¿Quiénes son los otros tres candidatos a la alcaldía de Bogotá?

¿Quiénes son los otros tres candidatos a la alcaldía de Bogotá?

Han llamado la atención por sus originales propuestas, aunque tengan poca intención de voto.

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18 de octubre 2015 , 08:41 p. m.

‘Bogotá lo tiene todo, pero le falta todo’

Ricardo Arias, del movimiento Libres. / Foto: Abel Cárdenas.

Ricardo Arias, del movimiento Libres.

¿Qué hace un predicador cristiano en una campaña por la alcaldía de Bogotá?

No soy predicador cristiano. Soy perteneciente a la comunidad cristiana. Soy un ingeniero civil, un ciudadano común y corriente, preparado para este compromiso. Predicador no. (Lea también: Ricardo Arias Mora)

Pensé que usted era predicador porque tiene una gran facilidad de expresión... ¿Por qué cada vez que usted habla nos recuerda que es un gran empleado público?

Incluso lo hago con mucha dificultad porque me da pena hablar de mí mismo. He sido declarado el mejor funcionario público por hacer mi gestión ante el Fondo Nacional de Ahorro; y si lo recuerdo con modestia, es porque esa es mi carta de presentación, que vale la pena considerar.

¿Qué le ofrece la comunidad cristiana a Bogotá a través de su candidato a la alcaldía?

Cuando uno pertenece a esa comunidad conoce mucho de la palabra, y al conocer de la palabra hay un carácter de oidor permanente de ella. El compromiso es volverse uno hacedor de la misma. O sea, llevar unos principios y unos valores a una sociedad que hoy los reclama con urgencia, y necesita con apremio.

De la manera más respetuosa: ¿lo que usted quiere es que toda Bogotá se vuelva cristiana?

No. Quiero que esos principios que conozco los podamos expresar en una sociedad. No sé por qué suena extraño que se diga “no matarás”, en defensa de la vida. O “no robarás”, como una honra al patrimonio de la ciudad. O pedir el “amor al prójimo”, queriendo decir que el ciudadano es antes que la ciudad. Y que los principios de justicia y de equidad deben llevarse con respeto en Bogotá. Entendiendo justicia como actos en favor de la sociedad. Y entendiendo la equidad como que no haya diferencias en el medio donde se aplica, o sea, que hablemos de una sola Bogotá.

¿Es suficiente esa carta de presentación para aspirar a la alcaldía de una ciudad tan difícil como Bogotá?

No tengo ambición por el cargo. Tengo convicción por la tarea. Sé lo que necesita Bogotá, que es una administración correcta. Una gerencia pública bien hecha. Bogotá es una ciudad que lo tiene todo, pero a la que le falta todo. Ahí es cuando me miro, digamos, en un espejo y digo: “hombre, yo reúno esos requisitos que el cargo requiere”.

Me ha hablado de valores que la ciudad debe recuperar para la convivencia, pero ahora me habla de gerencia.

¿Cómo garantizar que uno será un administrador correcto? A través de principios y valores. Se los repito: el amor al prójimo, la honra sobre el tesoro público, el respeto por la vida, el derecho a una sociedad digna y próspera.

¿Es una forma de ver la vida?

Exacto. La sociedad debe buscar la prosperidad, no la riqueza. Debemos, por ejemplo, transformar el modelo financiero de la ciudad. Las políticas de ahorro deben ser una especie de brillo de la ciudad. Y creo que el tejido social hay que rehacerlo en la ciudad, y para eso hemos propuesto que la Secretaría de la Mujer también sea de la familia, para volver a recuperar el núcleo principal de la sociedad.

¿Cuál de sus rivales se acerca más a ese modelo de ciudad?

