La decisión de Antanas / Voy y vuelvo

La decisión de Antanas / Voy y vuelvo

Mockus tuvo los mismos motivos para adherirse a Peñalosa que los de Á. Robledo para sumarse a López.

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17 de octubre 2015 , 06:04 p.m.

“Cuando cuesta trabajo explicarle una tesis a un colega de universidad, uno no puede imaginarse lo difícil que puede resultar explicársela a seis millones de habitantes”. La frase es de Antanas Mockus. La pronunció siendo alcalde, en su segundo período, cuando intentaba hacerle entender a la gente que no era lo mismo la armonía entre la ley, la moral y la cultura que la integración entre ley, moral y cultura.

Pero traje la frase a cuento a propósito del hecho político de la semana: el anuncio de Antanas Mockus de respaldar la candidatura a la alcaldía de Enrique Peñalosa. Para muchos, inesperada, injusta y contraria a su manera de ver la política. Para otros, afortunada, necesaria y muy de su estilo de anteponer el bien común por encima de odios y rencillas.

¿Por qué causó tanta hilaridad la actitud asumida por Mockus? Por muchas razones. El exalcalde rompió paradigmas, cambió la manera de ver la política en la ciudad y en el país; es el referente obligado de la moralidad, la pedagogía social, la forma de concebirnos como individuos y como sociedad. Como lo expresa Francisco Santos en una entrevista hoy en este mismo diario: Mockus es el referente del político moderno de parte del siglo XX y lo que va del XXI.

En las últimas dos décadas, no ha habido elección en la que no sea un protagonista de primer orden. Porque con su estilo –entre etéreo y reflexivo– logra construir mensajes que el ciudadano del común asimila con facilidad. Y lanza frases que pueden no compartirse, pero que invitan a meditaciones profundas. O toma decisiones inesperadas que pueden polarizar y hasta herir, pero siempre con el saldo pedagógico al final.

Y es esto último lo que parecieran no haber entendido los que se hacen llamar mockusianos o visionarios, el movimiento que se creó para defender los ideales del exmandatario, su pensamiento, sus dogmas sobre cultura ciudadana, el derecho a la vida, la educación o la protección de los recursos públicos. Saltaron en cólera cuando se enteraron de la cita en Nueva York entre los dos barbudos, se mofaron de él.

Uno esperaría tal actitud de políticos tradicionales que nunca pudieron transar con Mockus cuando fue alcalde o de los rivales de Peñalosa, que no soportan la idea de que ambos, considerados los transformadores de la ciudad en su momento, estén hoy juntos. Pero que provenga de figuras que han bebido de las aguas y las enseñanzas de Mockus confunde.

En efecto, se trata de hombres y mujeres importantes que lo han acompañado o lo acompañaron –no se sabe qué pase en adelante– en sus aventuras políticas; los mismos que se declaran tan incondicionales de él como incapaces de aceptar sus decisiones. Tal actitud me hace recordar otra máxima del exalcalde, al parecer olvidada por varios de sus copartidarios: “Los conflictos colombianos están gobernados por la lógica del pierde-pierde, o sea, concursemos a ver quién le hace más daño al otro”. Que cae como anillo al dedo para todas las campañas que hoy se desarrollan en Bogotá: decididas a hacerse el mayor daño posible y, de paso, llevarse por delante el prestigio de Mockus.

Yo pregunto: ¿no repetimos hasta la saciedad que a la hora de elegir un candidato lo mejor es conocer bien su programa y votar por el mejor? Pues, a juzgar por sus declaraciones, eso fue exactamente lo que hizo Mockus: comparó y decidió. ¿Qué parte de esto no se entiende? La señora Ángela María Robledo, imagino, hizo lo propio cuando optó por apoyar a Clara López. O idéntico ejercicio practicaron Claudia López, Carlos Vicente de Roux y Paul Bromberg, cuando consideraron que la mejor opción era Pardo. Nadie salió a rasgarse las vestiduras por ello.

Ahora resulta que todos lo hicieron bien, menos Mockus. Que fue una decisión ‘cómica’, afirmaron; que Peñalosa no es el símbolo de la cultura ciudadana, agregaron, y cosas por el estilo. Ningún argumento de fondo, excepto que haya habido algo más que aún no sepamos.

“Queremos mandar un mensaje de reconciliación... Superar las desavenencias del pasado”, fue lo que dijo Antanas al anunciar su respaldo. Y se puede estar de acuerdo con ello o no, pero salir a condenarlo públicamente es ir en contravía de lo que el propio Mockus ha intentado enseñarle a la sociedad desde hace 20 años: aprender a confiar, que es, entre otras, una virtud que personas como Héctor Riveros –hoy asesor de Pardo– le han reconocido al exalcalde. Confiar en quienes aspiran a gobernarnos.

Volviendo a la frase con que se inicia esta columna, si para Mockus es difícil explicarle algo a un colega, mucho más difícil resultó que lo entendieran sus excompañeros de trabajo, los mismos que seguramente le oyeron repetir hasta el cansancio que “la sociedad tiene una necesidad enorme de ser consecuente”.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
@ernestocortes28

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