Villa Luz y Santa Cecilia”.

El párroco dice que podría narrar los pasos que Hosana hacía todos los días. “Desde su casa, en la carrera 76, hasta la parroquia, en la 76A, llegaba todos los días a coordinar el servicio pastoral de los ministros de la comunión. Son las personas encargadas de asistir a los enfermos, de visitarlos, de consolarlos y de apoyar espiritualmente a sus familias. Después de trabajar toda la vida en su panadería, ella y su esposo, Eulogio, llevaban una vida reposada, acompañándose el uno al otro en el segundo piso de su casa”.

El padre Mayorga recordó sus últimas horas al lado de Hosana. “Ese domingo ella cantó con el coro de las mamás en la misa de las 7 de la mañana, y luego, en la de las 8:30, repartió la comunión. Ella estaba feliz porque el Evangelio hablaba de que quien aprende a servir entiende para qué vino a la Tierra. No puedo dejar de ver su rostro iluminado. Siempre tan elegante, se despidió con un beso y me deseó un día bonito”.

A Hosana la recuerdan siempre recogiendo pañales, frazadas y comida para auxiliar a los ancianos enfermos de sus barrios queridos. “Ella hacía la labor del buen samaritano: acercarse al que sufre sin contárselo a nadie”.

Luego de toda su labor, ese domingo regresó a su hogar y hasta rechazó un viaje a una finca de la familia por esperar a su esposo, que solía jugar a las cartas con sus amigos. No alcanzó a recibirlo cuando la fatalidad acabó con su vida, sobre las 4 p. m. “No sabemos cómo será el final de nuestras vidas, pero sí lo que hicimos por los demás”, dijo Mayorga.

Como si se tratara de una paradoja, hoy la familia de Hosana teme que nadie responda por los daños causados. “Ayer nos estaban diciendo que debíamos responder por la demolición de la casa. Eso sería totalmente inhumano. Además, no nos han dejado entrar a las reuniones del puesto de mando unificado (PMU)”, dijo Alberto Uribe, miembro de la familia. No obstante, el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger) señaló que quien debía hacerse cargo de la demolición es la empresa dueña de la avioneta.

La prensa también sintió un hermetismo total en la zona del accidente. Hubo pocos pronunciamientos y restricciones para acercarse a la escena.

Muchos residentes recordaron la tragedia que enlutó a toda una familia el 24 de julio de 1993, cuando una aeronave cayó en un humilde casa lote, en el barrio El Paseo, noroccidente de Bogotá, y explotó. “Ahora lo que tememos es que pase lo mismo que en esa ocasión. Aunque allí murió el director de la Aeronáutica Civil, cuatro niños y otras siete personas, nunca respondieron por todos los daños que causó la colisión”.

No es la única familia en calamidad: la pareja García había arrendado su panadería, hoy llamada Villa Suiza; varios de los trabajadores, cinco en el hospital Simón Bolívar, luchan por salvar sus vidas de las quemaduras que sufrieron.

El barrio no sale de la conmoción, pues cada vez que oyen un avión se asustan, más cuando piensan que la tragedia pudo ser peor. “A pocas cuadras había un salón comunal con 300 personas, una cancha de fútbol repleta y ahora hay muchos edificios que han dejado erigir, sin medir los riesgos”, dijo Olga Lucía Torres, presidenta de la junta de acción comunal del barrio Villa Luz.

Tampoco se sabe la suerte de todas las casas que resultaron afectadas, con rotura de vidrios, o la de los dueños de los vehículos que terminaron quemados o averiados. Los cierto es que esta semana la ciudad conoció al barrio El Luján, lastimosamente por un accidente que hoy enluta a varias familias.

Accidente de avioneta ya deja seis muertos

Seis víctimas mortales, entre pasajeros, piloto y personas que se hallaban en tierra en el momento en que chocó la avioneta tipo Beechcraft 60, son el saldo que hasta la noche del lunes dejó el siniestro del pasado domingo en la tarde.
Cinco de estas personas murieron el mismo día del hecho, mientras que una más perdió la vida en un centro asistencial.