Me da pena con ellos, pero les he puesto mucha atención a sus planteamientos y me veo muy diferente. Ellos siguen mirando hacia atrás. Tienen un retrovisor permanente. Yo tengo una –si lo puedo decir– especie de virtud: no miro para los lados, y menos para atrás. Miro hacia el frente, hacia la ciudad que debemos proyectar. Entender que dentro de 23 años cumplimos el pentacentenario de la ciudad, y allí tendremos que tener la ciudad deseada. Para eso tendremos que empezar a proyectarla desde ahora. Y eso no se lo oigo a los demás candidatos. Me veo hablando solo en el debate electoral. Por ejemplo, en estos días, cuando debatíamos sobre educación, les dije que no entendía por qué hablaban de ese tema como un modelo financiero. Siguen pensando que podemos educar endeudando a un estudiante. Ese modelo financiero hay que transformarlo. (Vea: Ricardo Arias promete 150.000 viviendas en cuatro años si es alcalde)

¿Por qué un hombre de Armenia quiere gobernar a Bogotá?

No se es de donde se nace, sino de donde se lucha. Yo llevo 14 años viviendo físicamente en Bogotá. Es una ciudad sobre la cual he actuado como núcleo principal de manera personal.

Usted no se define ni como un hombre de izquierda ni como uno de derecha. ¿El cristianismo es un partido político?

No. Es una convicción. Es una férrea defensa de unos principios que consideramos oportunos y que han sido probados en la historia de la humanidad. Por eso es que encuentra que no tengo orilla, así como me lo plantea.

‘Hay que quitarle a Petro el monopolio de la lucha contra la pobreza’

Alex Vernot, candidato del Movimiento Ciudadano Pueblo, Tierra y Futuro. / Foto: Mauricio Moreno.

Alex Vernot, candidato del Movimiento Ciudadano Pueblo, Tierra y Futuro

¿Por qué resolvió meterse a esta aventura electoral?

Porque estoy seguro de que los políticos profesionales y los partidos políticos no van a sacar ni a Bogotá ni a Colombia del caos y del hueco en los que estamos. (Lea también: Alex Vernot)

¿Cuál es su propuesta estrella?

Mi primera bandera es el cambio climático. En 20 años va a haber escasez de agua en Bogotá. A usted puede que lo atraquen en una calle de Bogotá, pero el día en que no haya agua lo van es a matar. Creíamos que el cambio climático iba a empezar a ser crítico en 100 años y resulta que es ya. Si nos ponemos a esperar a que Petro, Santos o Germán Vargas o cualquiera de estos tipos haga algo, no va a pasar nada. Pero necesitamos generar riqueza, porque, si no, ¿cómo vamos a resolver los millones de problemas que hay? La oportunidad es doble. A Bogotá y a Colombia les están ofreciendo una cantidad de inversión que tenemos que aprovechar. La pregunta es por qué somos tan ineptos y tan inconscientes.

Gustavo Petro quiso liderar el tema climático, pero no hizo absolutamente nada, por ejemplo, por descontaminar el río Bogotá. ¡Dijo que ese problema no era del Distrito, sino de los estrados judiciales! ¿Qué tal esa disculpa a dos meses de terminar su administración?

¿Qué tal esa? Cuando lo citó el Consejo de Estado para ver qué había hecho sobre la aplicación de su sentencia, dio unas explicaciones como si el alcalde no fuera él. Habla como si estuviera en el primer día de su gobierno, diciendo que lo que hay que hacer en Bogotá es tal cosa... Él planteó el tema, que además está en la Declaración de las Naciones Unidas del 2012 sobre la Gobernanza del Agua, pero en la práctica no pasó nada. Al contrario, todo se deterioró.

¿Vale la pena todo este esfuerzo suyo para registrar 3 por ciento en las encuestas?

