Los secretos de la wicca, una misteriosa religión

Los secretos de la wicca, una misteriosa religión

Muchos de los mitos de Halloween giran en torno a este culto neopagano. Así viven en Colombia.

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19 de octubre 2015 , 02:42 p.m.

“Con lo que sí hay que tener cuidado es con las sombras que aparecen a partir del 31 de octubre, cuando llega el invierno. En este momento las personas empiezan a tener pesadillas, a escuchar silbidos y voces, a tener la sensación de presencias en su habitación y a vivir sucesos extraños”, asegura con convicción el psíquico y autodenominado experto en fenómenos paranormales Ómar Hejeile, al explicar lo que puede suceder en la noche de Halloween según las creencias de la wicca, una de las religiones neopaganas que existen en la actualidad, y que tiene una fuerte relación con la magia y la brujería.

Mientras el hombre habla de sombras desde su oficina en el norte de Bogotá, adornada con bolas de cristal, globos terráqueos, pequeñas figuras de esqueletos y dragones (además de una biblioteca, un computador y una consola de sonido), un pensamiento invade mi mente: recuerdo cómo, cuando empezamos a charlar, me inquietaba no poder ver su cara, pues estaba al contraluz de una ventana, haciendo que sus ojos, nariz y boca fueran una silueta escondida detrás de unos anteojos.

“De hecho –continúa con su relato Hejeile– desde el comienzo del otoño se despiertan las entidades de las sombras. Ahora hay grabaciones reales que constatan la presencia de estos seres, que en la antigüedad eran llamados espíritus maquiavélicos y que algunos utilizan, a través de invocaciones y evocaciones, para actuar. Con la noche de Halloween, la gente que por su intención se dedica a otro tipo de magia va a tener mucho trabajo”.

Hejeile no es claro sobre su edad: “Un día. Ponga ahí que esa es mi edad”, indica. Sin embargo, dice que desde hace 37 años tiene un programa radial con estación propia en internet, www.radiokronos.com. Desde ahí, todas las semanas hace predicciones que, según él, han sido acertadas, como la reciente matanza en una universidad de Oregón (Estados Unidos).

En la época en la que Hejeile empezó a difundir sus conocimientos, a mediados de los 70, Colombia vivía su propio apogeo en temas paranormales y parapsicológicos. El 27 de agosto de 1975, el país acogió el primer Congreso Internacional de Brujería, organizado por el político Simón González Restrepo, que contó con la presencia del célebre Uri Geller, un israelí que se volvió famoso porque dice doblar cucharas y otros metales con el poder de su mente.

El evento sirvió para que, pese a la férrea oposición de la Iglesia católica, cobraran relevancia en el país creencias y movimientos esotéricos como la wicca, que subsiste en el mundo como un movimiento secreto sobre el que hay más especulación que información consolidada.

De hecho, pese a ser reconocida como religión en cuatro países (Estados Unidos, Puerto Rico, España y Portugal), aún hoy es difícil encontrar una definición unánime de la wicca entre sus miembros. No obstante, en sus discursos son reiterativas las palabras naturaleza, armonía, filosofía y respeto.

“Es una forma espiritual de estar en paz con la naturaleza y, a modo personal, de igualdad y respeto por todos los seres del planeta. Es ver las cualidades místicas como una forma de evolucionar como ser, gracias a la magia”, afirma Alfonso, un bumangués de 46 años, quien se define como wiccano ecléctico, es decir, que no sigue una tradición en particular.

Por su parte, Hejeile define la wicca como una filosofía o espiritualidad que sigue las enseñanzas de la vieja religión, que es la de las civilizaciones que precedieron al cristianismo, como la sumeria, la egipcia, la griega, la celta y la romana. Para él, “no hay bien o mal; solo un proceso estratégico de mutación de la energía”.

Este proceso, dicen, sí incluye llevar a cabo rituales con preparaciones de plantas y objetos. Sobre los eventos del 31 de octubre, ambos aseguran que es un momento oportuno para hacer rituales de magia, pero no con el objetivo de lanzar maleficios o hechizos sobre otras personas, sino de cultivar su propia energía.

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El consenso sitúa el origen de la wicca a comienzos de los años 50, cuando en Inglaterra fueron abolidas las leyes contra la brujería y el británico Gerald Gardner recopiló en libros conocimientos sobre magia y hechicería que adquirió durante su estadía en Asia. La palabra wicca tiene su origen en dos vocablos del inglés antiguo que equivalen a witch (bruja) y wizard (hechicero).

Pese a su reconocimiento como religión, a diferencia de otras creencias, la wicca no basa sus enseñanzas en un libro sagrado. Tampoco venera a uno o varios dioses. Mucho menos creen en la existencia de un mesías. En cambio, considera a la naturaleza y sus ciclos como regentes del devenir humano y veneran al Sol y la Luna como determinadores de este.

