'No más mentiras, señor Netanyahu'

'No más mentiras, señor Netanyahu'

Embajador de Palestina en Colombia habla sobre la nueva ola de violencia producida en la región.

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17 de octubre 2015 , 08:58 p.m.

El Gobierno de Israel sigue intentando darle una base religiosa a un conflicto que tiene otra naturaleza, es un conflicto de ocupación. Netanyahu aún fantasea con amenazas existenciales y terrorismo, cuando los principales terroristas son los ocupantes y sus colonos fundamentalistas.

Lo que no pudo Netanyahu lograr en las negociaciones lo está intentando con la fuerza. Lo que no pudo conseguir con la legislación y las medidas racistas trata de ponerlo en práctica fomentando el miedo y la maquinaria del terror, legitimando sobre el terreno la matanza de jóvenes, niños y niñas en camino a la escuela, con el pretexto de los apuñalamientos. La retórica de los apuñalamientos justamente se ha convertido en una mala broma, tanto que las falsas alarmas de apuñalamientos llegaron en Israel a veinticinco mil en un solo día.

¿Acaso el niño Abu Khudair apuñaló a alguien cuando se lo llevaron las pandillas de colonos que se nutren del mismo ideal del gobierno y se alimentan de la cultura del odio, quemándolo vivo después de torturarlo?

¿Acaso los niños de la familia Dawabsheh apuñalaron a alguien cuando las pandillas de terroristas judíos irrumpieron en su casa y los incineraron mientras dormían?

¿Acaso la niña Rahaf y su madre estaban apuñalando a alguien cuando el bombardero israelí demolió su casa hace unos días en Gaza?

¿Acaso Moataz Zawahra y los treinta palestinos niños y jóvenes que se encontraban protestando contra las represalias israelíes trataron de llevar a cabo un apuñalamiento cuando las balas de francotiradores israelíes les quitaron la vida?

Relatos de testigos, uno de ellos israelí, exponen que el asesinato del joven Ahmed Shaaban fue producto del odio judío, ya que la víctima era un transeúnte que no llevaba un cuchillo.

De la misma forma, una periodista palestina que acompañó a colegas holandeses a la ciudad antigua de Hebrón fue atacada por una colona judía que la quiso matar al saber que era palestina. Cuando llegaron los soldados les pidió que le dispararan porque la habían intentado apuñalar. Solo la presencia de las cámaras de los periodistas holandeses impidieron su muerte.

Netanyahu ha sido claro en afirmar con permisividad e impunidad que todo israelí puede matar a cualquier palestino. Adicionalmente, bajo la lógica de un castigo colectivo, a los familiares de los jóvenes palestinos muertos acusados de apuñalamiento les derriban su casa, les confiscan sus propiedades y les quitan su derecho a residir en su ciudad, leyes que no se aplican a los agresores israelíes que andan libres.

El comportamiento de Israel muestra que hemos llegado al final del juego del engaño. Hemos reconocido el derecho de Israel a existir en nuestra tierra por anticipado, a cambio de un reconocimiento, que no llega, de nuestro derecho a establecer un Estado en lo que queda de nuestra tierra, solo para descubrir después de una larga travesía en los corredores de unas negociaciones sin fin que no hay fechas sagradas y que las negociaciones no eran más que una cortina de humo para que los colonos completen su robo de nuestra tierra.

“No vamos a seguir siendo rehenes de unos acuerdos que no están siendo respetados por Israel, vamos a seguir nuestro camino para adherirnos a organizaciones y tratados internacionales, y presentar los casos de crímenes de guerra y crímenes en contra de humanidad que comete Israel a la CPI. Vamos a seguir nuestra lucha popular y pacífica hasta que se largue la ocupación. La situación actual no puede seguir para siempre, ningún pueblo puede aguantar 47 años de ocupación, represión, privación de la libertad, matanzas, violación de los derechos humanos básicos; esto no puede seguir para siempre, nuestro pueblo, nuestros lugares santos necesitan y reclaman una protección internacional”, dijo el Presidente palestino.

Seguirá una nueva generación de palestinos enfrentándose a la arrogancia del poderío militar, con la fuerza de voluntad, con el deseo de ser libres por fin, con el no miedo a perder nada ya que nada tienen. Seguirán defendiendo su derecho a ser hombres y mujeres libres, con las pestañas de sus ojos, con el dolor de su sufrimiento y la sangre de sus heridas hasta que el bien prevalezca sobre el mal, la liberación sobre la ocupación y los olivos sobre la colonización.

RAUF AL MALKI |

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