Yo ya gané. Porque hablé de los temas de los que nadie había hablado. Por ejemplo, cuando los demás candidatos han mencionado el tema de seguridad, nadie toca el tema de la corrupción en la Policía, en la justicia, en el Gobierno, en la empresa privada. En todos lados le piden a uno plata. Entonces, ¿cómo es que hablan de seguridad? ¿La Policía está metida con los jíbaros, con los ‘ganchos’, con toda esa gente del ‘Bronx’ que produce 165.000 millones al año, y queda a una cuadra de la Estación Sexta de Policía? El contubernio que hay es un horror. La gente tiene miedo de reconocer que el territorio es de los bandidos. (Vea aquí: Candidato Álex Vernot se sentará a negociar con los delincuentes)

Si no es usted el alcalde, ¿quién debe ser?

Clara o Pardo, inclusive Peñalosa –que va para abajo– o Pacho serían muy buenos alcaldes. Los he terminado conociendo en esta campaña y me parecen excelentes personas todos.

Finalmente, usted ha sido un gran amigo de Petro toda la vida. ¿Qué los distanció?

Tengo el hábito de que cuando mis amigos llegan al poder, y han sido varios, yo me alejo. El poder daña a las personas. Se creen como dioses. Eso es casi que incompatible con la amistad.

Pensé que Petro estaría apoyando a su amigo...

A veces me chateo con Petro; cuando veo que son temas gruesos de ciudad, se los comento, pero no más. Desde el poder el diálogo se vuelve imposible. Pero el tema Petro es de fondo.

¿Cómo así?

Esto está tan caótico que en cuatro años, si no lo inhabilitan judicialmente o intentan meterlo preso –con lo que le harían un favor–, en tres años la contienda electoral será entre Petro y Germán Vargas y cualquier otro del Partido Conservador. Y pregunto: ¿quién va a ganar? Pues yo digo que Petro. Mi tesis es que le tenemos que arrebatar a Petro el monopolio de la lucha contra la pobreza. Porque, so pretexto de eso, no la resuelven sino la incrementan. Y nosotros, los que no somos como ellos, terminamos mirándolos y no hacemos nada. Aquí hay un drama humano terrible; esto está lleno de mafias, de hampones y de corruptos. Nos tenemos que meter y quitarle a la izquierda ese monopolio. Esa es la pelea que estoy dando, y pienso que la gané porque los obligué a debatir. Quedaron ideas gruesas, que en privado mis contendores me han reconocido, al punto de que varios me pidieron que me les uniera, pero yo les dije que no.

¿Este es el comienzo de un Alex Vernot en política activa?

Sí. Estoy creando mi movimiento, se llama Pueblo, Tierra y Futuro. Es contra el consumismo, el materialismo y ese modelo, digamos, un poco gringo de la vida. Y lo hago con toda la intención de quitarle a la izquierda el tema popular y el monopolio de la lucha contra la pobreza, la protección de la tierra, del agua, y el tema de los indígenas. Esa es mi intención y, hasta donde me alcance el aliento, seguiré en eso.

‘Decidí salir a este debate porque me siento mal gobernado como ciudadano’

Daniel Raisbeck, candidato por el Movimiento Libertario. / Foto: Juan Diego Buitrago.

Daniel Raisbeck, candidato por el Movimiento Libertario.

Usted se presenta como el candidato del Movimiento Libertario. ¿Qué es eso?

Ser libertario significa que uno defiende las libertades. Es ser liberal clásico, es el viejo liberalismo. Lo que pasa es que los liberales, en Colombia y en otros países en el siglo XX, se volvieron mucho más socialdemócratas o de centro izquierda. Pero el liberalismo clásico son las ideas de Adam Smith, de Locke; en el siglo XIX, de economistas como Bastiat; en el siglo XX, como Hayek. (Lea también: Las propuestas de Daniel Raisbeck, el candidato libertario)

Entonces, ¿por qué llamarse libertario y no liberal?

Es cierto que de pronto toca cambiar la palabra, porque aquí en Colombia cuando uno habla de liberal, la gente piensa en Horacio Serpa o en Ernesto Samper, o algo así, y eso definitivamente no es.

En la práctica, ¿qué significa ser libertario, en materia económica?

