Rousseff toma oxígeno pero no anula la posibilidad de juicio político

Rousseff toma oxígeno pero no anula la posibilidad de juicio político

La presidenta brasileña depende de muchas estrategias para evitar la destitución.

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19 de octubre 2015 , 05:04 p.m.

El pasado martes día las redes multiplicaron en Brasil una imagen de la película ‘Reservoir Dogs’, en la que todos los personajes se apuntan entre sí con sus pistolas cargadas y a punto de disparar.

Al fotograma le añadieron la leyenda: “Brasil hoy”. El martes era el día definitivo en Brasilia, con la presidenta Dilma Rousseff en el centro de todo. Pero en escena entró un actor inesperado. El Supremo Tribunal Federal (STF) tumbó las maniobras tejidas por el presidente del Congreso de Diputados, Eduardo Cunha, junto a miembros de la oposición, para acelerar el juicio político de destitución (impeachment) en la cámara legislativa.

El STF extendió una medida cautelar presentada por oficialistas y le dio oxígeno a Dilma Rousseff, pues si no llega a actuar, Cunha podría haber facilitado la apertura de un proceso que una vez abierto apremiaría el futuro de la presidenta, que por el momento respira tranquila.

La medida no impide nuevos pedidos. De hecho, el jueves se sumó uno más, a raíz de los indicios encontrados de “pedaladas” fiscales en 2015, las jugadas financieras hechas por el gobierno en el año 2014 para encajar balances que provocó la reprobación del Tribunal de Cuentas la semana anterior, y que espoleó a la oposición para un proceso de impeachment que, de momento, está congelado.

A partir de aquí, las interpretaciones son múltiples: “Es un hecho que la acción del STF cambia los planes de la oposición y que es una victoria para el gobierno, porque gana tiempo en una situación indefinida”, explica a este diario Ricardo Ismael, politólogo y director del departamento de ciencias sociales de la Universidad Pontificia de Río de Janeiro. Ismael cree, además, que “el Supremo hizo una interferencia nada común. La decisión tomada por dos de sus ministros da la impresión de ser más política que jurídica”.

Sin embargo, en el ámbito del derecho hay expertos que opinan justo lo contrario. “La sensación que tenemos hoy es que existe una situación política de falta de apoyo a la presidenta, pero no hay un hecho computado, comprobado y vinculado directamente a Rousseff que pueda justificar legalmente que ella sea condenada por un crimen”, comenta a EL TIEMPO el profesor de derecho de la Fundación Getulio Vargas Thomaz Pereira.

“Ahora, la apertura de un proceso depende de la cámara. Si allí se toma esa decisión, será abierto”. Hay otra interpretación jurídica, a la que se aferra la oposición, citando el artículo 85 de la Constitución, que prevé que actos que atenten contra la ley de presupuestos son delitos de responsablilidad.

Rousseff salió al contraataque después de la actuación del Supremo, y en dos días consecutivos se despachó contra los pedidos de impeachment: “Es un discurso golpista, pero no contra mí, sino contra el proyecto que represento, las conquistas históricas de los trabajadores. Quieren un atajo para llegar más rápido a 2018”, asestó ante el fervor de grupos de trabajadores. Ese año hay elecciones, y en juego está saber si ella llega hasta allá o le ocurre como a Fernando Collor de Mello, el presidente que fue sometido a juicio político en 1992. Brasil vuelve hoy sobre aquel proceso para compararlo con el presente.

A diferencia de lo que sucede, de momento con Rousseff, había hechos probados. Pero ambos casos se parecen en que una situación política fue dando pasos hasta permitir el impeachment. Y en este caso hay un aditamento importante: el papel de Eduardo Cunha.

El presidente de Diputados es el mayor opositor a Dilma Rousseff, a la que acusa de haberle arrojado a los leones en el escándalo de corrupción en Petrobras. Cunha aparece en la lista de políticos que recibieron sobornos y recientemente se descubrireron varias cuentas millonarias en Suiza a su nombre y de otros familiares.

Pero el futuro de Brasil pasa por él y sus circunstancias. De ahí que la actuación del Supremo cobre tanta importancia. Rousseff gana tiempo, pero Cunha también. Por eso se mostró desafiante en los últimos días: “La medida cautelar no interfiere en mi trabajo, aún me cabe aceptar o rechazar pedidos”, dijo el propio Cunha al poco de saberse la decisión de la Corte.

“Tengo la impresion de que Cunha va a dejarlo para más adelante. Es su as en la manga para conseguir neutralizar la accion del consejo etico. Mientras tenga esa carta reservada en la mano puede decidir, probablemente lo va a dejar hasta noviembre”, asegura Ricardo Ismael. “Nadie sabe lo que puede pasar. Por eso reducirlo todo a una cuestión entre Rousseff y Cunha es un simplismo”, advierte Pereira. “Si Cunha es apartado, habrá un presidente nuevo en la Cámara. Quién será esa persona y qué tipo de tratamiento le dará a los pedidos de impeachment, eso nadie lo sabe”, concluye.

Y al final de todo el batiburrillo aún cabe una opción más para que Rousseff y Cunha se salven: que negocien en secreto a cambio de que se rebaje la presión contra el presidente del Congreso. Todo es posible en el Brasil de hoy.

ARTURO LEZCANO

PARA EL TIEMPO

RÍO DE JANEIRO

 

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