El restaurante de moda en Bogotá queda al lado de una plaza de mercado

El restaurante de moda en Bogotá queda al lado de una plaza de mercado

No está en la zona 'G' ni 'T', su dueño no estudió cocina, pero su comida es sencilla y honesta.

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17 de octubre 2015 , 09:29 p.m.

Su montaje no costó cientos de millones de pesos. La decoración no es obra de ningún diseñador de interiores afamado. Los muebles no fueron traídos de Tailandia. No queda en la ‘G’, en la ‘T’ ni en ese rinconcito tan fashion en que se ha convertido el patio interior de la esquina de la calle 90 con la 11. Su chef no estudió en Italia o en Francia. Es más, ni siquiera estudió cocina. Pero, no obstante todo lo anterior, el sitio del que vamos a hablarles hoy se ha convertido en uno de los fenómenos de la restauración en Bogotá. Y al punto de que podríamos afirmar, sin temor a parecer exagerados, que es el restaurante de moda en la ciudad. Todo el mundo medianamente enterado de la movida gastronómica habla de este lugar o quiere ir a conocerlo. (Lea también: Toshiro Konishi, otra leyenda que abre restaurante en Colombia)

Su nombre es la Trattoria de la Plaza. Pero no es un restaurante italiano, como podría pensarse a primera vista. Es un restaurante de comida mediterránea, porque en su carta se funden platos italianos, franceses y españoles. Pero lo ‘de la Plaza’ sí es absolutamente exacto, pues queda en el costado sur de la plaza de mercado del Siete de Agosto. Sí, leyó bien: el restaurante de moda en Bogotá queda junto a una plaza de mercado y en medio de decenas de locales dedicados a la venta de autopartes.

Antes era un billar, y por fuera el sitio no pinta nada. Se accede por unas empinadas escaleras que tampoco entusiasman mucho, pero por dentro tiene un ambiente cálido que sumado a su buena cocina –de comida simple, pero buena, rica– hace que quien entra se vaya enamorando lentamente y pierda la noción del tiempo con mucha, mucha facilidad.

El éxito de este lugar es de tal magnitud que connotados chefs y reconocidos empresarios del mundo de los restaurantes van a almorzar allí (solo atienden al mediodía). Y vale la pena anotar que para poder comer en este lugar hay que reservar, o resignarse a aguantarse una larga cola de espera. Hay días en que el servicio puede prolongarse fácilmente hasta las 6 de la tarde. (Vea aquí: El Caracol Azul, con su comida de mar en Bogotá)

El hombre detrás de la Trattoria de la Plaza se llama André Tarditti, un administrador de empresas de la Universidad de los Andes que, tras una quiebra, en el 2012 empezó un modesto negocio de catering. Un empredimiento que en agosto del 2013 se transformó en un pequeño restaurante de solo cuatro mesas, porque en el antiguo club de billar sobraba el espacio y Tarditti le veía potencial al barrio.

Hoy, su éxito es impresionante. Él se lo atribuye a la comida, a su calidad, a la buena relación calidad-precio de los platos que ofrece, al ambiente del lugar y al boca a boca. “Un día esto reventó, y desde entonces no paramos”, confiesa, sin disimular que aún no termina de entender muy bien qué fue exactamente lo que sucedió.

Tarditti cocina por instinto, o, más bien, por herencia. Lo heredó de casa, y ahí lo vio; lo vivió, lo amó y lo aprendió. De su papá italiano, razón por la cual estudió en el Leonardo Da Vinci, y de su mamá brasileña. Pero algo de genética también hay, porque en su árbol genealógico hay un abuelo pastelero.

“Hago los platos que me gustan y que sé que preparo bien, esa es mi propuesta. No es nada más que eso”, dice con increíble honestidad y sencillez.

Y ahora que es famoso, le llueven las propuestas. Pero él dice que no piensa cambiarse de lugar. Y argumenta: “Primero, porque si tengo que pagar un arriendo de 40 millones de pesos, lo que va a sufrir es mi comida y mis comensales, y eso no tiene ningún sentido para mí. Y, segundo, porque el Siete de Agosto es un barrio increíble: de gente trabajadora, solidaria, comprometida y genial. No pienso irme de aquí. No quiero entrar en ese micromundo de la gastronomía clásica en Bogotá. No quiero eso. Lo que me interesa es la calidad de la comida y poder innovar. Y el Siete de Agosto me permite hacer eso”.

Una parte importante del éxito de este lugar es su carta de vinos. Una pequeña gran selección. Detrás de esto está el sommelier Juan Manuel García, quien puede sorprender a los comensales con propuestas realmente elevadas –Juan Manuel sabe mucho–, y no necesariamente en precio, porque hay vino por copeo desde los 8.000 pesos, y botellas desde los 40.000. (Lea: El otro chef colombiano de Los 50 Mejores Restaurantes de A.Latina)

Democratización de la buena mesa, han dicho algunos, recuerda Tarditti. Tal vez sea más simple: es volver a la esencia de lo que debe ser un buen restaurante: ofrecer buena comida. El resto son ‘lujos’, como diría un engallador de carros del Siete de Agosto.

Datos clave

Dónde: calle 66 n.° 22-45

Horarios: solo almuerzos

Clave: hay que reservar

Teléfono: 315 847-8478

Parqueadero: al frente

Precio plato: $ 25.000

El chef recomienda:

El pulpo parrilla sobre puré de papa criolla con chorizo y el ‘magret’ de pato con reducción de malbec sobre ‘risotto’ de ‘funghi porcini’.

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de Domingo
Twitter: @vicvar2

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