Básicamente, asumir que las personas toman mejores decisiones con su plata que los políticos. Hay que crear menos impuestos para que la gente tenga más plata para invertir, ahorrar, crear empresas y empleos. Es una forma mucho más eficiente de manejar una economía que la de entregarles todo a los políticos para que lo malgasten en corrupción, robos y todo lo que vemos que ocurre a diario en Colombia. Defendemos también las libertades civiles y personales, como, por ejemplo, que sea el individuo el que decida si consume alguna sustancia o no. El Estado no tiene por qué interferir tampoco en que dos personas del mismo sexo puedan casarse, o en que la mujer pueda abortar. Los individuos deben ser libres de tomar esas decisiones, asumiendo las consecuencias.

¿Libertario es lo mismo que anarquista?

No. Los individuos somos libres, pero la libertad tiene un límite, y ese límite es la libertad de otra persona. Yo soy libre, pero no soy libre para agredir a los demás. No soy libre para quitarle la propiedad a alguien. Esos son los límites de la libertad.

¿Cuál debe ser el papel del Estado?

Defender esas libertades. El problema es cuando el Estado se inmiscuye económicamente y en las vidas de las personas, y empieza a socavar esas libertades.

¿Usted defiende el capitalismo salvaje?

Es que no sé qué es eso.

Cuando el Estado no interviene en las actividades económicas de los particulares para corregir las desigualdades.

Debe haber unas reglas básicas y una intervención mínima. El problema es cuando el Estado, como en Colombia, empieza a escoger ganadores y perdedores. Por ejemplo, a los azucareros, con los aranceles, los están protegiendo de la competencia, cuando precisamente esta beneficia sobre todo al consumidor. Uber es otro ejemplo. (Lea aquí: Daniel Raisbeck, el candidato que apoya el funcionamiento de Uber)

¿Hay que defender a Uber?

Claro. Uber es una tecnología que le permite a la gente escoger un medio seguro, sin ‘paseo millonario’, sin que le pregunten para dónde va, a ver si lo llevan. Pero, como esa tecnología permite la libertad de mercado, amenaza al gremio tradicional de los taxistas y, sobre todo, a los grandes propietarios de taxis; entonces ellos recurren a sus amigos en la política para tratar de prohibir la competencia. Eso es a lo que nos oponemos.

Usted era profesor en el Rosario. ¿Por qué decide retirarse a la política?

Porque me siento mal gobernado como ciudadano. También siento que mis ideas no están representadas en la política colombiana.

¿Cuál diría que es su propuesta estrella?

Propongo descentralizar completamente el sistema de educación pública. Educar a un niño en el Distrito al año cuesta 4 millones de pesos. Esa educación es mala en la mayoría de los casos; entonces, proponemos fijar un bono escolar de 4 millones de pesos, que le entregaremos al padre o a la madre para que escojan el colegio privado de su preferencia. Ellos conocen mucho mejor las necesidades de su niño que el secretario de Educación o el alcalde Petro.

¿Y confiar en que todos los padres van a invertir esos 4 millones en la educación de sus hijos?

No es darles los 4 millones de pesos en efectivo, sino es un bono que solamente se puede redimir en el colegio que escojan. Ahí sí la Secretaría de Educación puede tener una lista de colegios aprobados, y que estén mejorando todos los años en las pruebas Saber 11.

Si no gana las elecciones a la Alcaldía de Bogotá, ¿seguiría en la política?

Seguiré con el movimiento, porque hemos recibido mucho apoyo en redes sociales, sobre todo de jóvenes; y más allá de Bogotá: en otras ciudades como Barranquilla, Medellín, Bucaramanga. También tengo una oferta en periodismo en un medio internacional, entonces posiblemente seré colega de ustedes.

¿Le importa tener prácticamente el 0% en las encuestas?

No. Con nuestra presencia en la campaña hemos demostrado que la democracia sí se enriquece cuando hay opciones diferentes, propuestas distintas y temas que los políticos tradicionales no tocan.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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