Así, las estaciones, los ciclos lunares y los equinoccios y solsticios son las principales cartas de navegación de estos hechiceros modernos. Todas estas fechas configuran los ocho Sabbat o festividades que, según ellos, son más propicias para la realización de ritos y entrar en sintonía con el universo. El 31 de octubre, por ejemplo, los wiccanos conmemoran el Beltane, que significaba el fin de año en el hemisferio norte, de donde es originaria la cultura celta.

Para ese día, Johnatan, un bogotano de 31 años que se define como druida y seguidor de la tradición celta, y que por más de 10 años fue wiccano, tiene planeada su propia ceremonia: hará un retiro espiritual en las afueras de la ciudad, en el que acampará con otras personas que contactó a través de las redes sociales. Una de las opciones para la velada será que los asistentes lleven puesto el skyclad o traje del cielo; es decir, nada. De acuerdo con el argot wiccano, esta reunión sería llamada un ‘coven’ (la palabra ‘aquelarre’ para denominar un grupo de brujos es errónea, dicen).

Los dos wiccanos y el druida coinciden en que no existe un código que establezca la apariencia de magos y brujas. “Eso de la mujer con sombrero, haciendo un conjuro en una olla es un estereotipo inventado por la Iglesia durante la Inquisición para justificar su persecución a las personas que creían en algo diferente. Nosotros somos gente normal, que se viste, vive y trabaja como cualquiera”, apunta Hejeile.

Actualmente no se tienen registros de cuántos wiccanos hay en el mundo, y menos en Colombia. De hecho, aunque se estima que es la religión neopagana con más fieles, ni siquiera en Estados Unidos, donde está reconocida legítimamente, se tiene claridad sobre este cálculo. El sitio religioustolerance.org (Tolerancia religiosa), asegura que en el 2001, en esa nación, la población wiccana rondaba los 135.000 simpatizantes.

Algunos neopaganos afirman que su interés en esta espiritualidad surgió gracias a internet y a otras personas que, como ellos, se sentían inconformes con su formación religiosa, o que querían saciar su necesidad de construir su propia identidad: “La conocí (la wicca) por internet hace más de diez años, y en esa época los países más actualizados en América eran Venezuela y Argentina. Hace como ocho años, los wiccanos empezaron a agruparse en Colombia, pero aún falta mucho”, dice Alfonso, quien agrega que esta ha sido una experiencia espiritual que le ha permitido tener seguridad y armonía con la naturaleza, “y dejar de ser un títere teológico”.

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Paradójicamente, aparte del estigma de satánicos que rodea a los brujos, otro mito sobre wicca dicta que quienes creen en ella lo hacen bajo un código de ética o comportamiento que prohíbe afectar negativamente a otros. Incluso, se dice que es una expresión de la llamada magia blanca.

Sin embargo, Hejeile cree que tal división entre el bien y el mal no existe en el mundo de la wicca, que esta es solo una invención de otros credos para juzgar el comportamiento de los hombres. En contraste, asegura que la magia es un conocimiento que abre la puerta a acciones conocidas como brujería. Y esta, dice, no es buena o mala, negra o blanca, solo depende de la estrategia de quien la utilice.

Esta visión es opuesta a la de sus detractores, representados, por los escépticos y por la Iglesia católica, que ve en el neopaganismo una manifestación de herejía. Hernán Darío Toro, fundador de la organización Escépticos Colombia, dice: “La wicca no es una tradición milenaria. Es un intento por apropiar visiones románticas de la Edad Media, de los druidas y otros cultos iniciáticos. Tratan de ser herederos de culturas antiguas, pero no lo logran, porque no hay mucha información sobre estas”.

Este ingeniero cree que el secreto que esconden estas comunidades es saber cómo quitarles dinero a quienes creen en ellas, “para lo cual su único poder sobrenatural es su capacidad para hacer fraude. Lo que hay detrás –asevera– es un interés comercial y un engaño por parte de esos hechiceros, que negocian con la fe a través de técnicas fraudulentas de espionaje en internet, detectives privados y otras artimañas”.

Por su parte, el teólogo Fabián Salazar plantea la pregunta sobre cómo se dan las sucesiones históricas entre los grupos que se definen a sí mismos como continuadores de prácticas esotéricas antiguas. Él cree que no hay nada de malo en que haya quienes “pretendan hundir sus raíces en relatos místicos como los de Merlín o en los círculos secretos de mujeres que sobrevivieron a la persecución religiosa”; incluso que se definan como “sucesores de antiguos linajes y afirmen que su conocimiento se basa en revelaciones esotéricas de magos de otros mundos”.

Salazar apunta que mientras entre los wiccanos exista un ‘principio de no daño’, mantendrán un acuerdo ético con las otras tradiciones religiosas. En lo concerniente a la wicca, como sucede con el resto de espiritualidades, agrega que debe ser claro que si se incurre en actividades que atenten contra otros, la salud pública, la honra, los bienes o la libertad individual, o se realicen sacrificios perversos o cualquier práctica criminal, deben aplicarse todas las protecciones de ley que garantizan el bien común. “La libertad religiosa tiene sus límites”, concluye.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ

nicbus@eltiempo.com

Twitter: @nicolasb23

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