Privados de lo público

Privados de lo público

Nuestra historia está llena de zonas oscuras. No tenemos idea del país que nos toca en suerte.

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19 de octubre 2015 , 06:42 p.m.

Después de clausurar el hospital San Juan de Dios en el 2001, decidieron declararlo patrimonio nacional en el 2002. En donde antes funcionaba un hospital vivo, pleno de personal médico, científicos y pacientes, hoy en día hay unas edificaciones en ruinas, aunque estén en zona de resucitación. Igual pasó con la Estación de la Sabana: donde hubo una terminal ocupada al tope de pasajeros y trenes, hay una hermosísima edificación ‘pre mortem’ y varios restos cadavéricos de bodegas, también declarados patrimonio nacional. Si esto pasara en un país desarrollado, a cambio del monumento entregarían edificaciones modernas que cumplirían de manera más eficiente la misma función social.

Nadie discute la importancia de tener monumentos nacionales. Pero todas las edificaciones que han sido declaradas patrimonio de la nación no son importantes por la manera como están dispuestos los ladrillos. Son importantes porque son testimonio de pasajes de nuestra historia. En esa medida, en cada uno de los edificios del Complejo Hospitalario San Juan de Dios tendría que estar escrita la historia de distintas maneras: documentos fotográficos, literarios, archivísticos, cinematográficos, periodísticos. Tendría que haber placas que hablaran del comienzo en esa lejana época de la Colonia, tendría que estar representado el tremendo apogeo que vivió durante todo el siglo XX y tendría que haber registro de las causas de su clausura. Algo como: ‘Cerrado en el 2001 porque no aguantó la embestida de la Ley 100’. Luego, tendría que haber una breve explicación de esa ley de salud pública (todos sabemos que es un eufemismo porque fue una ley para privatizar la salud pública) y fotografías y nombres de las personas que propusieron y aprobaron la ley que terminó con el mejor hospital, el más antiguo, el de mejor infraestructura, el mejor atendido, el pionero en investigación y el más popular.

Puedo distinguir dos movimientos perversos en contra del patrimonio de todos los colombianos: por un lado, cierran instituciones de vocación pública y social a cambio de declararlas monumentos nacionales; y por el otro, sepultan la historia bajo capas de cemento para que nadie recuerde ni se entere de cómo fueron la cosas. Debo decir que han sido muy eficaces en ambos casos.

Al sol de hoy, no es muy popular la historia de cómo quebraron a los Ferrocarriles Nacionales y al hospital San Juan de Dios. Para que fuera popular, debería estar escrita en los libros de bachillerato. Entonces se discutiría en los colegios sobre la pertinencia o no de la Ley 100, sobre lo público y lo privado, se contrastaría nuestro sistema de salud con otras experiencias en Latinoamérica y el mundo, se compararía la eficacia para transportar carga y pasajeros entre ferrocarriles vs. buses y camiones; en fin, los estudiantes serían ciudadanos de primera y sabrían por quién y por qué votar cuando les entregaran la cédula.

Pero todos sabemos que eso no aparece en los libros de texto. Nuestra historia está llena de zonas oscuras. La mayoría de los ciudadanos no tienen idea del país que les toca en suerte. Entonces, por obvias razones, no pueden entender ni defender la idea de reabrir un hospital público como el San Juan de Dios. Incluso estarán de acuerdo con quien les diga que intentar rehabilitarlo es derrochar los dineros públicos.

Y en el centro de la discusión, nuevamente estará el dinero por encima del impacto positivo que tiene un hospital público de esa magnitud en el sur de la ciudad. Y de nuevo nadie parecerá entender que ese fue el argumento que le dio vida a la Ley 100, para nuestra propia desgracia.

Así nos privaron de lo público.

Cristian Valencia
cristianovalencia@gmail.com

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