El piloto y su hermano

Carlos Angulo Reyes sería la persona que falta identificar, y Juan Pablo Angulo Reyes, piloto fallecido.

El capitán Juan Pablo Angulo Reyes, de 51 años y con al menos dos décadas de experiencia en el vuelo de aeronaves, iba al mando de la avioneta de matrícula HK–3917G, que se precipitó a tierra. Angulo Reyes tenía origen payanés y una familiar suya, en Popayán, dijo que posiblemente su hermano Carlos Angulo Reyes (de 52 años) compartía viaje con él, pues ambos tenían una fuerte relación y solían viajar juntos.

Carlos Angulo, quien aún no ha sido identificado, aunque se presume que su cuerpo puede ser el que le falta  identificar al Instituto Nacional de Medicina Legal, era ingeniero y había sido director territorial del Instituto Nacional de Vías (Invías) en el Cauca.

Ambos hermanos se educaron en Popayán, donde los recordaba ayer una generación de amigos y conocidos.
Juan Pablo Angulo se formó como piloto en Estados Unidos, mientras que Carlos estudió Ingeniería Civil en la Universidad del Cauca. Juan Pablo residía en Bogotá hace más de 25 años.

Carlos estuvo vinculado a constructoras en Cali, era contratista de obras y estaría en uno de estos proyectos en Bogotá. En la capital del Cauca lo recordaban como carguero en la procesión del Santo Sepulcro en Semana Santa. Era padre de dos hijos y visitaba más frecuentemente su ciudad.

Sus allegados hicieron llegar mensajes de pésame. “Dios los tenga, a Juan Pablo y a su hermano Carlos, en su santa gloria. Fueron unas excelentes personas”, dijo Andrés Reyes de Quevedo.

“Te recordaré por siempre, uno de mis tres pilotos preferidos. Vuela alto”, expresó María Alejandra Olano, amiga, en una red social.

Jenny Barriga y Jorge Alberto Hernández son las otras dos personas que ocupaban la aeronave. Barriga era la novia del piloto, mientras que Hernández era el propietario de la avioneta y tenía una empresa proveedora de este servicio de transporte.

Hosana Corzo de García, de 75 años, fue la primera víctima de las personas que estaban en las viviendas afectadas.

Mesera hace dos meses

Layla Tatiana Arenas, de 36 años, estaba próxima a cumplir dos meses trabajando como mesera en la panadería Villa Suiza, ubicada en el barrio El Luján (localidad de Engativá). Ella es la sexta fallecida por causa del accidente.

Tenía planeado trabajar solo hasta el pasado domingo, ya que el establecimiento cambiaría de administración. Sin embargo, Layla perdió la vida a consecuencia de una falla multisistémica (cuando dos o más órganos dejan de funcionar) este lunes, a las 10:20 a. m., en la unidad de cuidados intensivos del Hospital Simón Bolívar. Así lo informó ese centro médico.

Vivía en el mismo barrio, en compañía de su pareja, en la casa vecina a la panadería. No llevaba más de tres meses allí.

“Luego de la explosión, Layla salió en ropa interior y yo le presté los primeros auxilios; tenía quemaduras en la parte de adelante de su cuerpo, pero su cara estaba muy bien; ella respondió positivamente a los signos vitales”, reconstruyó Doris Amaya, auxiliar de enfermería que habita en el sector y que fue quien le prestó ayuda a Layla, antes de que llegaran los organismos de socorro.

Las actividades de identificación de las víctimas empezaron el lunes, a las 7 a. m., en el Instituto Nacional de Medicina Legal. El grado de calcinación de los cuerpos ha dificultado esa tarea, por lo que especialistas tuvieron que recurrir al método de identificación vía placas dentales.

Carol Malaver
Redactora de EL TIEMPO
* Escríbanos a: carmal@eltiempo.com

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