Mientras tanto, la vida

Mientras tanto, la vida

Cada día es menos común mirarse a los ojos. Hablar con aquellos con los que hemos quedado de vernos

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19 de octubre 2015 , 06:24 p.m.

La escena es cada vez más común: una mesa con cuatro personas. Dos de ellos se ríen. Uno tiene cara de curiosidad y el otro dibuja un gesto de preocupación. Pero ninguno de ellos mira a alguno de los tres que lo acompañan. Todos están concentrados en sus teléfonos: escriben en los pequeños teclados, leen la respuesta casi inmediata que llega acompañada de un bip, revisan fotografías, comprueban quién dijo qué...

Sí, la escena es cada vez más común. Y, en cambio, cada día es menos común mirarse a los ojos. Hablar con aquellos con los que hemos quedado de vernos, de compartir uno de esos momentos que antes resultaban propicios para el diálogo, para enterarnos de los motivos de gozo y de las desdichas de los amigos. De los hermanos. De la pareja. También de la pareja, sí. Si quieren, revisen la serie de imágenes que el fotógrafo Eric Pickersgill reunió bajo el título ‘Removed’ y que están dando mucho que hablar. En una de ellas, una pareja comparte la cama, pero lo único que está en contacto son sus espaldas. Cada uno tiene una mano por fuera de las cobijas, en posición de sostener un teléfono celular hacia el cual apuntan sus ojos.

En realidad, en la serie de este fotógrafo norteamericano no hay dispositivos móviles. Poco antes de disparar su cámara, Pickersgill los retiró de las manos de sus personajes, pero les pidió que conservaran la misma posición y los mismos gestos. Porque así resulta más impactante el mensaje que quiere transmitir.

E impacta, sin duda. Porque tal vez necesitamos que nos lo muestren con arte o con burla para entender que ese objeto que inventaron para comunicarnos con otros y con el mundo en realidad nos está alejando de los seres queridos. Que le estamos dando un uso exagerado. Que mientras lo consultamos, la vida pasa por delante: pero no ante nuestros ojos.

Ha causado revuelo la noticia de una madre cuyo hijo se ahogó mientras ella, a pocos pasos de la piscina, se dedicaba a chatear. Pero no hay que llegar a estos extremos. Basta con mirarnos mientras los niños tratan de contarnos una historia a la cual rara vez le ponemos atención. Mirarnos cuando vamos a hacerles visita a los abuelos: y a veces solo les hablamos para saludarlos y para despedirnos.

Basta con mirarnos: en este preciso instante tal vez usted esté leyendo esta nota mientras otro, a su lado, demanda un poco de atención.


Fernando Quiroz

@quirozfquiroz

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